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Joker: Folie à Deux, un brillante ejercicio de autosabotaje a dos voces

Martha O'Hara

«Joker: Folie à Deux» es una de las secuelas más extrañas que un gran estudio haya financiado jamás: un musical de juicio injertado en el cuerpo de un estudio de personaje que recaudó mil millones de dólares, dirigido por Todd Phillips y protagonizado por Joaquin Phoenix y Lady Gaga, con Brendan Gleeson, Catherine Keener, Zazie Beetz y Harry Lawtey. Es una película que parece diseñada para decepcionar a quienes amaron la primera, y lo hace a conciencia.

Donde la original era un descenso cerrado y asfixiante disfrazado de película de cómic, esta responde a una pregunta sencilla con otra deliberadamente incómoda. El primer film preguntaba cómo fabrica una sociedad a sus monstruos; la secuela pregunta qué hacemos una vez que el monstruo existe, y si el hombre que había debajo fue alguna vez real. Phillips toma al villano más rentable de la cultura popular y se niega, de nuevo, a darle al público el espectáculo que vino a buscar. Esta vez la negativa va acompañada de música.

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La trama

Es el juicio del siglo. Arthur Fleck espera sentencia por los asesinatos con que cerraba la película anterior, recluido en el Hospital Estatal de Arkham mientras la ciudad lo trata como a un santo, un símbolo y una excusa para su propia anarquía. Entre esos muros conoce a Lee —Harleen Quinzel, otra paciente que llega ya enamorada no de Arthur, sino del Joker, la máscara que la multitud ha construido a su alrededor. Su folie à deux, el delirio compartido que da título al film, se convierte en el motor de todo lo que sigue: dos personas cantándose a través del abismo que separa quiénes son de quiénes necesitan que el otro sea.

Joker: Folie à Deux
Joker: Folie à Deux

La apuesta musical

Los números no son piezas de Broadway; son meteorología interior. Cuando Arthur y Lee rompen a cantar viejos estándares del cancionero americano, la película nos muestra el único lugar donde ambos pueden ser felices: una fantasía sin salida. Es una idea genuinamente audaz, y también la decisión que dinamitó la relación del film con su público. La gente venía a ver al hombre que incendió una ciudad y se encontró con un alma frágil tarareando a solas en una celda. Phillips lo sabe. Toda la estructura está construida para arrebatar la catarsis de la que injustamente se acusó a la primera entrega.

Las interpretaciones

Joaquin Phoenix regresa al papel que le valió un Óscar en la primera entrega, y aquí está, si cabe, más triste y más pequeño: un cuerpo plegado en torno a su propia vergüenza, una risa que aún se escapa como una herida. Interpreta a Arthur como a un hombre al que poco a poco convencen de abandonarse a sí mismo, y la actuación es de una paciencia insoportable. Frente a él, Lady Gaga dota a Lee de una certeza callada y peligrosa; es la verdadera depredadora de la función, enamorada de una idea y dispuesta a descartar a la persona que no logra encarnarla. Como cantante es, por supuesto, extraordinaria, pero lo mejor que hace es contenerse, dejando que la amenaza repose bajo la melodía.

La factura técnica

Técnicamente la película es impecable. El encuadre es preciso, la paleta oscila entre los grises magullados de Arkham y la irrealidad saturada de las secuencias musicales, y la sala del tribunal está puesta en escena como un teatro porque, en efecto, lo es. Si hay un defecto en el guion, es cuánto se apoya en la primera película, resumiéndose y citándose hasta que la secuela corre el riesgo de convertirse en un comentario sobre su predecesora en lugar de en una obra propia. Pero el control que despliega es total, y la desolación está ganada, no está de moda.

Esta es la tesis cruel y genuinamente interesante del film: el personaje sobrevive a la persona. La multitud, los medios, el tribunal y los fans necesitan al Joker, y solo lo conservarán mientras actúe. En el instante en que Arthur intenta salir de detrás de la máscara y ser sencillamente un hombre, todos —dentro de la historia y, significativamente, fuera de ella— le dan la espalda. «Joker: Folie à Deux» es, al final, una película sobre la imposibilidad de ser visto, disfrazada del antiblockbuster más caro imaginable.

Nuestra opinión

«Joker: Folie à Deux» se propone aniquilar toda esperanza y cualquier posibilidad de redención degradando a su protagonista hasta el final, y lo consigue: brillantemente, y a un coste real para sí misma. Es técnicamente soberbia, interpretada sin miedo y honesta sobre lo que hace, además de asfixiante, punitiva y, por diseño, casi imposible de amar. No es una falta de valentía; es una película que sabía exactamente lo poco bienvenida que sería y se hizo de todos modos. Admirable y agotadora a partes iguales, es tan brillante como oscuramente trágica.

Dirección

Todd Phillips

Todd Phillips

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