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The Adam Project: un viaje en el tiempo sin rumbo claro».

Martin Cid
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Imagina a Ryan Reynolds, cubierto de sangre y con una expresión de dolor, saliendo tambaleante de una nave espacial humeante para aparecer en medio del patio trasero de un niño de 12 años que está llorando junto a su perro. Esa imagen absurda pero visceralmente intrigante es el gancho de The Adam Project, una película que intenta ser muchas cosas a la vez: ciencia ficción, comedia familiar, aventura y drama emocional. El problema es que, al final, ninguna de esas facetas logra destacar lo suficiente como para compensar las deficiencias de las demás.

Dirigida por Shawn Levy —conocido por su trabajo en franquicias familiares como Night at the Museum y Real Steel— y escrita por un equipo de guionistas compuesto por Jonathan Tropper, T. S. Nowlin, Jennifer Flackett y Mark Levin, la cinta sigue a Adam Reed (Reynolds), un piloto del año 2050 que viaja en el tiempo para evitar el asesinato de su esposa, Laura (Zoe Saldaña). Sin embargo, un accidente lo lleva al patio trasero de su yo adolescente (Walker Scobell), quien está lidiando con el duelo por la muerte de su padre (Mark Ruffalo) y el bullying escolar. Juntos, los dos Adams —literalmente— se embarcan en una misión para salvar el futuro.

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Donde The Adam Project funciona es en el equilibrio entre acción y comedia, aunque incluso ahí hay momentos desiguales. La dinámica entre Reynolds y Scobell es el corazón del filme: hay química genuina en sus escenas juntos, especialmente cuando el Adam adulto intenta explicar conceptos complejos de viaje en el tiempo a su versión más joven con un humor que recuerda a clásicos como Back to the Future. Por ejemplo, la escena en la que el Adam adulto le muestra al joven Adam cómo funciona su nave espacial es divertida y bien ejecutada, gracias en gran parte a la entrega cómica de Reynolds. Scobell, en su debut cinematográfico, demuestra una madurez actoral inesperada para su edad, especialmente en las escenas más dramáticas donde interpreta el dolor del duelo.

Las secuencias de acción, aunque convencionales, están bien ejecutadas y coreografiadas, con efectos visuales que cumplen sin destacar. La escena del escape de la nave al principio es un buen ejemplo: frenética pero clara, con un ritmo que mantiene el interés. Sin embargo, hay momentos en los que la película se siente demasiado dependiente de sus referencias a otros filmes. Por ejemplo, la estructura narrativa y algunos diálogos recuerdan demasiado a Looper o incluso a Harry Potter, lo que le quita originalidad.

Pero el problema radica en su falta de ambición temática y narrativa. La premisa promete una reflexión sobre el tiempo, el destino y las consecuencias de alterar el pasado, pero se queda en un ejercicio superficial. El guion evita profundizar en temas más complejos, optando por fórmulas seguras: el viaje emocional del Adam joven, la relación padre-hijo sustituida por la del futuro auto, o el villano que monologa demasiado (Catherine Keener) mientras Zoe Saldaña hace poco con su papel de Laura. Incluso Mark Ruffalo, un actor capaz de dar profundidad a cualquier personaje, queda reducido a un cameo emocional sin peso real en la trama. Su aparición es breve y, aunque conmovedora, no añade suficiente sustancia a la historia como para justificar su presencia.

Visualmente, la película no aporta nada nuevo: los planos son funcionales pero olvidables, y aunque el diseño de producción intenta evocar nostalgia por los 80 —con referencias claras a The Last Starfighter—, termina siendo un pastiche sin identidad propia. La banda sonora de Rob Simonsen es competente, pero tampoco deja huella. Hay momentos en los que la cinematografía intenta ser innovadora, como en las escenas de viaje en el tiempo, pero estos intentos se sienten más como un esfuerzo por imitar a directores como Christopher Nolan que como algo auténticamente creativo.

El reparto, aunque sólido, no logra elevar la película por encima de sus limitaciones. Jennifer Garner, como Ellie Reed, la madre del Adam joven, tiene poco que hacer más que ser el típico personaje maternal preocupado. Catherine Keener, como Maya Sorian, el villano principal, cae en los clichés del malvillanismo: su motivación es vaga y su presencia se siente forzada. Zoe Saldaña, aunque carismática, no tiene suficiente desarrollo como para que su sacrificio al final de la película tenga el impacto emocional deseado.

A quien va dirigida The Adam Project es a un público familiar, especialmente a niños y adolescentes que disfrutan de películas con acción rápida, humor fácil y una trama sencilla. Los adultos pueden encontrar algunos momentos divertidos, pero la falta de profundidad temática y la dependencia excesiva de fórmulas conocidas harán que la experiencia sea, en el mejor de los casos, olvidable.

En resumen, The Adam Project es entretenimiento ligero, una película que sabe lo que quiere ser: un blockbuster familiar para pasar el rato. Pero su mayor defecto es que nunca asume riesgos. No explora nuevas ideas ni profundiza en sus personajes más allá de lo superficial.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

  • Walker Scobell — Young Adam

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