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Where the Crawdads Sing: Una estética visual deslumbrante pero narrativa endeble

Martin Cid
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El pantano se extiende como una mancha verde bajo un cielo anaranjado al atardecer, los reflejos del agua danzando con la luz del sol que se filtra entre las hojas de los árboles. Kya Clark (Daisy Edgar-Jones), descalza y con el vestido manchado de barro, recoge conchas y observas los pájaros. Es una imagen que define Where the Crawdads Sing (2022) dirigida por Olivia Newman: la belleza de lo salvaje y la soledad como refugio. Pero también es un espejismo, porque detrás de esa estética pictórica se esconde una historia que lucha por encontrar su equilibrio.

Adaptada de la novela de Delia Owens, la película sigue a Kya, una niña abandonada por su familia en los pantanos de Carolina del Norte en los años 50. A medida que crece en soledad, aprende a sobrevivir en un entorno hostil, pero también se enfrenta al prejuicio y la crueldad de los habitantes de Barkley Cove. Cuando su exnovio Chase Andrews (Harris Dickinson) es encontrado muerto, Kya se convierte en el chivo expiatorio perfecto para una comunidad que nunca la aceptó. La trama alterna entre dos líneas temporales: la infancia de Kya y el juicio por asesinato años después.

Newman demuestra un talento excepcional para capturar la belleza visual del pantano. Las tomas aéreas de los paisajes, las texturas del agua y la vegetación, y la luz dorada que filtra entre los árboles crean una atmósfera hipnótica. La cinematografía de Peter Simonite es, sin duda, uno de los puntos fuertes de la película. Sin embargo, esta obsesión por lo visual a veces sacrifica el desarrollo emocional de los personajes. Kya es un personaje fascinante, pero su evolución psicológica se siente superficial en comparación con la riqueza de los paisajes que la rodean.

Daisy Edgar-Jones ofrece una actuación conmovedora como Kya. Logra transmitir tanto la vulnerabilidad de una niña abandonada como la determinación de una mujer que se niega a ser derrotada por las circunstancias. Su química con Taylor John Smith (Tate Walker), el chico del pueblo que se convierte en su primer amor, es palpable. Las escenas entre los dos están cargadas de una ternura que contrasta con la crudeza del entorno. Harris Dickinson, como Chase Andrews, también destaca, aunque su personaje queda algo limitado por el guion.

Sin embargo, donde la película tropieza es en su intento de equilibrar múltiples géneros. Es una historia de crecimiento personal, un thriller de asesinato y un romance melancólico, pero a menudo se siente como si estuviera tirando en direcciones opuestas. La trama del juicio, por ejemplo, introduce elementos de suspense que no siempre encajan con el tono contemplativo del resto de la película. Las escenas del tribunal, aunque necesarias para la trama, carecen del mismo peso emocional y visual que las secuencias en los pantanos.

El elenco secundario, aunque competente, no logra destacar tanto como los protagonistas. David Strathairn, como el abogado Tom Milton, y Bill Kelly, como el sheriff Jackson, cumplen con su papel, pero sus personajes quedan algo planos. Michael Hyatt, como Mabel, la esposa de Jumpin’ (Sterling Macer Jr.), aporta un toque de calidez y humanidad a la historia, pero su presencia es demasiado breve.

Uno de los aspectos más interesantes de Where the Crawdads Sing es su exploración de temas como el aislamiento, la injusticia social y la conexión con la naturaleza. La película no solo es una historia de supervivencia, sino también un comentario sobre cómo la sociedad trata a aquellos que son diferentes. Kya es una outsider, alguien que no encaja en los moldes tradicionales de la comunidad, y su lucha por ser aceptada es un reflejo de las tensiones raciales y sociales de la época.

La dirección de Newman es segura pero cautelosa. Aunque demuestra un gran dominio técnico, a veces falta audacia en la narrativa. La película sigue fielmente la estructura de la novela, pero esto también significa que no siempre se atreve a tomar decisiones más arriesgadas. Hay momentos en los que la trama parece estancarse, especialmente durante las escenas del juicio, que podrían haberse beneficiado de un ritmo más dinámico.

Where the Crawdads Sing es una película que busca conectar con el público a través de su belleza visual y su historia emocional. Es una experiencia cinematográfica que puede apreciarse por su fotografía y actuaciones, pero que también deja la sensación de que podría haber sido mucho más.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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