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Pulp Fiction (1994) — tres historias criminales que Tarantino ordenó al revés a propósito

Dos sicarios, un boxeador que no quiere caer y la mujer de un mafioso. Tres tramas, contadas en el orden equivocado, que acaban en el mismo restaurante donde empezaron.
Martin Cid

Pulp Fiction abre con dos atracadores de cafetería, Pumpkin y Honey Bunny, convenciéndose a sí mismos para sacar una pistola. Cierra también ahí — pero entre medias la película vuelve sobre un fin de semana paralelo: los sicarios Vincent Vega y Jules Winnfield, el boxeador Butch Coolidge, y Mia Wallace, mujer de un capo de Los Ángeles. Las tres historias comparten personajes y ciudad; lo que las sostiene es el orden en el que no se cuentan.

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Quentin Tarantino la dirigió en 1994, su segundo largometraje tras Reservoir Dogs y el primero que rodó con algo parecido a presupuesto de estudio. La historia se atribuyó a Tarantino y Roger Avary; el guion ganó el Oscar a Mejor Guion Original ese año. Forrest Gump se llevó el de Mejor Película en la misma ceremonia, dato que cualquier retrospectiva de Tarantino acaba mencionando.

Lo que hace la película, más de tres décadas después, es tratar la conversación como cine. Vincent y Jules discuten sobre el Royale with Cheese de camino a un asesinato. Mia cuenta un chiste sobre un tomate. El capitán Koons le entrega un reloj a un niño y se queda cinco minutos hablando de por dónde ha estado el reloj. La trama está armada, a veces de forma evidente, pero el peso lo lleva el diálogo: cada escena se monta para que dos personajes puedan seguir hablando más allá del punto en que cualquier película de género normal habría avanzado.

Andrzej Sekula la rueda casi entera en negativo 50 ASA ligeramente desvaído, lo que iguala la luz de la cafetería, del apartamento y del Jack Rabbit Slim’s en esa misma tarde sin aire. La banda sonora —Dick Dale a la guitarra surf, Chuck Berry, Urge Overkill, Dusty Springfield— hace gran parte del trabajo que la cámara deja por hacer, marcando cada capítulo con un disco. Travolta sale del paréntesis de carrera; Samuel L. Jackson es el centro de gravedad de la película.

Alrededor, Uma Thurman construye a Mia en dos escenas; Bruce Willis hace de Butch como un tipo callado, irritable y exhausto; Harvey Keitel se presenta en esmoquin a limpiar un coche. Tim Roth, Amanda Plummer, Christopher Walken y Ving Rhames pillan cada uno un monólogo largo y lo cierran antes de que se convierta en parodia de sí mismos.

Treinta años después, las películas que Tarantino rodó después de ésta son más ruidosas. Ésta es la más cuidadosamente ordenada. La línea temporal barajada no es un truco: basta con ponerla en orden mentalmente para que la sensación de ligereza desaparezca, que es justo el efecto buscado.

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