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No Limit: una inmersión visual fallida

Martin Cid
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La primera vez que vemos a Roxana (Camille Rowe) sumergirse en las aguas turquesas del Mediterráneo, la cámara de David M. Rosenthal se convierte en su compañero de inmersión. El plano es largo, casi claustrofóbico: el sonido se reduce a un zumbido lejano y rítmico, como si el mar mismo respirara. Es una apertura audaz para No Limit (2022), una película que promete explorar los límites del cuerpo humano y las emociones más profundas. Pero, ¿puede sostener esa promesa?

Roxana decide dejar atrás sus estudios en París para sumergirse —en todos los sentidos— en un curso de buceo libre en el sur de Francia. La premisa es intrigante: usar el buceo como metáfora del viaje interior, donde cada inmersión es una exploración de uno mismo. Sin embargo, la película tropieza al intentar equilibrar este simbolismo con los convencionalismos del drama romántico.

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El mayor acierto de No Limit es su cinematografía submarina. Rosenthal, conocido por su trabajo en documentales y largometrajes de bajo presupuesto, demuestra un ojo excepcional para capturar la belleza y el peligro del buceo libre. Las secuencias bajo el agua son hipnóticas: el silencio, la presión, la soledad absoluta. Hay una escena, en particular, donde Roxana alcanza fondo por primera vez. La cámara se acerca a su rostro mientras las lágrimas se mezclan con el agua salada, y por un momento, sentimos su euforia y su miedo. Es un instante de cine puro, donde la dirección, la actuación y la fotografía se alinean perfectamente.

Pero el problema surge cuando la película emerge a la superficie. El buceo libre es solo un telón de fondo para una trama romántica que adolece de originalidad. Roxana se ve envuelta en un triángulo amoroso entre Pascal (Sofiane Zermani), su instructor, y Tom (César Domboy), otro alumno del curso. Aquí, el filme cae en los clichés más predecibles: la chica nueva que despierta celos, los diálogos cargados de tensión sexual pero vacíos de sustancia. El guion parece conformarse con estereotipos en lugar de explorar las complejidades emocionales de sus personajes.

Camille Rowe tiene presencia en pantalla y transmite bien la determinación de Roxana, pero su actuación carece de matices. Hay momentos en los que parece convicente —como cuando discute con Pascal sobre los límites del buceo—, pero en otros, especialmente durante las escenas románticas, su interpretación resulta plana. Sofiane Zermani, por otro lado, parece perdido en un papel mal definido. Su personaje, Pascal, oscila entre el mentor autoritario y el amante posesivo sin una transición clara.

La película también tropieza en su estructura narrativa. No Limit avanza a trompicones, alternando entre momentos de tensión sublime —como las inmersiones más profundas— y secuencias redundantes que diluyen el ritmo. Hay un episodio, por ejemplo, donde Roxana y Pascal discuten sobre los riesgos del buceo libre. La escena es tensa y bien actuada, pero inmediatamente después, el filme se detiene en una secuencia de fiesta nocturna que parece sacada de otra película. Es como si Rosenthal no supiera qué tono mantener: ¿es No Limit un drama romántico con toques de aventura, o una exploración psicológica del buceo libre?

El reparto secundario tampoco ayuda a resolver estos problemas. César Domboy y Zacharie Chasseriaud (Sacha) aportan poco más que estereotipos: el amigo leal y el rival arrogante. Natalie Mitson (Naomi) y Muriel Combeau (Juliette), en sus papeles menores, tienen incluso menos oportunidades para destacar.

Donde No Limit sí logra diferenciarse es en su uso del sonido. Rosenthal emplea el silencio de manera inteligente, especialmente durante las secuencias submarinas. El zumbido constante del mar se convierte en un personaje más, recordándonos que bajo la superficie, el tiempo y el espacio tienen reglas distintas.

Pero incluso aquí, hay inconsistencias. En algunas escenas, el sonido ambiente es realista —el crujir de los equipos de buceo, las burbujas al ascender—. En otras, parece artificial, como si el equipo de postproducción hubiera añadido efectos sonoros genéricos para llenar el vacío.

La película también tropieza en su tratamiento del género. No Limit quiere ser un drama romántico, pero su ambientación submarina la aleja de los convencionalismos del género. No hay grandes declaraciones de amor bajo la lluvia ni miradas prolongadas en restaurantes elegantes. En su lugar, tenemos discusiones tensas en barcos y momentos de silencio compartido bajo el agua.

Esto podría haber sido una ventaja si Rosenthal hubiera tomado una decisión clara: ¿es No Limit un drama romántico o una película sobre el buceo libre? Pero la respuesta parece ser «ambos», y ese equilibrio no termina de funcionar. Hay una escena, por ejemplo, donde Roxana y Pascal discuten después de una inmersión fallida. La tensión entre ellos es palpable, pero en lugar de profundizar en sus emociones, el filme corta a una secuencia de buceo que parece más un interludio visual que una continuación del conflicto.

No Limit se dirige a un público específico: aquellos interesados en el buceo libre y los dramas románticos con toques de aventura. Pero incluso para ese nicho, la película tiene problemas. Los aficionados al buceo apreciarán las secuencias submarinas, pero podrían frustrarse con la falta de realismo técnico en algunas escenas. Mientras tanto, los amantes del drama romántico encontrarán pocos momentos memorables fuera del agua.

La película también tropieza en su tratamiento de temas más profundos, como el miedo a la muerte o la búsqueda de libertad. Hay una escena, hacia el final, donde Roxana se sumerge sola en aguas abiertas. La cámara sigue su descenso desde arriba, y por un momento, parece que va a ahogarse. Pero el filme corta antes de que podamos experimentar esa catarsis.

En comparación con otras películas del mismo género, No Limit palidece. Películas como The Big Blue (1988) o Leviathan (1989) logran equilibrar el drama humano y la aventura submarina de manera más convincente. Incluso The Deep (2016), un thriller de bajo presupuesto, tiene una narrativa más cohesionada.

Pero donde No Limit sí destaca es en su capacidad para evocar la belleza del mar. Las secuencias submarinas son visualmente impresionantes, y Rosenthal demuestra un talento excepcional para capturar la emoción física del buceo libre. Es una lástima que el resto de la película no esté a la altura.

En definitiva, No Limit es una película de contrastes: visualmente deslumbrante pero emocionalmente inconsistente. Tiene momentos de pura magia —como las inmersiones más profundas— y secuencias que parecen interminables. Es audaz en su premisa pero cautelosa en su ejecución.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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