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Zom 100″: una sátira laboral que acierta con su tono grotesco

Martin Cid
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La escena inicial de Zom 100: Bucket List of the Dead (2023) es un espejo grotesco pero preciso: Akira Tendo (Eiji Akaso), nuestro protagonista, se prepara frenéticamente para llegar «puntual» a una reunión mientras zombis hambrientos golpean la puerta de su oficina. La cámara se balancea entre el caos exterior y el absurdo interior —un jefe gritando, papeles volando— hasta que Akira, con una sonrisa macabra, rompe la ventana y grita: «¡Llegaré tarde!». Este momento captura perfectamente el tono de la película: una comedia negra que usa el apocalipsis zombie como metáfora de liberación laboral.

Dirigida por Yusuke Ishida, esta adaptación del manga homónimo es un viaje disparatado pero sorprendentemente coherente. Akira, un empleado maltratado cuya vida se reduce a horas extras y humillaciones, encuentra en la pandemia zombie una oportunidad para vivir. Su «bucket list» de 100 cosas por hacer antes de convertirse en no-muerto —desde comer sushi hasta acampar— funciona como un dispositivo narrativo inteligente que le permite al filme equilibrar el horror gore con momentos de ternura absurda, como cuando Akira y sus nuevos compañeros (entre ellos Shizuka Mikazuki, interpretada por Mai Shiraishi) discuten si los zombis merecen derechos laborales.

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La película pertenece a un subgénero en auge: el «zombie comedy», donde títulos como Shaun of the Dead o Warm Bodies han explorado la humanidad detrás del apocalipsis. Sin embargo, Zom 100 se distingue por su enfoque claramente japonés, mezclando el humor absurdo con una crítica social mordaz al sistema laboral nipón —el famoso «karoshi» (muerte por exceso de trabajo)—. La trama sigue a Akira mientras navega un Tokio infestado de zombis, acompañado por personajes como Kenichiro Ryuzaki (Shuntaro Yanagi), su amigo de la universidad con aspiraciones de stand-up comedy, y Saori Ohtori (Yui Ichikawa), una misteriosa mujer que se une al grupo. Cada personaje representa una faceta del descontento social: desde el artista frustrado hasta la ejecutiva atrapada en un matrimonio infeliz.

Donde la película brilla es en su ritmo ágil y su capacidad para mezclar géneros sin perder identidad. La banda sonora, que incluye temas como «Song of the Dead» de KANA-BOON, eleva las escenas de acción con un rock energético que contrasta con la atmósfera opresiva del Tokio infestado. La fotografía juega con contrastes visuales: los tonos grises y fríos de las oficinas corporativas vs. los colores vibrantes de los lugares que Akira visita en su lista, como el parque de atracciones abandonado donde se desarrolla una secuencia especialmente memorable. En esta escena, la cámara sigue a Akira y sus compañeros mientras corren entre atracciones rotas, zombis persiguiéndolos, y un score que mezcla sintetizadores ochenteros con percusiones tribales. Es uno de los pocos momentos en los que el filme se permite ser puramente cinematográfico, sin depender del humor o la sátira.

El reparto entrega actuaciones sólidas dentro de los límites del género. Eiji Akaso como Akira transmite tanto la desesperación de un hombre roto como la euforia de alguien redescubriendo su humanidad. Mai Shiraishi roba escenas como Shizuka, con su sarcasmo afilado y momentos de vulnerabilidad bien dosificados. Kazuki Kitamura, en el papel del CEO Gonzo Kosugi, encarna la esencia del villano corporativo: arrogante, despiadado y, sorprendentemente, uno de los zombis más peligrosos que encuentran.

Sin embargo, no todo es perfecto. El tercer acto, cuando revela la conspiración detrás del virus zombie (un giro hacia el thriller científico), pierde parte del encanto caótico que define el resto del filme. La introducción de un «antídoto» natural se siente forzada, como un intento por añadir profundidad a una premisa que ya funcionaba bien con su tono ligero. Además, algunos personajes secundarios —como Kenichiro Ryuzaki (Shuntaro Yanagi)— tienen arcos incompletos, reducidos a esbozos de lo que podrían haber sido figuras memorables.

La dirección de Ishida es segura pero poco arriesgada. Opta por planos seguros y edición rápida, evitando tomas audaces o experimentación visual más allá del uso efectivo de la banda sonora y los colores. Comparada con otros filmes de zombis recientes como Train to Busan, que jugaba con tensiones sociales similares pero en un tono más oscuro, Zom 100 se queda en la superficie. No explora tanto las dinámicas grupales o la moralidad del canibalismo como lo hace The Girl with All the Gifts, sino que se enfoca en el viaje individual de Akira.

El público objetivo de Zom 100 es claro: fans del manga original, amantes del humor absurdo y quienes buscan una crítica social disfrazada de entretenimiento ligero. No es una película para espectadores que esperen profundidad psicológica o desarrollo narrativo complejo, pero sí para aquellos que disfruten de un ritmo ágil y momentos de comedia inesperados.

En el fondo, Zom 100 es una crítica mordaz al capitalismo despiadido, disfrazada de comedia zombie. Pero donde otras películas del género caerían en lo didáctico, esta se mantiene fiel a su absurdo: cuando Akira y sus amigos discuten si los zombis merecen derechos laborales, el filme no pierde la oportunidad de reírse de sí mismo.

MCM Score: 7.1/10 — craft 2 / story 1 / performances 2 / originality 1 / genre_fit 1.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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