Finanzas y Negocios

El QQQ duplicó la rentabilidad del S&P 500 en 27 años — la IA apunta a prolongarlo

Victor Maslow

El argumento a favor del Invesco QQQ Trust nunca ha sido sutil. Un fondo que sigue el Nasdaq-100 — las cien mayores empresas no financieras cotizadas en el Nasdaq — concentra aproximadamente el 70% de su peso en valores tecnológicos. Para la generación que entra en sus primeras décadas de inversión, esa concentración es precisamente el objetivo.

Durante 27 años, el QQQ ha rentado un 10,9% anual compuesto. Los mismos 10.000 dólares invertidos en el S&P 500 en el mismo periodo habrían crecido hasta aproximadamente 92.769 dólares. En el QQQ, se convirtieron en 163.362 dólares. La diferencia — más de 70.000 dólares sobre una única inversión inicial — provino de la sobreponderación constante del fondo hacia las empresas que construían lo que en cada década se consideraba el motor de crecimiento de la economía: primero internet, luego la informática personal a gran escala, después los teléfonos inteligentes y, más tarde, la infraestructura en la nube.

Las principales participaciones actuales del fondo hacen visible la siguiente apuesta. Apple representa un 8,43% de la cartera. Nvidia, un 8,04%. Alphabet, con un 6,34%, y Microsoft, con un 4,93%, completan la concentración. Desde principios de 2023, las diez primeras posiciones han promediado rentabilidades superiores al 500% — una racha impulsada por la ola de inversión en inteligencia artificial que ha reestructurado la forma en que estas empresas gastan capital, contratan ingenieros y fijan precios para sus clientes empresariales.

El caso en contra de mantener este fondo no es desconocido. La concentración tecnológica del QQQ es un arma de doble filo. Cuando el sector tecnológico cae, lo hace con más fuerza que el mercado en general: el fondo acumula actualmente una caída del 9% desde sus máximos recientes, frente al 3% del S&P 500. Esa brecha es coherente con la historia del fondo — en las fases bajistas, la prima por crecimiento se convierte en prima por riesgo. Un inversor que compra QQQ en un pico y entra en pánico en un valle apenas captura ninguna de las ventajas a largo plazo. Las matemáticas solo funcionan para quienes pueden mantener la posición durante las contracciones.

El argumento estructural descansa en el tiempo. El gasto en infraestructura de inteligencia artificial — centros de datos, sistemas de energía, fabricación de chips, entrenamiento de modelos — sigue en su fase de inversión de capital, no en su fase de cosecha. Las empresas que dominan las primeras posiciones del QQQ son las principales beneficiarias. Que ese gasto se traduzca en las ganancias de productividad que las compañías están prometiendo a sus consejos de administración es una pregunta que los próximos cinco años empezarán a responder.

Para los inversores más jóvenes, la variable más determinante no es la rentabilidad actual del fondo. Es la longitud del horizonte temporal. Rentar un 10,9% compuesto durante treinta y cinco años duplica la diferencia.

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