Cine

Muere, Hart demuestra que la autoparodia de Kevin Hart brilla a ratos

La adaptación de Eric Appel (2023) reconvierte la serie de Quibi en una película irregular pero divertida.
Martha O'Hara
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La cámara se cierra en el rostro de Kevin Hart mientras salta desde un edificio en llamas, su expresión es una mezcla de terror y determinación. Es el tipo de imagen que Muere, Hart promete repetir una y otra vez: acción exagerada, humor autodespreciativo y cameos de estrellas consagradas. Detrás de este montaje de parodia de cine de acción, sin embargo, hay un problema de fondo: la película nunca decide si quiere ser una sátira afilada o un homenaje sincero a los clichés del género.

Eric Appel, director de la serie original de Quibi, adapta aquí su formato en dos largometrajes editados a partir de las temporadas 1 y 2. La premisa es simple: Kevin Hart interpreta una versión ficticia de sí mismo, un actor cómico obsesionado con convertirse en estrella de acción. Tras un escándalo en un talk show que arruina su carrera, se ve obligado a entrenar en un campamento dirigido por Ron Wilcox (John Travolta), un ex astro del cine de acción convertido en entrenador. Es la estructura típica de una comedia de transformación, con pruebas físicas y mentales, rivales, aliados inesperados —como Jordan King (Nathalie Emmanuel)— y un ego que hay que domar por el camino.

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Muere, Hart funciona mejor cuando abraza plenamente su tontería. La escena donde Hart intenta aprender a conducir mientras esquiva obstáculos es puro caos físico, con el actor exagerando cada golpe y tropiezo hasta convertirlo en gag visual. Travolta roba escenas con su presencia carismática, aunque su mentor gruñón no aporta nada nuevo al repertorio de papeles que ya ha interpretado antes. Emmanuel es el verdadero hallazgo del reparto: su Jordan King se mueve entre la camaradería y el sarcasmo con un timing impecable, y sostiene escenas enteras solo con la mirada.

El problema aparece cuando la película intenta equilibrar la parodia con secuencias de acción coreografiadas en serio. Hay una persecución en moto que parece sacada directamente de Misión Imposible, pero le falta el ritmo y la urgencia para justificar su presencia. ¿Es un homenaje irónico? ¿O Appel cree de verdad que estas escenas funcionan por sí solas, al margen del chiste? Esa duda no se resuelve nunca, y ahí está el problema real de la película: no sabemos desde dónde reírnos en cada momento.

La edición también sufre por la transición de formato. Los episodios, pensados para el consumo rápido de Quibi, se sienten fragmentados como película: subtramas que se resuelven demasiado rápido, personajes secundarios —como Josh Hartnett en un papel auto-paródico— que aparecen y desaparecen sin dejar huella. Jean Reno como el director europeo Claude Van De Velde añade un toque de excentricidad bienvenido, aunque su presencia funciona más como guiño a los fans del cine de los noventa que como pieza narrativa necesaria.

Donde la película podría haber brillado es en su retrato del mundo del espectáculo y las presiones sobre los actores para encajar en moldes específicos. Hay atisbos de esto cuando Hart discute con su mánager (Brandon Quinn) o choca con las expectativas de los estudios, pero son momentos de paso. En vez de profundizar en la crítica a la industria, Muere, Hart prefiere caer en el mismo pozo de autodesprecio que ya ha explotado Hart en otras comedias.

Incluso los aspectos más técnicos delatan esa indecisión de fondo. Los sets del campamento de entrenamiento citan de manera bastante literal a Rambo y a Rocky, y esa cita puede leerse como parodia o como reverencia según el plano; la película nunca elige, y esa ambigüedad, que en la mejor de las hipótesis podría ser una estrategia, aquí parece simplemente indecisión.

En el reparto, Hart demuestra de sobra su talento para la comedia física, pero su actuación carece del matiz necesario para elevar el material más allá del gag. Emmanuel y Travolta son los únicos que logran equilibrar humor y verosimilitud, aunque sus personajes están limitados por un guion que prioriza la acción sobre el desarrollo.

Muere, Hart no es lo bastante satírica para funcionar como comedia de verdad, ni lo bastante seria para sostenerse como cine de acción. Se queda a medio camino entre las dos cosas, sin decidirse nunca, y esa indecisión, más que cualquier chiste fallido, es lo que termina definiéndola.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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