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White Men Can’t Jump: Remake sin chispa ni profundidad

Susan Hill
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La escena inicial de White Men Can’t Jump (2023) es un torbellino de baloncesto callejero, con Kamal (Sinqua Walls) ejecutando una serie de movimientos imposibles frente a una multitud boquiabierta. Es un momento que promete acción, química y humor, pero el resto del film no logra mantener ese nivel de energía.

Dirigida por Calmatic y escrita por Kenya Barris y Doug Hall, esta remake del clásico de 1992 sigue a Jeremy (Jack Harlow), un exastro lesionado, y Kamal, un prodigio decadente, que se unen para intentar revivir sus sueños en el baloncesto callejero. La premisa es sencilla: dos tipos opuestos que necesitan unirse para sobrevivir. Sin embargo, la ejecución adolece de problemas estructurales y narrativos.

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Donde el original brillaba con el carisma eléctrico de Wesley Snipes y Woody Harrelson, esta versión se queda corta. Harlow, en su debut actoral, carece del peso necesario para sostener un rol protagonista. Su interpretación es plana, casi caricaturesca, como si estuviera imitando a un personaje de comedia en lugar de crear uno propio. Sinqua Walls, por otro lado, logra capturar algo de la arrogancia y el talento de Kamal, pero su actuación se ve limitada por un guion que no le permite explorar las capas más profundas del personaje.

Lance Reddick, como Benji, aporta una presencia serena que equilibra algunas escenas. Su papel es pequeño pero crucial, ya que actúa como la conciencia moral de la dupla protagonista. Teyana Taylor y Laura Harrier también hacen buenas contribuciones en sus respectivos roles, pero sus personajes terminan siendo secundarios en una trama que debería haberles dado más espacio para brillar.

La dirección de Calmatic es competente, pero carece de la audacia visual necesaria para distinguirse. Las secuencias de baloncesto son dinámicas, con planos rápidos y ángulos innovadores que capturan la intensidad del juego. Sin embargo, la cinematografía de Tommy Maddox-Upshaw no logra capturar la esencia cruda y urbana del original. Donde Ron Shelton, director del film de 1992, usaba una paleta de colores tierra y planos más naturales para reflejar el ambiente callejero, Calmatic opta por un estilo más pulido y artificial que distancía al espectador de la acción.

La banda sonora, aunque bien curada con una mezcla de hip-hop y R&B, a veces compite más que complementa la acción en pantalla. Canciones como «Passin’ Me By» de The Pharcyde y «HOLLANDAISE» de Ab-Soul son excelentes elecciones, pero su uso no siempre está bien integrado. Hay momentos en los que la música parece estar ahí solo para llenar el silencio, en lugar de reforzar las emociones o la narrativa.

Uno de los mayores problemas del film es su estructura. La trama avanza de manera predecible, con giros y conflictos que carecen de profundidad. El mensaje sobre la amistad y la redención está presente, pero se entrega de forma tan simplista que resulta difícil conectar emocionalmente con los personajes. Donde el original exploraba temas de raza, clase y ambición con una capa de humor ácido, esta versión se queda en la superficie.

Las escenas de trash-talking, aunque entretenidas, carecen del filo satírico que hacía memorable al material original. La decisión de incluir cameos de atletas reales como Blake Griffin y Tyler Herro añade un toque de autenticidad, pero también interrumpe el flujo narrativo. Estos cameos parecen más como intentos desesperados por mantener la atención del espectador que como contribuciones orgánicas a la historia.

El guion, escrito por Kenya Barris y Doug Hall, tiene momentos brillantes, pero en general adolece de una falta de coherencia temática. Hay escenas que intentan abordar temas serios como el racismo y la desigualdad económica, pero lo hacen de manera tan superficial que resultan más bien didácticas que conmovedoras. La película parece estar en conflicto consigo misma: no sabe si quiere ser una comedia ligera o un drama social.

En cuanto a su público objetivo, White Men Can’t Jump (2023) parece dirigido a los fanáticos del baloncesto y los amantes de las comedias deportivas. Sin embargo, incluso dentro de este nicho, la película tiene dificultades para destacar. Comparada con el original, esta remake se siente como un esfuerzo por capitalizar en la nostalgia sin ofrecer nada nuevo o emocionante.

La crítica ha sido mayoritariamente negativa. Rotten Tomatoes le da un 26% de aprobación, mientras que Metacritic le asigna una puntuación de 40 sobre 100. Wendy Ide de The Observer critica la falta de gall en la dirección.

En definitiva, White Men Can’t Jump (2023) es un remake que no logra justificar su propia existencia. Carece de la profundidad temática del original, la química entre los protagonistas es forzada y la dirección no aporta nada nuevo al género.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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