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There Are No Saints: promesas oscuras, resultados mediocres

Veronica Loop

La escena inicial de There Are No Saints es un golpe directo: Neto Niente, apodado «El Jesuita», se retuerce en una celda mexicana mientras su ex-esposa es asesinada y su hijo secuestrado. La cámara de Alfonso Pineda Ulloa se aferra a los rostros sudorosos y las manos ensangrentadas, prometiendo un viaje oscuro y visceral.

Lo que sigue es un thriller de venganza con pretensiones neo-noir, escrito por Paul Schrader (Taxi Driver), pero la promesa inicial se desvanece rápidamente. La estructura es caótica, saltando entre flashbacks de prisión y secuencias de acción en México sin una transición clara. Las decisiones narrativas son particularmente problemáticas: el uso excesivo de voice-over recuerda a los peores excesos del género, mientras que la trama se pierde en giros predecibles y diálogos forzados.

Donde la película encuentra algo de brillo es en sus momentos más crudos. La actuación de José María Yázpik como Neto/El Jesuita tiene un peso físico convincente, especialmente en las escenas de tortura donde su personaje muestra una mezcla de brutalidad y vulnerabilidad. Paz Vega, como Nadia (la ex-esposa), deja una impresión duradera a pesar de su tiempo limitado en pantalla, gracias a un momento desgarrador antes de su muerte.

Sin embargo, el resto del reparto no logra elevar el material. Shannyn Sossamon como Inez, la stripper que acompaña a Neto, cae en clichés del género. Ron Perlman y Tim Roth, aunque talentosos, parecen desperdiciados en roles unidimensionales. La dirección de Ulloa flaquea en las secuencias de acción, que carecen de la fluidez necesaria para mantener la tensión.

La fotografía tiene momentos destacados, especialmente en los planos más oscuros y sucios de la prisión, pero la edición es descuidada, con cortes abruptos que rompen el ritmo. La banda sonora intenta imitar el estilo grunge del noir clásico, pero termina sintiéndose genérica.

There Are No Saints no es una película sin mérito: Schrader logra algunos diálogos afilados y las actuaciones principales tienen momentos de verdad. Pero la ejecución falla en casi todos los frentes, desde la estructura hasta la dirección de actores secundarios.

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