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**Kevin Hart no salva a su generación en un desastre cómico sin foco**: veredicto negativo sobre la falta de coherencia narrativa y chistes olvidables.

Liv Altman
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Imagina a Kevin Hart, atrapado entre luces neón y copas de tequila baratas, mientras intenta seguir el ritmo de una generación que lo ve como un fósil. Así arranca 72 Hours (2026), dirigida por Tim Story, un intento de comedia generacional que promete caos pero entrega poco más que un collage de gags olvidables.

La película sigue a Joe Nixon (Hart), un ejecutivo publicitario de 40 años en crisis. Tras ser añadido accidentalmente al grupo de chat de una despedida de soltero en Miami, decide unirse para salvar su carrera y, quizá, reconectar con la juventud perdida. La premisa es sencilla: humor de choque cultural entre baby boomers y millennials. Pero el guion (escrito por Jon Hurwitz, Hayden Schlossberg, Kevin Burrows y Matt Mider) nunca logra elevarla más allá del nivel superficial.

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El mayor problema de 72 Hours es su estructura descuidada. La película avanza como una serie de sketches mal conectados, donde cada secuencia parece diseñada para un chiste único en lugar de construir una narrativa cohesionada. Por ejemplo, la escena en el club nocturno tiene momentos divertidos—como cuando Hart intenta bailar con los movimientos de 2026 y falla estrepitosamente—but it lacks any real payoff or momentum. Las transiciones entre las locuras son abruptas, como si el equipo creyera que la cantidad de caos compensaría la falta de calidad en las ideas.

Donde 72 Hours sí funciona es en el reparto. Kevin Hart entrega una actuación sólida, aunque limitada por un personaje escrito con tinta gruesa: Joe Nixon oscila entre lo entrañable y lo exasperante, pero nunca se siente real. Marcello Hernández y Mason Gooding, como los líderes de la despedida, roban algunas escenas con su química natural. Sin embargo, sus personajes—como muchos en este filme—están subdesarrollados, reducidos a arquetipos en lugar de seres humanos complejos.

La dirección de Tim Story es competente pero anodina. La cinematografía captura el exceso de Miami con planos fluidos y colores vibrantes, pero nunca aporta nada innovador. Donde la película sí destaca es en su banda sonora, que añade tensión y humor en los momentos clave y ironiza sobre el caos inminente con un ritmo pegajoso.

El intento del filme por incluir un núcleo emocional se siente forzado. Las escenas dramáticas—como la relación entre Joe y su hija o su desesperación por salvar su carrera—caen como un guante de plomo en medio del caos cómico. El guion intenta equilibrar el humor con momentos sentimentales, pero las transiciones son tan abruptas que resultan incómodas. Por ejemplo, una secuencia en la que Joe reflexiona sobre su vida adulta es interrumpida por una explosión de chistes escatológicos, creando un contraste que no funciona.

72 Hours intenta ser una mezcla entre The Hangover y Bad Trip, pero carece del mordiente social de la primera y de la crudeza absurda de la segunda. Donde esas películas usaban el humor para explorar temas como la amistad, la madurez o los límites sociales, 72 Hours se queda en la superficie. Los chistes sobre diferencias generacionales nunca van más allá del nivel básico—como cuando Joe no entiende un meme o intenta usar TikTok—, lo que limita el alcance de su crítica.

La película también falla en su intento por ser políticamente incorrecta. A diferencia de comedias como Bridesmaids o Superbad, que usaban el humor transgresor para explorar temas complejos, 72 Hours se queda en bromas fáciles sobre estereotipos generacionales y situaciones absurdas. El resultado es una película que intenta ser provocadora pero termina siendo predecible.

El público objetivo de 72 Hours parece claro: fans de Kevin Hart que buscan una comedia ligera sin pretensiones. Pero incluso ese público podría quedar decepcionado, ya que el filme no ofrece suficientes momentos memorables para justificar su duración. La sensación general es que la película tiene algunas ideas interesantes pero no logra mantener el ritmo necesario para ser verdaderamente divertida.

En definitiva, 72 Hours es una comedia predecible que apuesta por el humor fácil y las situaciones absurdas. No es mala, pero tampoco memorable. Su mayor logro es el elenco, que intenta sacar lo mejor de un guion desigual.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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