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Wanda Sykes, la cómica que dejó un puesto en la NSA para discutir cuarenta años con su país

Penelope H. Fritz

El dato biográfico que ordena todo lo demás sobre Wanda Sykes es que pasó cinco años como funcionaria de contratos en la Agencia de Seguridad Nacional. Tramitaba papeleo dentro de una de las instituciones más opacas del país y, a los veintitrés, se largó para hacer micrófonos abiertos en clubes de Washington. Cuatro décadas más tarde está grabando para Netflix un tercer especial en su propia universidad históricamente negra, dirigido por la autora de Daughters of the Dust y titulado Legacy. La trayectoria no es la del comediante de club al uso. Es la de alguien que entendió muy pronto a qué instituciones quería pertenecer y a cuáles no, y lleva ajustando ese cálculo en público, sobre el escenario, desde entonces.

Creció en Maryland, hija de un coronel del Ejército destinado al Pentágono y de una empleada de banca, y se graduó en Marketing en la Universidad de Hampton antes del paréntesis en la NSA. El despegue del stand-up fue casi accidental: ganó un concurso de talento en 1987 en un club de Washington y aquello le bastó para seguir entrando en salas. A principios de los noventa ya estaba en Nueva York, recorriendo clubes y abriendo para Chris Rock en Caroline’s. Cuando Rock montó su equipo de guion en HBO en 1997, la fichó. Dos años después ganó el Emmy de guion de variedades, el primero de diecisiete nominaciones que ha acumulado entre escritura, interpretación, doblaje y producción.

Los años dos mil le dieron la carrera que cualquiera le habría pedido aceptar: su propia comedia de Fox en 2003, Wanda at Large, y luego la coprotagonización junto a Julia Louis-Dreyfus en Las nuevas aventuras de la vieja Cristina entre 2006 y 2010. Hizo de mánager de Larry David en Larry David y prestó voz a personajes principales en Vecinos invasores, Ice Age 4: La formación de los continentes y Rio. En mayo de 2009 presentó la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca —primera persona abiertamente LGBTQ y primera mujer afroamericana en hacerlo— y usó el atril para llamar acto traicionero a la frase de Rush Limbaugh sobre Obama, con un tono tan directo que la noticia del día siguiente fue la reacción al chiste, no el chiste. Esa cena cerró cualquier versión de Sykes que pudiese pasar por comediante institucional.

La contradicción habitual al hablar de ella es que la crítica la etiqueta como cómica política mientras su material es esencialmente autobiográfico. El matrimonio con una mujer francesa, criar mellizos en un pueblo de Pensilvania, un carcinoma ductal in situ diagnosticado en 2011 que la llevó a una mastectomía bilateral, unos padres que no supieron que era lesbiana hasta 2004. Lo político entra por la puerta de servicio, a través del material familiar, porque ese material familiar existe dentro de un país que lleva décadas legislando contra alguna de sus partes. Cuando salió a contar marido y mujer en Sick & Tired en 2006, la batalla por el matrimonio igualitario aún estaba viva en el plano federal. En noviembre de 2008 se declaró públicamente lesbiana en un escenario de Las Vegas, en pleno revuelo de la Proposición 8. Los chistes sobre su mujer no son nunca solo eso. Eso es el número.

Su carrera contiene una renuncia pública decisiva. En mayo de 2018, dirigiendo el guion del retorno de Roseanne en ABC, dimitió en una hora tras el tuit racista de Roseanne Barr contra Valerie Jarrett —Jarrett, asesora de Obama a la que Sykes conocía desde la cena de 2009— y la serie se canceló ese mismo día. La cancelación se ha leído desde entonces como decisión de ABC; la cronología indica que la decisión fue suya. No se quedó a negociar. No emitió comunicados medidos. Se fue, y a la cadena no le quedó margen. Es el resumen más limpio de cómo opera Sykes que figura en el registro público.

El segundo acto ha sido en Netflix. Not Normal llegó en 2019. The Upshaws, que cocreó con Regina Y. Hicks y donde interpreta a la tía cascarrabias Lucretia Turner junto a Mike Epps, lleva seis temporadas desde 2021 y le ha dado un hogar escrito que ayuda a moldear desde la sala de guionistas. I’m an Entertainer en 2023 sumó tres nominaciones a los Emmy y un Globo de Oro a stand-up en 2024. La Critics Choice Association le entregó un premio a la trayectoria en 2025 que no interrumpió la gira. Entre medias dobló protagónicos —Saving Bikini Bottom: The Sandy Cheeks Movie en 2024, Velma en Max en 2023 y 2024—, escribió y produjo la segunda temporada de La loca historia del mundo, Parte II de Mel Brooks, y copresentó los 94.º Oscar la noche en que Will Smith abofeteó a Chris Rock, suceso que condenó en escena en la misma hora que la habían contratado para mantener ligera.

Legacy, su tercer especial para Netflix, se estrena el 19 de mayo de 2026. Se rodó en la Universidad de Hampton —el campus que le entregó el título de Marketing— y lo dirige Julie Dash, cuya Daughters of the Dust de 1991 es uno de los textos fundacionales del cine independiente afroamericano. El cruce es el chiste y el argumento al mismo tiempo: una cómica que pasó su primera década abriendo huecos seguros en la habitación, ahora en las manos de la directora más intransigente de la historia del cine negro y en el campus que la formó. La gira Please & Thank You recorre teatros estadounidenses en paralelo. El número que lleva cuarenta años puliendo sigue discutiendo en público con el país que la produjo. El país, otra vez, paga la entrada.

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