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Masquerade: engaños sin chispa

Pilar Lachén

La cámara se desliza sobre el Mediterráneo al amanecer, capturando la luz dorada que baña la Costa Azul. Es una imagen de postales, pero en Masquerade, Nicolas Bedos la usa para algo más: un recordatorio constante de las falsas apariencias. Adrien (Pierre Niney), bailarín fracasado tras un accidente de motocicleta, y Margot (Marine Vacth), estafadora profesional, tejen su red de engaños entre estos paisajes idílicos. El director, conocido por su estilo conversacional en películas como La Belle Époque, opta aquí por una estructura laberíntica que, aunque ambiciosa, se desinfla en los detalles.

Bedos intenta emular el tono de clásicos del cine francés como Dirty Rotten Scoundrels (1988), pero las comparaciones son crueles: donde aquel tenía ritmo y diálogos afilados, aquí hay escenas que se arrastran. La película, presentada fuera de competencia en Cannes 2022, no logra mantener la tensión narrativa necesaria para una comedia de engaños. El guion, también escrito por Bedos, es su mayor talón de Aquiles. Intenta equilibrar el drama personal de Adrien con la intriga criminal de Margot, pero termina siendo un pastiche de géneros sin identidad clara.

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El núcleo del film es un juego de espejos: Adrien y Margot fingirán ser ricos para estafar a otros ricos. Bedos aprovecha el escenario —Nice, Cannes— para saturar la pantalla con lujos y máscaras literales (una fiesta de disfraces es clave). La elección visual funciona en teoría, pero falla en ejecución: los planos amplios, aunque fotogénicos, carecen de energía narrativa. La cámara se detiene demasiado en el fondo, perdiendo el momento crucial entre Niney y Vacth, cuya química es fría a pesar del subtexto romántico.

La dirección de Bedos muestra momentos de brillantez técnica. Por ejemplo, la secuencia inicial del accidente de Adrien está filmada con una tensión palpable, utilizando primeros planos y sonidos ambientales para sumergir al espectador en el caos. Sin embargo, esta atención al detalle se pierde en los diálogos, que a menudo resultan pretenciosos o redundantes. Una escena destacable es el encuentro entre Adrien y Margot en un bar elegante; aquí, la dirección de actores funciona bien, pero el diálogo se siente forzado, como si Bedos estuviera más preocupado por demostrar su dominio del lenguaje que por hacer avanzar la trama.

El reparto es una mezcla de talentos consagrados y estrellas emergentes. Pierre Niney, conocido por Youth (2015), intenta dar profundidad a Adrien, pero su arco —de víctima a manipulador— carece de matices. Marine Vacth, aunque seductora, nunca convence como maestra del engaño. El verdadero robo de escena es Isabelle Adjani como Martha Duval. Su presencia magnética y diálogos cortantes le dan al film un toque de tragedia griega que contrasta bien con la comedia ligera. François Cluzet, como el marido cornudo Simon Laurenti, aporta una capa adicional de complejidad emocional.

El tema central de Masquerade es la dualidad entre apariencia y realidad, un concepto que Bedos explora a través de los personajes y sus interacciones. Sin embargo, esta exploración se ve entorpecida por una narrativa desequilibrada. El segundo acto, en particular, sufre de un ritmo irregular, pasando de escenas de comedia ligera a momentos dramáticos sin transición clara. La película podría haber beneficiado de una edición más rigurosa para eliminar los momentos redundantes y mantener el enfoque en la intriga principal.

La banda sonora, compuesta por un colaborador habitual de Bedos, añade otro nivel de complejidad. Las melodías elegantes y los temas clásicos franceses refuerzan la atmósfera de lujo y decadencia, pero a veces compiten con los diálogos, distrayendo al espectador en lugar de sumergirlo más profundamente en la historia.

El tercer acto cae en clichés del género: traiciones, revelaciones melodramáticas, un final moralizante que contradice la premisa amoral. La película intenta ofrecer una crítica social sobre las desigualdades económicas y el poder corruptor del dinero, pero estos temas se diluyen en medio de una trama demasiado complicada para su propio bien.

Masquerade tiene ambición y estilo visual, pero se pierde en su propia trama. El film de Bedos podría haber sido una sátira mordaz sobre la clase alta francesa; en cambio, es un pastiche de géneros sin identidad clara. La película está dirigida a un público que disfruta del cine francés clásico y las comedias de engaños, pero incluso ese público puede encontrar Masquerade decepcionante debido a su falta de coherencia narrativa.

En comparación con otras películas presentadas en Cannes 2022, como Top Gun: Maverick, que logró equilibrar acción y emoción con una narrativa clara, Masquerade palidece.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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