Cine

Puñales por la espalda devuelve al misterio de salón su filo y su mala leche social

Rian Johnson reinventa en 2019 el whodunit clásico con un reparto coral y una sátira de clase certera.
Martha O'Hara
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Rian Johnson llevaba dándole vueltas a Puñales por la espalda desde mediados de los años 2000, y la película tiene la seguridad de algo que ha esperado su turno. Un novelista de misterio de enorme éxito, Harlan Thrombey (Christopher Plummer), cumple 85 años, celebra una fiesta con su familia y a la mañana siguiente lo encuentran muerto, con la garganta cortada. La policía habla de suicidio. El detective Benoit Blanc, contratado por un cliente anónimo, no lo cree. Ese es todo el motor del filme, y Johnson, que escribió el guion él solo en seis o siete meses, construye una película entera para mantenerlo en marcha.

El momento importa. Johnson llegaba de Star Wars: Los últimos Jedi, una película que dividió al público, y The Guardian lee Puñales por la espalda como un regreso al terreno de sus primeros trabajos: un homenaje actualizado a las novelas de Agatha Christie que adoraba de niño y a esas adaptaciones socarronas y conscientes de sí mismas en las que Peter Ustinov guiaba a un reparto de estrellas por un asesinato laberíntico. El propio director ha descrito el atractivo de ese cine como una conversación un tanto metacinematográfica entre el cineasta y el espectador, con unas reglas compartidas que se dan por buenas para luego torcerlas. Se nota que disfruta con ella. Rodó entre octubre y diciembre de 2018, en las afueras de Boston, con un presupuesto de 40 millones de dólares respaldado por MRC y por subvenciones fiscales del estado de Massachusetts.

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El reparto bastaría para vender la película, pero quien marca el tono es Daniel Craig. Interpreta a Blanc como un intruso que fuma puros y juega con una moneda, con un acento del sur de Estados Unidos tan exagerado que Ransom lo apoda «CSI-KFC», como apunta The Guardian. Casey Movie Mania lo define como un detective a lo Hercule Poirot y confiesa que le costó acostumbrarse al deje sureño. La advertencia es justa. Un Poirot salido del Profundo Sur es una idea absurda, y Craig se entrega sin guiños, que es justo lo que convierte a Blanc en un personaje y no en un chiste.

Ana de Armas tiene la tarea más difícil. Su Marta Cabrera, la enfermera de Harlan, sufre lo que The Guardian cita como una «reacción regurgitativa a las mentiras»: vomita cuando miente. Suena a gag de comedia de situación, y lo es, pero además cumple una función estructural. Marta no puede mentir y, sin embargo, esconde algo. Responde a cada pregunta con exactitud y de forma incompleta, y la película convierte ese estrecho margen en suspense. Cuando se lee el testamento y Marta resulta heredera de toda la fortuna, los Thrombey quedan atónitos, y la escena escuece porque toda la familia la ha tratado como personal de servicio y no como alguien que pudiera importarle al viejo. Casey Movie Mania señala que Johnson le concede bastante más metraje que a ningún otro miembro del reparto y lo considera su mejor papel desde Blade Runner 2049. Es difícil discutírselo.

A su alrededor, la familia es una colección de sanguijuelas, y The Guardian es deliciosamente concreto con cada una. Chris Evans es Ransom, el nieto díscolo que «rezuma privilegio», al que se oyó discutir con Harlan la noche de la fiesta. Evans, apunta Casey Movie Mania, se lo pasa en grande con el nieto inútil, y se le nota. Michael Shannon, a contrapié de su tipo habitual, es Walt, algo lloriqueante, cuya fortuna editorial depende del favor de su padre. Don Johnson es Richard, el yerno, retratado como un «horror trumpista de mirada errante». La Joni de Toni Collette, gurú del estilo de vida y viuda, imita, en palabras de The Guardian, a una Gwyneth Paltrow versión Goop. Y Jamie Lee Curtis, como la hija mayor, Linda, está, según el diario, en el mejor momento de su carrera. Todos son graciosos y ninguno es una caricatura sacada de la nada.

Hay un precio. Casey Movie Mania acierta al decir que Curtis, Don Johnson, Collette y Shannon acaban más cerca del cameo ampliado que del papel completo. Quien llega atraído por esa lista de nombres espera que cada uno tenga su tramo de historia, y no lo tienen. La película elige a Marta y a Blanc, y el resto de la familia orbita a su alrededor. Entiendo la decisión y aun así eché de menos más de la pomposidad herida de Shannon.

Bajo los chistes, Puñales por la espalda se ha leído como un estudio de la lucha de clases, la desigualdad de riqueza, la inmigración y la raza en la sociedad estadounidense actual, y la lectura se sostiene. The Guardian recoge cómo se describe con sorna a la familia, como un grupo de «triunfadores hechos a sí mismos», frase que resume la actitud de la película. Son gente que lo heredó todo y lo llama mérito. Cuando la fortuna de su padre va a parar a quien de verdad lo cuidó, ya no les queda nada que decir que no los delate. Johnson nunca detiene el relato para dar un sermón. La sátira vive en quién puede estar a gusto en la casa y quién debe demostrar que merece estar en ella.

El oficio acompaña a la escritura. La banda sonora clásica de Nathan Johnson bebe de las partituras sinfónicas favoritas suyas y de Rian, y da a la película el empuje de otra época que necesita un misterio de salón. Para The Guardian, ninguno de los resortes de la trama mordería si no nos importaran los personajes, y así es como funciona: el enigma está bien resuelto, pero lo que uno se lleva a casa es a Marta, a Blanc y a la gente que gira a su alrededor.

Puñales por la espalda se estrenó en el Festival de Toronto el 7 de septiembre de 2019, llegó a los cines estadounidenses de la mano de Lionsgate el 27 de noviembre y recaudó 312 millones de dólares. El National Board of Review y el American Film Institute la incluyeron entre las mejores películas del año. Obtuvo tres nominaciones a los Globos de Oro, una al BAFTA y otra al Oscar al mejor guion original. La crítica elogió la trama y a los intérpretes; los reparos, como el de Casey Movie Mania sobre los papeles de tamaño cameo, tienen que ver con cómo se aprovecha al reparto, no con que la película cumpla.

Además, abrió una serie. Glass Onion llegó en 2022 y Wake Up Dead Man en 2025, las dos con Blanc en el centro. Las secuelas tenían mucho que igualar, porque la original es la que hizo parecer fácil la fórmula: una familia, un cadáver, un detective más listo de lo que suena y una joven incapaz de decir una mentira.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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