Series

Delete: un thriller sci-fi sin sustancia

Susan Hill
Añádenos en Google

La pantalla del teléfono se ilumina con un brillo siniestro, y el dedo de Aim duda antes de presionar el botón que borrará a alguien para siempre. Esta escena inicial de Delete (2023) captura perfectamente la premisa morbosa de la serie: ¿qué harías si pudieras eliminar a las personas de tu vida como archivos en un disco duro? Creada por Parkpoom Wongpoom, esta producción tailandesa de Netflix mezcla thriller sci-fi con drama romántico, pero no logra equilibrar sus ambiciosas ideas con una ejecución pulida. Con ocho episodios que se extienden a lo largo de seis horas, Delete promete explorar las consecuencias morales y emocionales de un poder sobrenatural, pero termina siendo una colección de giros predecibles y desarrollo de personajes superficial.

El concepto central —un teléfono que borra a la gente al fotografiarlas— es intrigante y abre posibilidades narrativas interesantes. La premisa recuerda inevitablemente a Unfriended (2014), donde un espíritu utiliza redes sociales para matar, pero Wongpoom intenta darle un giro más filosófico al explorar el deseo humano de reescribir nuestro pasado. Aim (Nat Kitcharit) y Lilly (Sarika Sathsilpsupa), amantes en una relación adúltera, descubren el teléfono y deciden usarlo para deshacerse de obstáculos como sus parejas actuales. La tensión moral de sus acciones podría haber sido explorada con más profundidad, pero las consecuencias emocionales de cada «borrado» se sienten superficiales.

YouTube video

El guión, escrito por Wongpoom, nunca aprovecha al máximo este potencial. Los primeros episodios muestran cómo Aim y Lilly usan el dispositivo para manipular su realidad, pero en lugar de profundizar en la psicología de sus decisiones, la serie se conforma con una sucesión de eventos desencadenados por el uso del teléfono. La trama podría haber beneficiado de un enfoque más intimista, similar al de Dark (2017), donde las implicaciones morales y éticas de alterar el tiempo son exploradas con detalle. En cambio, Delete se pierde en una serie de escenas que, aunque visualmente atractivas, carecen de sustancia narrativa.

Donde Delete destaca es en su atmósfera opresiva y la dirección visual de Wongpoom. Las escenas donde los personajes interactúan con el teléfono están cargadas de suspense, con planos cerrados que enfatizan la culpa en los rostros de Aim y Lilly. La cinematografía juega con sombras y luces tenues para reflejar su doble vida, creando un tono adecuado para el género thriller psicológico. Sin embargo, esta atmósfera se ve interrumpida por momentos de acción exagerada y efectos visuales que recuerdan más a una serie de televisión convencional que a un thriller sofisticado.

El mayor problema de la serie es su estructura narrativa. Tras eliminar a varios personajes en los primeros episodios, la trama se vuelve predecible: cada «borrado» desencadena una nueva complicación, pero ninguna de estas complicaciones es particularmente original o bien desarrollada. El ritmo decae cuando introduce subtramas como el pasado traumático de Too (Natara Nopparatayapon) o los conflictos familiares de Lilly, que diluyen la tensión central. Estas subtramas, aunque intentan añadir profundidad a los personajes, terminan sintiéndose forzadas y desvían la atención del conflicto principal.

Las actuaciones son otro punto débil. Nat Kitcharit y Sarika Sathsilpsupa carecen del peso emocional necesario para vender la complejidad moral de sus personajes. Sus interpretaciones se sienten planas, como si estuvieran recitando líneas en lugar de vivir las emociones de sus personajes. Chutimon Chuengcharoensukying, en el papel de Orn, roba algunas escenas con su presencia fría y calculadora, pero incluso ella queda atrapada en diálogos que priorizan la acción sobre el desarrollo psicológico.

El elenco de apoyo tampoco logra destacar. Natara Nopparatayapon, como Too, tiene momentos de brillantez, especialmente cuando explora las implicaciones emocionales de perder a alguien cercano. Sin embargo, su arco narrativo se ve truncado por la estructura fragmentada de la serie. Jinjett Wattanasin y Wasita Hermenau, en los papeles de Tong y June respectivamente, aportan cierta frescura, pero sus personajes son subutilizados y terminan siendo meros espectadores de las acciones de Aim y Lilly.

Delete intenta ser una reflexión moderna sobre las segundas oportunidades y los límites éticos de la tecnología, pero termina siendo un ejercicio genérico de sci-fi. La serie podría haber beneficiado de un enfoque más minimalista, similar al de Black Mirror, donde cada episodio explora un tema diferente relacionado con la tecnología. En su lugar, Delete se conforma con una trama lineal que, aunque entretenida en momentos, no logra dejar una impresión duradera.

En cuanto a su público objetivo, Delete apela a los fans del thriller psicológico y el sci-fi convencional. Sin embargo, aquellos que buscan una exploración profunda de temas morales o una narrativa sofisticada pueden sentirse decepcionados. La serie es adecuada para una noche de maratón casual, pero carece de la profundidad necesaria para mantener la atención de un público más exigente.

A pesar de sus fallos, Delete tiene algunos momentos brillantes que valen la pena mencionar. La banda sonora, compuesta por una mezcla de música electrónica y piezas orquestales, añade una capa adicional de tensión a las escenas clave. Los efectos visuales del teléfono y sus consecuencias son también un punto a favor, aunque su uso excesivo en los últimos episodios resta originalidad a la trama.

En resumen, Delete es una serie que promete más de lo que entrega. Su premisa es interesante y su dirección visual es sólida, pero el guión y las actuaciones no logran elevar la producción al nivel de otras series del género.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

Etiquetas: , , , , ,

Añádenos en Google

Debate

Hay 0 comentarios.