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Lightyear: un spin-off técnicamente impecable pero emocionalmente vacío

Martin Cid
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La primera vez que vemos a Buzz Lightyear (Chris Evans) estrellarse en T’Kani Prime en Lightyear (2022), la pantalla explota en un torbellino de fuego y chispas, un recordatorio visual inmediato del ADN técnico de Pixar: animación fluida, efectos visuales impecables y una paleta de colores vibrantes que evocan los clásicos de ciencia ficción. Dirigida por Angus MacLane —un fan confesado del género— esta película es un spin-off animado que busca desentrañar el origen del personaje icónico de Toy Story. Sin embargo, lo que promete como una aventura intergaláctica se queda en un ejercicio repetitivo, anclado a fórmulas conocidas y personajes carentes de profundidad.

El problema central de Lightyear es su incapacidad para trascender el material de origen. MacLane y Jason Headley escriben un guion que, aunque técnicamente competente (la animación es pulcra y los efectos visuales cumplen), carece de la chispa emocional que define a las mejores películas de Pixar. La premisa —Buzz atrapado en un bucle temporal mientras intenta salvar a su tripulación— es intrigante, pero la ejecución se siente desinflada. Las escenas de acción, aunque bien coreografiadas, carecen del peso dramático necesario para que el espectador se involucre. El momento clave donde Buzz descubre los efectos del viaje interestelar en el tiempo podría haber sido conmovedor, pero la dirección emocional es superficial.

La película intenta ser muchas cosas a la vez: un homenaje a los clásicos de ciencia ficción como Star Wars y 2001: A Space Odyssey, una aventura familiar y una exploración filosófica del sacrificio. Pero al final, es ninguna de ellas de manera convincente. La estructura narrativa, aunque predecible, podría haber funcionado si el contenido emocional hubiera estado a la altura. Sin embargo, MacLane no logra equilibrar los elementos tonales. Los intentos de humor —como las interacciones entre Buzz y su robot compañero Sox (Peter Sohn)— caen planas, mientras que los momentos dramáticos carecen de la profundidad necesaria para resonar.

El reparto vocal, liderado por Evans, ofrece actuaciones funcionales pero sin matices. Chris Evans imprime a Buzz una seriedad que roza lo monótono, un contraste marcado con su interpretación más ligera en Toy Story. Aunque su voz transmite autoridad, el personaje carece de la humanidad que hizo memorable a Woody o a Nemo. Keke Palmer como Izzy Hawthorne aporta el único destello de originalidad en un elenco que, en general, se siente olvidable. Su química con Buzz es forzada, y las escenas entre ellos carecen del calor necesario para hacer creíble su amistad. Peter Sohn como Sox, aunque entrañable, no logra elevar las escenas cómicas más allá de lo predecible.

El diseño de personajes, aunque visualmente detallado —con influencias claras de los cómics de los años 60 y 70—, no logra transmitir suficiente personalidad. Buzz, por ejemplo, está atrapado en un arquetipo del héroe solitario que ya ha sido explorado en numerosas ocasiones. Su evolución a lo largo de la película es mínima, y sus decisiones —como su obsesión por encontrar una manera de regresar a casa— se sienten más como un dispositivo narrativo que como un reflejo de su desarrollo emocional.

Donde Lightyear sí destaca es en el apartado técnico. La cinematografía, con sus secuencias IMAX, rinde homenaje a los clásicos del género, y la banda sonora de Michael Giacchino —especialmente las piezas «Mission Log» y «Afternoon Light Speed»— aporta un aire épico que eleva momentos por lo demás ordinarios. Las escenas de acción, aunque repetitivas, están bien coreografiadas y utilizan el espacio de manera efectiva para crear un sentido de escala y peligro. La animación de los vehículos —diseñados con piezas de Lego, según MacLane— es particularmente destacable, evocando la estética retro-futurista que define al género.

Sin embargo, incluso estos aciertos no compensan la falta de originalidad en el guión. La película se siente como una colección de tropos del cine espacial —viajes en el tiempo, villanos megalómanos (James Brolin como Zurg)— sin aportar nada nuevo al género. La exploración del tema del sacrificio, aunque relevante, no se desarrolla de manera convincente. Buzz nunca cuestiona realmente sus acciones o las consecuencias de sus decisiones, lo que hace que su arco emocional sea superficial.

Lightyear está dirigida a un público familiar, pero también intenta atraer a los fans de la ciencia ficción adulta. Sin embargo, su tono es inconsistente, oscilando entre el humor infantil y el drama serio sin encontrar un equilibrio satisfactorio. Esto la deja en una posición incómoda: demasiado seria para los niños más pequeños, pero no lo suficientemente profunda para los adultos.

En comparación con otras películas de Pixar, Lightyear palidece. A diferencia de obras como Up o Inside Out, que exploran temas complejos con una narrativa emocional sólida, esta película se queda en la superficie. Incluso en el contexto de los spin-offs de Toy Story, como Cars o Monsters, Inc., Lightyear carece del encanto y la originalidad que hicieron memorables a esas historias.

La recepción crítica de Lightyear ha sido mixta. Rotten Tomatoes señala que, aunque la película tiene suficiente humor, acción y efectos visuales para entretener, su historia es muy estancada y cae plana. IMDb destaca que los fans de la ciencia ficción pueden encontrar el filme entretenido por sus conceptos y escenarios, pero no logra conectar con el público general. Estas críticas reflejan una verdad incómoda: Lightyear es un producto bien hecho, pero carece de alma.

En última instancia, Lightyear es una película que se siente como un ejercicio técnico más que como una experiencia cinematográfica memorable.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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