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Leslie Mann, Anna Faris e Isla Fisher pasan por la máquina de Bad Moms en Spa Weekend

Martha O'Hara

Lo primero que se impone es la luz. Cuatro mujeres de pie en un vestíbulo pulido hasta un brillo pálido y caro, todo mármol blanco y eucalipto en macetas y albornoces del color de la gasa recién estrenada, y cada una de ellas tiene la boca abierta en el mismo gesto de horror que empieza a cuajar. Ese solo fotograma es la comedia entera en miniatura: un lugar diseñado para borrar el estrés y cuatro rostros registrando el instante exacto en que fracasa. Spa Weekend, la nueva película de Jon Lucas y Scott Moore, se construye sobre la distancia que separa el folleto del bienestar de lo que ocurre de verdad una vez que caen los albornoces.

La premisa es deliberadamente sencilla. Cuatro amigas de toda la vida, desgastadas por el trabajo, la familia y el rumor sordo de la obligación cotidiana, deciden que necesitan un respiro y se instalan en un retiro de lujo, donde el fin de semana se agría hasta convertirse en lo que la propia película llama, con alegría, un buen puñado de decisiones nefastas. El planteamiento es tan viejo como el género de la escapada femenina, y la película lo sabe. El interés no está en la situación sino en quién la habita, y en cómo un resort pensado como templo de la calma acaba haciendo de contrapeso al ruido que arman sus huéspedes.

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El reparto es el argumento que la película defiende. Leslie Mann, Anna Faris, Isla Fisher y Michelle Buteau son cuatro cómicas con registros que apenas se solapan, y la propuesta parece diseñada para impedir que colisionen en un único tono. Mann aporta la calidez deshilachada y disculpona que lleva una carrera puliendo; Faris trabaja el sarcasmo, el silencio sostenido una fracción de segundo de más; Fisher es el comodín físico, un cuerpo que no deja de traicionar a su dueña; Buteau pone la franqueza directa del trato con el público, esa que aplana las excusas de las demás. Adam Demos aparece como Kai, la pieza fija y elegante de un resort que promete más serenidad de la que es capaz de resistir.

Lucas y Moore han dedicado en la práctica toda su sociedad a un mismo experimento: observar a adultos competentes desprenderse de la obligación de comportarse. Escribieron el guion que se convirtió en Resacón en Las Vegas y luego montaron Malas madres y su secuela alrededor del mismo motor, mujeres a las que se concede un permiso temporal para dejar de ser responsables y los destrozos que llegan después. Spa Weekend saca esa maquinaria de la maternidad de barrio residencial y la deja caer en el complejo industrial del bienestar, donde lo que está en juego es más blando y las superficies más brillantes, pero el chiste de fondo no cambia. Esto es menos una idea nueva que un decorado fresco para un experimento muy conocido.

Lo que le da una oportunidad a la película es el propio escenario, y aquí el aspecto visual hace un trabajo real. El rodaje se hizo en la Gold Coast de Queensland, en Australia, y la paleta es pura serenidad diseñada: salas de tratamiento de blanco sobre blanco, cristales que se disuelven en el océano, el silencio estudiado de un lugar que cobra una prima por la ausencia de ruido. La comedia tiende a crecer contra fondos limpios, y un spa es casi el fondo perfecto, un entorno controlado cuya promesa entera es que nada saldrá mal. Hay un placer visual muy concreto en ver que un espacio tan compuesto se niega a seguir compuesto: el agua con pepino, las toallas dobladas apiladas como arquitectura, el personal deslizándose con la serenidad ensayada de quien cobra por no reaccionar nunca. El mejor instinto de la película es mantener el encuadre impoluto mientras el comportamiento que contiene se derrumba, dejando que el diseño inmaculado absorba el desastre como una mancha que se extiende despacio por el lino blanco.

Nada de lo cual la película ha demostrado todavía que sepa ejecutar. La comedia de escapada femenina es un estante saturado, y los estrenos recientes han mostrado con qué rapidez la fórmula resbala de lo catártico a lo intrascendente. La promoción se apoya de momento con fuerza en caras de asombro y en un montaje internacional censurado, lo que suena más a venta de comedia gamberra que a señal de que el guion haya encontrado un ángulo. Cuatro cómicas dotadas no son garantía de nada; el género está sembrado de repartos que nunca tuvieron una escena construida sobre sus fortalezas individuales, con todo el mundo aplanado en un caos intercambiable. Está además la cuestión del cambio de calendario, el estreno adelantado de comienzos de otoño a la cola del verano, un movimiento que puede indicar la confianza de un estudio o su deseo de colar la película en un rincón más tranquilo del calendario. La película llega sin críticas, con su calidad aún como una pregunta abierta que su tráiler no está pensado para responder.

Four friends at a luxury spa retreat in the comedy Spa Weekend directed by Jon Lucas and Scott Moore
The cast of Spa Weekend (2026)

Los principales acreditados son Leslie Mann como Jane, Michelle Buteau como Coco, Anna Faris como Sophie e Isla Fisher como Mel, con Adam Demos como Kai. Lucas y Moore escriben y dirigen, y Suzanne Todd y John Friedberg producen para Black Bear Pictures y Team Todd, con banda sonora de Philip White. La película terminada dura noventa y siete minutos, una duración ajustada para una comedia coral que sugiere que sus autores confían en que la premisa esprinte antes que se disperse.

Black Bear Pictures distribuye Spa Weekend. Estados Unidos estrena el 21 de agosto; aún no hay fecha de estreno confirmada en España, aunque un estreno en cines está previsto. Que el retiro aguante entero o se descosa por las junturas, lo hará primero en una pantalla grande.

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