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Very bad things: una crítica mordaz a la hipocresía masculina

Martin Cid

La escena inicial de Very Bad Things (1998) es un torbellino de risas incómodas: cinco amigos en Las Vegas, una stripper muerta por accidente y un grupo de hombres que desciende rápidamente a la farsa moral. Dirigida por Peter Berg en su debut como director, esta comedia negra no se conforma con ser solo otra película de fiesta que sale mal; es un espejo deformante de las dinámicas masculinas y la clase media estadounidense.

El reparto es el verdadero punto fuerte del film: Cameron Diaz brilla como Laura Garrety, la novia obsesionada con la boda cuya frialdad calculadora se vuelve cada vez más perturbadora a medida que avanza la trama. Jon Favreau, Christian Slater y Jeremy Piven también destacan, pero es Daniel Stern quien roba las escenas como Adam Berkow, el amigo cuya conciencia lo lleva a un final trágico. Las actuaciones son crudas y sin filtros, especialmente cuando los personajes pasan de la risa nerviosa al pánico desenfrenado.

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La película no teme cruzar líneas: desde el asesinato accidental inicial hasta el macabro viaje al desierto para enterrar los cuerpos, cada escena aumenta la tensión. Berg maneja bien el tono, equilibrando el humor negro con momentos genuinamente aterradores. La secuencia en la que los hombres intentan deshacerse de los cadáveres es especialmente memorable por su absurdidad y su crudeza.

Sin embargo, Very Bad Things tropieza en su tercera acto. La acumulación de muertes y traiciones se vuelve repetitiva, y el ritmo se resiente. Además, la decisión de Laura de seguir adelante con la boda a pesar del caos moral que rodea a Kyle (Jon Favreau) es difícil de creer sin una justificación más sólida. La película también pierde algo de su mordacidad al convertirse en un thriller convencional hacia el final.

Aún así, hay momentos brillantes que compensan las deficiencias narrativas. La escena del accidente con el minivan de Adam, por ejemplo, es un ejemplo perfecto de cómo Berg combina humor y horror sin perder el control del tono. Y la performance de Diaz como una mujer aparentemente perfecta que oculta una moral flexible es fascinante.

En última instancia, Very Bad Things es una comedia negra que no teme ensuciarse las manos, pero su ambición a veces supera su ejecución.

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