Cine

Underneath the Same Moon: cuando el corazón recuerda lo que el cerebro olvidó

Liv Altman

El género de la amnesia romántica lleva décadas repitiendo la misma estructura moral: el protagonista recupera la memoria, recupera el amor, y todo vuelve a su sitio. Underneath the Same Moon, dirigida por Bob Wasson en 2019, desmonta ese contrato con una variante que resulta más honesta y más incómoda: el hombre que despierta del coma no ha olvidado a su esposa porque nunca llegó a registrarla. Lo último que recuerda con nitidez es haber comprado un anillo de boda… para su exnovia.

La línea de parentesco de este tipo de películas es larga. Desde La ínsula del olvido (1942) hasta The Vow (2012), pasando por variantes cómicas como 50 First Dates (2004), el cine ha jugado con la amnesia como metáfora del amor que se pierde o se conquista. Lo que diferencia a Wasson y a su coguionista Tom Arndt es que no utilizan la pérdida de memoria como obstáculo sino como revelación: el corazón del protagonista no llora lo que no recuerda; anhéla lo que nunca terminó. El cerebro archivó cinco años de matrimonio. La piel, aparentemente, no.

Wasson filma con paciencia. Los 117 minutos no se apoyan en el mecanismo de suspense de ¿a quién elegirá?, sino en algo más difícil de sostener: la incomodidad de un hombre que vive como extraño dentro de su propia vida. Sara Ball, Meg Cashel y Anderson Davis aportan una contención que el guión agradece; el reparto de apoyo —Jose Garza, Justin Guyot, Todd Hererra, Phil Holmer— construye el entorno social con la densidad necesaria para que las decisiones del protagonista tengan consecuencias reales.

El mayor acierto de la película es negarse al atajo emocional más habitual del género. La mayoría de los thrillers románticos de amnesia resuelven la dicotomía corazón-cerebro restaurando los recuerdos: el final se convierte en una formalidad técnica. Underneath the Same Moon mantiene la pregunta abierta durante más tiempo del que resulta cómodo, apostando por la proposición más espinosa: que lo que el cerebro borra, el sistema nervioso retiene.

Como ejercicio de género que juega limpio con su propia premisa, la película se sitúa entre lo correcto y lo inesperadamente valiente. Los momentos de comedia aliguan el peso existencial sin desactivarlo; el romance sostiene sus apuestas manteniendo a ambas mujeres como personajes reales en lugar de hacer que una de ellas represente la opción incorrecta. Una película de San Valentín que no pide que te rindas a ninguna respuesta, sino que aceptes la compañía de la pregunta.

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