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El plan de De la Fuente deja a Francia sin balón y mete a España en la final del Mundial 2026

Kenji Nakamura

La primera semifinal del Mundial se anunciaba como un duelo entre dos de los mejores ataques del torneo. Acabó siendo una lección de control. España se metió en la final sin permitir que Francia se asentara nunca, quedándose con el balón y el ritmo de tal forma que un equipo que había ganado sus seis partidos no llegó a construir una sola ocasión clara.

Kylian Mbappé terminó con menos toques que cualquier otro titular sobre el césped. Ese dato, más que los dos goles, resume la noche. Francia llegaba invicta y se marchó sin obligar a una parada de mérito: el plan de España no la ganó tanto como la retiró del partido.

El patrón que decidió el partido

Luis de la Fuente planteó a España para ahogar el juego en el centro del campo, y lo consiguió. Con Martín Zubimendi tapando a la defensa y Fabián Ruiz y Dani Olmo girando a su alrededor, España fue dueña del medio y convirtió cada despeje francés en otro ataque propio. Francia no encadenaba dos pases en campo español; cuando robaba, la presión le quitaba el balón en segundos.

El primer gol nació de esa presión más que de un error concreto, aunque el error también estuvo. En un centro de Marc Cucurella, Lucas Digne quiso peinar el balón para sí mismo, perdió la referencia de Lamine Yamal y golpeó al extremo en el muslo. El árbitro Iván Barton señaló el punto de penalti. Mikel Oyarzabal lo mandó alto, a la escuadra derecha de Mike Maignan: su quinto del torneo y la ventaja que el dominio de España venía prometiendo desde hacía veinte minutos.

Una Francia sin camino

Didier Deschamps había construido el torneo francés sobre la transición y la amenaza de Mbappé al espacio. España le negó las dos cosas. Al quedarse con el balón, no le dio nada que contraatacar; al defender alta y estrecha, no dejó hueco a la espalda para que Mbappé corriera. El delantero se abrió y bajó a buscar el balón, y cada vez que lo tocaba dos camisetas rojas le cerraban el ángulo. Deschamps movió el banquillo —Adrien Rabiot, amonestado, salió al descanso; Manu Koné entró al medio; llegaron Désiré Doué y Rayan Cherki— pero nada cambió la forma del duelo.

El segundo gol fue el resumen del plan español. Pedro Porro metió un pase interior a Olmo en la frontal y siguió su carrera; Koné y Doué lo vieron pasar. Olmo, derribado por Dayot Upamecano en el momento de soltarla, aun así encontró la devolución, y Porro apareció en un pasillo abierto para batir a Maignan. Un toque, con ángulo, sin prisa: un gol de movimiento, no de fuerza.

Una defensa que ha dejado de encajar

Con todo su dominio, la cifra que debería inquietar al resto está en la otra portería. España ha encajado un gol en siete partidos. Aymeric Laporte y Pau Cubarsí resolvieron sin apuros cuanto propuso Francia, y Unai Simón pasó casi toda la noche sin una parada de mérito, con su única intervención de verdad tarde, para negarle el gol a Doué. Un equipo que guarda tan bien el balón y concede tan poco no regala caminos de vuelta.

La noche de Mbappé terminó con una amarilla por un choque tardío con Simón y un disparo elevado por encima del larguero: apresurado, aislado, lejos del arco. Deschamps cae en semifinales con la delantera más talentosa que quedaba, batido no por un error sino por un rival que volvió irrelevantes sus virtudes.

Lo que España lleva a la final

España llega a la final del MetLife con la mejor defensa del torneo y un medio capaz de robarle el partido a cualquiera; y con Yamal, Olmo y Oyarzabal, calidad para castigar las medias ocasiones que genera su control. De la Fuente aún guarda a Pedri y Mikel Merino, que hoy entraron tarde. Queda por decidir el rival: Inglaterra y Argentina se ven en Atlanta, y cada una traería un problema distinto. Quien pase tendrá que resolver lo que Francia no pudo: cómo recuperar el balón de un equipo que ha decidido que prefiere no soltarlo.

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