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Mundial 2026, cuartos de final: Francia acaba con Marruecos y se mete en semifinales sin despeinarse

Jack T. Taylor

Hay una forma de ganar que nunca parece esfuerzo, y Francia la ha convertido en su torneo entero. Los cuartos de final se abrieron con una sola eliminatoria, y Francia la afrontó como ha afrontado cada noche aquí: se negó a dejarse arrastrar a una pelea, absorbió el único golpe que podía descolocarla y luego resolvió el partido en el tiempo que se tarda en perder la concentración. Marruecos llegó con un plan, con una historia y con un país detrás. Se marchó sin nada de eso, batido 2-0, y Francia entró en semifinales sin despeinarse.

El momento que te decía quiénes eran estos dos equipos llegó antes que cualquiera de los goles. Marruecos, compacto y valiente, había mantenido el partido donde quería, y entonces se ganó la ocasión más clara de la primera parte, obra suya: un penalti, y Kylian Mbappé colocado sobre el balón. Yassine Bounou adivinó el lado y lo repelió, la parada del día, de esas que agarran a un equipo por las solapas y lo levantan. Y no pasó nada. Francia no se inmutó, no salió a perseguir el partido, no le regaló a Marruecos la rendija que un fallo así debería abrir. Sencillamente volvió a lo que estaba haciendo, como si el penalti hubiera sido un rumor. Ese es el rasgo que define a este equipo más que ningún nombre propio: una negativa casi fría a ponerse nervioso.

Cuando llegó la brecha, llegó de golpe. En el minuto sesenta Mbappé respondió a su propio fallo con una definición imparable, cruzada abajo y con fuerza junto a Bounou, la réplica del delantero a haber sido negado escrita en el gesto de su pierna. Seis minutos después ya eran dos: Mbappé se hizo asistente y Ousmane Dembélé apareció para firmar el segundo con la misma violencia limpia. Doce minutos de fútbol de verdad decidieron unos cuartos que Marruecos había pasado una hora manteniendo en tablas. Esa es la economía de Francia: no te avasalla, espera la costura y la atraviesa, y cuando notas la herida el partido ya se ha ido.

Los números subrayan lo desigual que fue el control por debajo del marcador. Francia había construido una ventaja clara en los primeros compases del partido mientras Marruecos apenas conseguía tocarla, y en cuanto cayó el primer gol la eliminatoria no volvió a parecer en duda. La rebeldía marroquí, tan real una ronda antes contra los anfitriones, no encontró camino ante una Francia que apenas le da a un rival algo a lo que agarrarse. Su Mundial termina donde a punto estuvo de terminar su edición más atrevida, derribada de nuevo por el mismo rival, el cuento chocando contra el mismo muro con el que ya chocó.

Para Francia el logro empieza a parecer histórico por su propia sobriedad. Es el único equipo que sigue vivo habiendo ganado sus seis partidos, y el único del torneo que no ha jugado una prórroga. Ni penaltis, ni acto de rescate, ni una noche en la que la máquina se atascara. El equipo de Didier Deschamps no ha producido el fútbol más vibrante del torneo, y no le hace falta; produce el resultado, una y otra vez, y lo archiva. Cabe defender que ningún equipo ha parecido más campeón precisamente porque ninguno ha parecido menos apurado.

Esa es la historia que la jornada deja en el cuadro. Francia espera ahora al ganador de España y Bélgica, y jugará esa semifinal el día de la Fiesta Nacional francesa, una fecha que la federación no habría podido guionizar mejor. Quien salga de Inglewood llegará habiendo sobrevivido a una eliminatoria de peso; Francia llegará sin haber sobrevivido a nada, descansada y sin marcas, lo cual es su gran ventaja o lo único que aún no se le ha puesto a prueba. Todavía no se ha visto obligada a ganar un partido que iba perdiendo. En algún lugar de las semifinales, alguien intentará forzarla a ello.

Los demás cuartos de final aún están por jugarse, y son las eliminatorias que decidirán quién se cruza con Francia en la final. España y Bélgica abren la siguiente ronda, un choque entre el ataque más fluido del torneo y uno de sus equipos más pillos en la eliminación directa. Un día después, Noruega e Inglaterra dirimen la primera plaza de semifinales de la otra mitad, el Mundial largamente aplazado de Erling Haaland contra una Inglaterra de Thomas Tuchel que ha ganado feo y ha ganado igual. Y para cerrar los cuartos, Argentina se mide a Suiza, la marcha prudente de la vigente campeona frente al equipo que ya ha eliminado a una favorita y no teme claramente a ninguna. Tres partidos, tres asientos de semifinal y una final aún tomando forma.

Pero la jornada fue de Francia, y de la manera de serlo. No celebró como un equipo que ha sobrevivido a algo, porque no lo hizo. Celebró como un equipo que tacha una etapa, que es lo más inquietante que tiene. Marruecos le lanzó su noche más brava y se llevó un penalti parado y un marcador que no maquilló a nadie. Francia está en semifinales, todavía perfecta, todavía sin prisa y todavía, a la vista de esto, el equipo al que el resto del Mundial tiene que encontrar la forma de parar.

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