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Je m’appelle Agneta en Netflix: solo la ve quien no la recuerda

Liv Altman

A los 49 años, Agneta se ha convertido en infraestructura doméstica. Sus hijos adultos solo llaman cuando hay una factura que pagar. Su marido ha archivado el matrimonio en una carpeta etiquetada como «asunto resuelto» y vuelca su atención en los baños de hielo y una bicicleta de gravel de cinco mil euros. La oficina de tráfico donde trabaja es una silla que ocupa.

Un anuncio de prensa la envía a la Provenza para trabajar como au pair de un niño sueco. El niño no es un niño. Einar es un anciano francés de origen sueco, lúcido a ratos y cada vez más ausente dentro de su propia cabeza, atendido por personal doméstico en un monasterio de piedra medio vacío. El malentendido es el chiste. También es la arquitectura de cada escena que viene después.

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El verdadero asunto de Je m’appelle Agneta es la simetría que el malentendido pone de manifiesto. Agneta es socialmente invisible: una mujer sueca de cierta edad a la que su entorno más cercano ha convertido en infraestructura sin nombre. Einar es neurológicamente invisible: un hombre al que la demencia está borrando en tiempo real lo que la edad y la indiferencia hicieron lentamente con ella. La película sostiene, con delicadeza pero sin disculparse, que la única persona capaz de mirar a Agneta de verdad podría ser un hombre cuyo recuerdo de haberla mirado no puede durar. Y la única capaz de sentarse junto a Einar sin la lástima azorada que lo rodea en su propia familia podría ser una mujer que lleva dos décadas siendo el papel pintado en casa ajena.

Johanna Runevad firma la dirección a partir de un guion que coescribe con Emma Hamberg —autora de la novela de 2021 que vendió más de doscientos mil ejemplares en Suecia y se convirtió en uno de esos fenómenos editoriales que de verdad pertenecen a sus lectoras— e Isabel Nylund. La decisión de casting clave es Eva Melander. Quien la conozca por Border (Ali Abbasi, 2018) reconocerá un peso dramático específico en los gestos más pequeños: la manera de sostener un teléfono, la forma de observar cómo su marido ha dejado de mirarla, el modo de registrar el momento exacto en que Einar abandona la habitación sin haberse movido. No está calentando la comedia: la está sosteniendo. Claes Månsson interpreta a Einar con la misma contención, alternando lucidez y ausencia sin enfatizar ninguna. Runevad rueda la Provenza como seducción y trampa a la vez: el sol es real, los quesos son reales, las danzas son reales, y también lo es la lenta constatación de que ninguna huida geográfica va a reparar lo que se rompió en casa.

Suecia tiene su propio microgénero editorial de mujeres que huyen a Francia —de Karin Brunk Holmqvist a Marianne Cedervall, una tradición más antigua que la fantasía británica sobre la Provenza— y la película lo sabe. La novela de Hamberg sostuvo a sus lectoras en parte porque se negó a fingir que unas vacaciones podían deshacer dos décadas de funcionalidad. La película hereda esa negativa. Bajo la comedia hay material más duro: la demencia, y la asimetría de las relaciones que la demencia produce. Suecia descarga el cuidado informal de la demencia desproporcionadamente sobre mujeres entre los 45 y los 65 años, a menudo justo en el momento en que sus hijos se marchan y el matrimonio se vuelve administrativo. Je m’appelle Agneta encaja a una de sus protagonistas en ese contexto sin pronunciar el discurso: lo dramatiza. El cine sueco sobre la vejez ha tendido a mantener masculinos a sus protagonistas mayores —Un hombre llamado Ove, el drama sobre demencia A Song for Martin (Bo Widerberg, 2001), la también adaptación literaria El abuelo que saltó por la ventana y se largó— y la película corrige ese sesgo sin señalar la corrección.

Je m’appelle Agneta
Je m’apelle Agneta. (L to R) Eva Melander as Agneta, Jérémie Covillault as Fabien in Je m’apelle Agneta. Cr. Courtesy of Netflix © 2024

Nada en la amistad entre Agneta y Einar puede devolverles lo que ya han perdido. Ni los años que ella pasó siendo eficiente en lugar de ser mirada. Ni el recuerdo que él va perdiendo lentamente de la mujer que en este momento le hace reír en una cocina provenzal. La película no finge lo contrario. Las escenas finales no prometen que la amistad continúe bajo ninguna forma que Einar pueda sostener. Solo insisten en que, durante el tiempo que dura la película, ambos son visibles para el otro —que es, en el mundo que la película dibuja, exactamente lo único que el mundo no les estaba dando.

Je m’appelle Agneta se estrena en Netflix el 29 de abril de 2026. Dirigida por Johanna Runevad, escrita por Emma Hamberg, Isabel Nylund y la propia Runevad, adapta la novela homónima de Hamberg publicada en 2021. Protagonizan Eva Melander como Agneta y Claes Månsson como Einar, junto a Jérémie Covillault, Anne-Marie Ponsot y Björn Kjellman. Producida por Mia Uddgren y Anna Sofia Mörck para SF Studios. Hablada en sueco con escenas en francés.

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