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Space Oddity: técnica brillante, drama convencional

Martin Cid
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El plano secuencia inicial de Space Oddity (2023) es un tour de force técnico: la cámara sigue a Alex McAllister (Kyle Allen), astronauta en formación, mientras se prepara para su simulacro de lanzamiento. El encuadre flota alrededor de él con precisión clínica, capturando la tensión en sus hombros y el brillo metálico de los instrumentos que lo rodean. Es un momento donde la dirección de Kyra Sedgwick demuestra un control visual que luego se diluirá entre los convencionalismos del género.

La película, escrita por Rebecca Banner, explora el conflicto clásico entre el deber profesional y el amor personal. Alex, obsesionado con el espacio desde niño, recibe la oportunidad de su vida al ser seleccionado para un programa de colonización de Marte. Sin embargo, sus planes se complican cuando conoce a Daisy Taylor (Alexandra Shipp), una ingeniera que lo ancla emocionalmente a la Tierra. El triángulo amoroso entre Alex, Daisy y su familia—especialmente su padre Jeff (Kevin Bacon)—se convierte en el núcleo dramático de la narrativa.

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Donde Space Oddity logra destacar es en sus momentos más íntimos. La química entre Allen y Shipp funciona particularmente bien en una escena nocturna donde ambos personajes hablan sobre sus miedos bajo las estrellas. La iluminación suave y los primeros planos cercanos crean una intimidad que contrasta con la frialdad del espacio exterior, recordando a películas como Passengers (2016) en su exploración de relaciones en entornos extremos. Kevin Bacon, aunque en un papel secundario, aporta peso emocional al personaje de Jeff McAllister, cuyo arco narrativo explora el sacrificio y la paternidad. Sin embargo, este último se siente algo subutilizado, dejando espacio para un desarrollo más profundo.

El mayor problema de Space Oddity es su identidad dividida. La película intenta equilibrar la comedia romántica con elementos de ciencia ficción seria, pero los saltos tonales son bruscos y desestabilizan la narrativa. Simon Helberg, como el excéntrico director del programa espacial, roba escenas con su energía caricaturesca, pero su presencia subraya lo desequilibrada que está la mezcla de géneros. La estructura narrativa también cojea: el tercer acto depende de un giro predecible que llega demasiado tarde para salvar una trama que ya ha perdido momentum.

Técnicamente, hay méritos dignos de mención. La fotografía captura tanto la vastedad del espacio como los detalles humanos con soltura, evocando el legado visual de clásicos como 2001: A Space Odyssey (1968). La banda sonora, aunque no se detalla en el dossier, evoca sin esfuerzo el espíritu de David Bowie, cuya canción homónima inspiró el título de la película. Sin embargo, donde falla es en la originalidad—la película no aporta nada nuevo al debate sobre la exploración espacial o el amor moderno, quedándose en terreno ya explorado por títulos como The Martian (2015) y Gravity (2013).

En cuanto a su público objetivo, Space Oddity parece dirigirse a un amplio espectro de espectadores. Los fans del género romántico encontrarán momentos dulces y bien actuados, mientras que los aficionados a la ciencia ficción apreciarán los elementos técnicos y visuales. Sin embargo, la película no logra satisfacer plenamente a ninguno de estos grupos debido a su falta de coherencia interna.

Space Oddity es una propuesta honesta pero inconsistente, atrapada entre su deseo de ser un drama romántico y una odisea científica. La dirección de Sedgwick muestra destellos de talento técnico, pero la narrativa se resiente por su identidad dividida y su dependencia de giros predecibles.

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La película también aborda temas universales como el sacrificio personal y la búsqueda de propósito en un mundo que cambia rápidamente. Alex McAllister simboliza a una generación que se debate entre sus sueños y las expectativas sociales, mientras que Daisy Taylor representa la estabilidad emocional que muchos anhelan pero pocos encuentran. La dinámica familiar, especialmente la relación entre Alex y su padre Jeff, añade capas de complejidad al personaje principal.

Uno de los aspectos más interesantes de Space Oddity es cómo utiliza el escenario de la exploración espacial para reflejar conflictos internos. El espacio exterior actúa como un espejo de las emociones de Alex: vasto, solitario y lleno de incertidumbre. La película juega con esta metáfora visualmente, utilizando planos amplios del cosmos para enfatizar su aislamiento emocional.

Sin embargo, estos elementos no están siempre bien integrados. La transición entre la comedia romántica y el drama serio es abrupta, lo que puede resultar desconcertante para algunos espectadores. Por ejemplo, una escena de humor absurdo con Simon Helberg puede ser seguida inmediatamente por un momento íntimo y emotivo entre Alex y Daisy, creando un desequilibrio tonal.

A pesar de estos problemas, Space Oddity tiene momentos brillantes. La escena en la que Alex se enfrenta a su padre sobre sus decisiones futuras es particularmente poderosa. Kevin Bacon entrega una actuación contenida pero llena de matices, mostrando el conflicto interno de Jeff entre su amor por su hijo y su deseo de verlo triunfar.

La dirección de Kyra Sedgwick merece reconocimiento por su enfoque visual. Los planos secuencia bien ejecutados y la fotografía cuidadosa ayudan a crear un mundo creíble y atractivo. Sin embargo, la narrativa podría haber beneficiado de una estructura más sólida. El tercer acto, en particular, se siente apresurado, como si la película intentara resolver todos sus conflictos en muy poco tiempo.

En comparación con otras películas del mismo género, Space Oddity no logra destacar tanto como debería. Películas como The Martian y Gravity han establecido un alto estándar para las historias de ciencia ficción romántica, y Space Oddity no alcanza ese nivel. Sin embargo, tiene sus propios méritos y puede ser disfrutada por quienes buscan una historia emocionalmente resonante.

El elenco, en general, cumple con su tarea. Kyle Allen entrega una actuación convincente como Alex McAllister, capturando tanto su pasión por el espacio como su conflicto interno. Alexandra Shipp, aunque algo subutilizada, aporta calidez y humanidad a su personaje. Simon Helberg roba algunas escenas con su energía caricaturesca, pero su papel podría haber sido mejor integrado en la narrativa.

En cuanto al público objetivo, Space Oddity parece dirigirse a un amplio espectro de espectadores. Los fans del género romántico encontrarán momentos dulces y bien actuados, mientras que los aficionados a la ciencia ficción apreciarán los elementos técnicos y visuales. Sin embargo, la película no logra satisfacer plenamente a ninguno de estos grupos debido a su falta de coherencia interna.

Space Oddity es una propuesta honesta pero inconsistente, atrapada entre su deseo de ser un drama romántico y una odisea científica.

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Fotos: The Movie Database (TMDB)

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