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Very bad Things: caos sin control que ahoga su potencial

Martin Cid
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La sangre salpicando el espejo del baño es la primera imagen que queda grabada en Very Bad Things, la ópera prima de Peter Berg, un momento que define el tono de esta comedia negra descontrolada. Lo que comienza como una típica despedida de soltero en Las Vegas se transforma rápidamente en una espiral de caos y violencia cuando los amigos de Kyle Fisher (Jon Favreau) intentan encubrir la muerte accidental de una stripper. La premisa es prometedora: un grupo de hombres normales enfrentándose a consecuencias extraordinarias, pero el filme tropieza con sus propias ambiciones.

Berg maneja bien algunos momentos de tensión, especialmente en las escenas iniciales donde el pánico se apodera del grupo tras la muerte accidental. La dinámica entre los personajes funciona en estos primeros actos, con Favreau y Jeremy Piven destacando como los elementos más equilibrados del reparto. Cameron Diaz, en un papel menor pero memorable como Laura, aporta un toque de crudeza necesaria que contrasta con el pánico masculino. Su actuación es breve pero impactante, especialmente en la escena donde confronta a Kyle (Jon Favreau) con una frialdad que corta cualquier pretensión de redención.

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Sin embargo, Very Bad Things se desmorona bajo el peso de su propia absurdidad. La decisión de Berg de escalar la violencia a niveles grotescos —desde cuerpos desmembrados hasta accidentes automovilísticos— pierde el equilibrio entre lo cómico y lo trágico. Lo que podría haber sido una sátira mordaz sobre la moralidad masculina se convierte en un festival de mal gusto, especialmente en escenas como la confrontación final con Adam (Daniel Stern) o el macabro clímax en la boda.

El mayor problema del filme es su estructura narrativa. Berg intenta mantener el suspense y el humor negro simultáneamente, pero la trama se vuelve caótica e inconsistente. Las decisiones de los personajes son cuestionables incluso dentro del contexto de la ficción: ¿por qué confiarían en Robert (Slater), el menos confiable del grupo, para liderar el encubrimiento? La falta de coherencia en sus acciones debilita la credibilidad emocional que la película intenta construir.

A nivel técnico, la cinematografía es funcional pero poco inspiradora. Berg no logra distinguirse visualmente, y aunque hay algunos planos efectivos —como las tomas claustrofóbicas del baño donde ocurre el accidente—, no compensan la falta de un estilo distintivo. La banda sonora, por otro lado, intenta añadir tensión con música intrusiva que a menudo interrumpe más de lo que complementa.

Donde Very Bad Things sí acierta es en su crítica social. La película expone la hipocresía y el egoísmo de los personajes masculinos, mostrando cómo su lealtad se desmorona bajo presión. Cameron Diaz aporta un contrapunto necesario como Laura, whose blunt honesty cuts through the male panic. Sin embargo, estos momentos de lucidez quedan ahogados en una avalancha de violencia gratuita que diluye el mensaje.

La dirección de Berg es desigual. Hay instantes donde demuestra un control notable del ritmo y la tensión, especialmente en las escenas iniciales de pánico en el hotel. Sin embargo, su manejo de los personajes secundarios es inconsistente. Leland Orser, como Charles Moore, y Daniel Stern, como Adam Berkow, tienen momentos memorables pero carecen de un arco coherente que justifique sus acciones. Slater, por otro lado, parece estar actuando en una película diferente, con un tono que oscila entre lo grotesco y lo melodramático.

El guion también sufre de problemas estructurales. La primera mitad del filme es ágil y entretenida, pero la segunda mitad se hunde en su propia absurdidad. La escena donde Adam es aplastado por un Jeep, aunque impactante visualmente, carece de la carga emocional necesaria para justificar su inclusión. Del mismo modo, el clímax en la boda, con Robert cayendo por las escaleras, parece más una parodia de sí mismo que un momento culminante.

En comparación con otras comedias negras del mismo período, como Fargo (1996) o The Big Lebowski (1998), Very Bad Things carece de la profundidad temática y el equilibrio tonal que hacen destacables a esas películas. Donde Coen hermanos logran una sátira social cohesionada y los hermanos Joel e Ethan Coen mantienen un tono constante, Berg se pierde en su intento por combinar humor, suspense y horror.

El público al que va dirigida Very Bad Things es ambiguo. No es lo suficientemente oscura para los amantes del terror ni lo suficientemente cómica para los fans de la comedia. Aquellos que busquen una crítica social mordaz quedarán decepcionados por su falta de coherencia temática. Sin embargo, hay un nicho para quienes disfruten del humor negro más grotesco y las tramas caóticas.

En última instancia, Very Bad Things es un filme desigual: tiene instantes de brillantez oscura y un elenco que intenta darle peso a un guion que se extralimita. La dirección de Berg es prometedora pero inconsistente, y aunque hay momentos de tensión bien ejecutados, la película no logra mantener un tono coherente.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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