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Toy Story 5 enfrenta a Woody y Buzz a la pantalla que sustituyó al juego

Liv Altman

Durante tres décadas las películas de Toy Story han funcionado con un único motor, tan sencillo como demoledor: el miedo a ser dejado atrás. Woody y los demás han sobrevivido a la caja del desván, a la cárcel de la guardería y a un relevo tierno hacia una nueva niña, siempre perdiendo terreno frente al tiempo. La quinta película cambia al rival. Esta vez los juguetes no son reemplazados por otros juguetes. Son reemplazados por una pantalla.

El adversario es Lilypad, una tableta con forma de rana que llega a la habitación de Bonnie y empieza a reordenar su atención sin hacer ruido. Es lo más afilado que la saga ha hecho jamás con su propia premisa. Una franquicia nacida del primer largometraje íntegramente animado por ordenador plantea ahora una historia sobre objetos animados que pierden a una niña frente a un aparato luminoso: los juguetes hechos de código, enfrentados a la pantalla que ese mismo código alimenta. El tráiler lo plantea casi como una escena de terror, con Woody y Jessie de espaldas, mirando hacia arriba a la cosa que les ha quitado a su niña.

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Toy Story 5

El reparto deja claro qué clase de amenaza quiere que sea Lilypad. Greta Lee, que viene del tipo de drama adulto y contenido que no suele asomarse a una cabina de doblaje de Pixar, pone la voz a la tableta. Es una señal deliberada. El aparato no está concebido como un villano de dibujos que suelta carcajadas, sino como algo tranquilo, razonable y levemente seductor, la voz que siempre tiene una cosa más que enseñarte. Tom Hanks y Tim Allen vuelven como Woody y Buzz, con un dúo que ahora carga con el peso de una amistad que el público ha visto envejecer, y la Jessie de Joan Cusack se sitúa en primera línea del conflicto.

Dirige Andrew Stanton, con McKenna Harris como codirectora, y la elección es en sí misma un argumento. Stanton es el cineasta de Pixar que ya firmó la película definitiva del estudio sobre las pantallas devorando la atención humana: un arranque casi sin palabras sobre una máquina solitaria, seguido de una nave repleta de personas demasiado enganchadas para mirarse entre sí. Ponerle en las manos un Toy Story sobre una tableta no es sutil. Devuelve a la silla al escéptico de las pantallas más explícito de la franquicia, para el tema exacto que ya ha rondado, tras una larga temporada alejado de la dirección de animación. Esa temporada la pasó en imagen real y produciendo, y su regreso suena menos a vuelta de honor que a un guionista que vuelve a cerrar un argumento que dejó a medias.

Lo que hace el planteamiento más interesante que un sermón de juguetes buenos contra tecnología mala es que la saga siempre ha entendido la obsolescencia desde dentro. El propio Buzz empezó como el cacharro nuevo que hizo que Woody se sintiera prescindible. Las películas saben que el recién llegado reluciente no es automáticamente el enemigo; a veces es solo lo siguiente que la niña quiere. La pregunta que abre Lilypad es si una pantalla puede integrarse en esa misma lógica como lo hizo un día un guardián espacial, o si representa una pérdida de otra naturaleza: una atención que se va a un lugar que los juguetes no pueden seguir.

Detrás de todo esto hay una tradición más larga. Los relatos sobre juguetes que esperan ser queridos van del Conejo de Terciopelo a Pinocho, y siempre han girado en torno al terror de ser apartado. Lo que hizo el primer Toy Story fue trasladar esa vieja angustia a la era de las máquinas y narrarla en el mismo medio que estaba desplazando a la animación dibujada a mano. Un quinto capítulo que señala a la pantalla como antagonista es, en cierto modo, la franquicia interrogando su propio origen: los juguetes nacidos de una tecnología disruptiva, ahora en el papel de los disrumpidos.

El riesgo es igual de evidente. Toy Story 3 le dio a la saga un final tan completo como pocos ha producido la animación estadounidense, y la cuarta entrega ya funcionaba como un epílogo de un epílogo. Una quinta película tiene que responder a la sospecha de que la historia se mantiene viva porque la marca es demasiado valiosa para jubilarla. También hay algo cómodo en que un tentpole de Disney, destinado él mismo a una app de streaming dentro de una tableta, advierta a los niños sobre las tabletas. El antagonista con cara de rana del tráiler resulta algo grueso, y lo grueso es el registro en el que esta franquicia ya ha tropezado antes. Si Stanton consigue que la pantalla se sienta como un rival real y no como una lección es lo que está en juego.

El elenco de voces alrededor de los protagonistas es amplio. Conan O’Brien, el Forky de Tony Hale, Craig Robinson y Ernie Hudson se suman a los habitantes más nuevos del cuarto de juegos, mientras el banquillo histórico sostiene el mundo anterior: Annie Potts como Bo Peep, el Rex de Wallace Shawn, el Hamm de John Ratzenberger, la Trixie de Kristen Schaal y Keanu Reeves de vuelta como Duke Caboom. Taylor Swift aporta una canción original, «I Knew It, I Knew You», a la banda sonora. La película dura 102 minutos y está producida por Pixar Animation Studios para Walt Disney Pictures.

Toy Story 5 llega a los cines de España el 17 de junio, dentro de la misma semana en que abre en la mayoría de mercados internacionales. Para una saga que ha dedicado toda su vida a dramatizar lo que ocurre cuando un niño sigue adelante, convertir al rival en el propio aparato que se lleva esa atención es o bien la idea más afilada que la franquicia ha tenido en años, o el momento en que por fin se repite. El linaje le concede el beneficio de la duda. La pantalla dirá el resto.

Reparto

  • Scarlett Spears — Bonnie (voice)

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