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Piaffe: Un viaje surrealista hacia el control emocional

Molly Se-kyung
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El caballo no se mueve, pero vibra. Sus patas traseras se hunden en el suelo mientras las delanteras dibujan círculos invisibles en el aire. Este es el piaffe, el movimiento de dressage que da título a la película de Ann Oren y que funciona como metáfora visual perfecta para el estado emocional de Eva (Simone Bucio), la protagonista. Piaffe no es solo una película sobre una mujer que desarrolla una cola de caballo tras un colapso nervioso; es una exploración visceral del control, la sumisión y la creatividad, donde cada plano parece pulsar con la misma energía contenida que ese trote en el sitio.

Ann Oren, directora conocida por su trabajo en el festival de Locarno, construye un universo surrealista desde los primeros minutos. La película abre no con Eva, sino con Novak (Sebastian Rudolph), un profesor de fernología obsesionado con las plantas carnívoras. Esta elección narrativa es reveladora: Oren está más interesada en explorar el mundo que rodea a sus personajes que en sumergirse directamente en su psicología. La dirección de fotografía, con sus contrastes de luz y sombra, convierte cada escena en una pintura viva, recordando en momentos al trabajo de Claire Denis en su fase más onírica.

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Simone Bucio ofrece una actuación magnética como Eva. Su interpretación va más allá del físico; transmite la vulnerabilidad de un personaje que se siente desplazada incluso dentro de su propio cuerpo. La secuencia en la que Eva seduce a Novak mediante un juego de sumisión es especialmente memorable, no solo por la química entre ambos actores, sino por cómo Oren utiliza el espacio y el movimiento para crear una danza visual hipnótica. Bucio logra comunicar tanto con gestos sutiles como con miradas intensas, convirtiendo a Eva en un personaje complejo y fascinante.

Sin embargo, Piaffe tropieza con sus propias ambiciones. El guion intenta abordar demasiados temas—el control, el género, la naturaleza del arte, la relación entre humano y animal—y aunque algunos momentos brillan por su originalidad, otros se quedan en meras sugerencias. La relación entre Eva y Zara (Simon(è) Jaikiriuma Paetau), por ejemplo, queda subdesarrollada, lo que debilita el núcleo emocional de la historia. Zara, cuya crisis nerviosa desencadena los eventos principales, desaparece casi por completo después del primer acto, dejando un vacío narrativo que nunca se llena.

La estructura de la película también presenta problemas. Piaffe comienza con una promesa surrealista y reflexiva, pero a medida que avanza, parece perder su rumbo. Algunas escenas, aunque visualmente impresionantes, no avanzan la trama ni profundizan en los personajes. La película oscila entre momentos de intensa claridad temática y otros de confusión narrativa, como si Oren estuviera más preocupada por la estética que por la coherencia.

El diseño de sonido es uno de los aspectos más innovadores de Piaffe. Los efectos Foley, clave en la trama, son utilizados de manera inteligente para reflejar el estado mental de Eva. Cada crujido, cada susurro, adquiere un peso específico que suma capas de significado a la narrativa. La banda sonora, aunque minimalista, complementa perfectamente esta atmósfera onírica.

Piaffe es una película que exige al espectador abrirse a su lenguaje visual y emocional. No es perfecta, pero su audacia y originalidad la convierten en una experiencia cinematográfica memorable. Dirigida principalmente a un público familiarizado con el cine de autor y el surrealismo, Piaffe no busca ser accesible ni convencional. En cambio, ofrece una visión única del control, la identidad y la creatividad, envuelta en una estética que recuerda a los sueños más vívidos.

En comparación con otras películas recientes que exploran temas similares, como Past Lives, Piaffe carece de la coherencia narrativa y el desarrollo emocional que hacen de esa película una experiencia tan conmovedora. Sin embargo, donde Past Lives apela a lo universal, Piaffe se sumerge en lo particular, ofreciendo una visión más íntima y personal.

La dirección de Oren es tanto su mayor fortaleza como su debilidad. Su estilo visual es innegablemente único, pero a veces parece priorizar la estética sobre la substancia narrativa. Las interpretaciones son otra historia: Bucio y Rudolph destacan en sus respectivos roles, mientras que el resto del elenco ofrece actuaciones sólidas aunque menos memorables.

Piaffe no es una película para todos. Exige paciencia, atención y una disposición a sumergirse en su mundo surrealista.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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