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Nymphomaniac. Volumen 1, la provocación de von Trier es más diálogo socrático que escándalo

Martha Lucas

El título promete un escándalo y luego, sin mover un músculo, te sienta en un seminario. Nymphomaniac. Volumen 1 es Lars von Trier en su versión más traviesa: una confesión sobre una vida entregada al deseo que no para de detenerse para hablar de pesca con mosca, números primos y Bach. Charlotte Gainsbourg pone la voz, Stacy Martin lo encarna en los flashbacks, y toda la provocación acaba resultando mucho más cerebral de lo que su cartel deja intuir.

El marco es puro von Trier. Un solterón libresco llamado Seligman, al que Stellan Skarsgård dota de una paciencia casi monacal, encuentra a una mujer apaleada e inconsciente en un callejón detrás de su piso. La recoge, prepara té y le pregunta cómo ha llegado hasta ahí. La respuesta es toda su biografía erótica, contada por capítulos, y cada vez que ella busca una metáfora él la corrige con una analogía propia: el tirón de una trucha, la sucesión de Fibonacci, las voces de un coral polifónico. El pecado sometido al interrogatorio de las humanidades.

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Una vida contada por capítulos

Stacy Martin, en un debut sin red, interpreta a Joe como una joven que asume el apetito como una vocación. La vemos descubrir su cuerpo de niña, montar un juego de seducción con una amiga entre los vagones de un tren y reunir un «pequeño rebaño» de amantes que raciona a golpe de dados. Von Trier lo organiza todo como los epígrafes de una novela y deja que las interrupciones de Seligman revienten la carga erótica a propósito. Justo cuando una escena amenaza con volverse excitante, aparece un diagrama en pantalla y la película vuelve a impartir clase.

Charlotte Gainsbourg en Nymphomaniac. Volumen 1
Nymphomaniac. Volumen 1

Esa tensión es el verdadero motor de la película. Visualmente estamos ante un von Trier más frío y despojado que el deslumbrante Anticristo o la operística Melancolía —cámara en mano, gris, casi clínico—, porque lo que quiere que te seduzca son las ideas, no las imágenes. Las pantallas partidas, las matemáticas rotuladas y los planos flemáticos de los aparejos de pesca de Skarsgård son chistes tanto como estructura, y no dejan de recordarte que es un hombre quien decide cómo se cuenta la historia de una mujer.

Las interpretaciones

Gainsbourg le da a la Joe madura una voz gastada hasta la grava y la culpa, y Martin está a su altura sin pedirnos nunca compasión. Pero el punto álgido de la película pertenece a una invitada. Uma Thurman aparece en una única escena como la señora H, una esposa que hace desfilar a sus tres hijos pequeños hasta el piso de su rival para mostrarles «la cama de la furcia» donde ahora duerme su padre. Es divertida, monstruosa e insoportable a partes iguales, todo un matrimonio abandonado comprimido en unos minutos, y es la mejor interpretación de los dos volúmenes. A su alrededor, el Seligman de Skarsgård se mantiene amable y genuinamente curioso, ese raro oyente masculino en una película de von Trier que no está ahí para castigar a nadie.

Stacy Martin en Nymphomaniac. Volumen 1
Nymphomaniac. Volumen 1

Más provocación que pornografía

Quien llegue buscando el shock se irá desconcertado. Pese a todo el ruido que la rodeó, la película es relativamente contenida; los insertos explícitos son breves y curiosamente poco eróticos, y a von Trier le interesa mucho más el deseo femenino como problema moral que como espectáculo. Es un estudio sensible, y a ratos genuinamente tierno, de una mujer que se niega a pedir perdón por lo que desea, y no deja de frotar la poesía contra lo abiertamente carnal a ver cuál de las dos parpadea primero. Si tiene un defecto, es que una película tan ansiosa por resultar peligrosa termina siendo un poco tímida; pero la provocación como cebo siempre ha formado parte del oficio del danés.

Conviene saber dónde encaja la cinta. Es el panel de cierre de la difusa «Trilogía de la depresión» de von Trier, después de Anticristo y Melancolía, y se dividió en dos volúmenes simplemente porque el conjunto se hacía demasiado largo; un montaje de unas cinco horas y media solo ha asomado en festivales. El Volumen 1 es la mitad más viva e ingeniosa —el aprendizaje de un apetito—, mientras que el ajuste de cuentas más oscuro se reserva para el Volumen 2.

Nuestra opinión

Con los años, Nymphomaniac. Volumen 1 se ve menos como una provocación y más como una caja de sorpresas: juguetona, intelectualmente voraz y sostenida por unas interpretaciones —el agotamiento de Gainsbourg, el aplomo de Martin, la furia de Thurman— muy superiores a la fama de morbo que arrastra la película. No es lo mejor que ha hecho von Trier, y a veces confunde una nota al pie con una emoción, pero es el más sólido de los dos volúmenes y una de las pocas películas dispuestas a defender que el deseo merece la misma seriedad que concedemos al duelo. Ven por el escándalo si te empeñas; quédate por el seminario.

Dirección

Lars von Trier

Lars von Trier

Fotos: The Movie Database (TMDB)

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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