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Miss Adrenaline: Thriller sensacionalista con brillo actoral desigual

Susan Hill
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La escena inicial de Miss Adrenaline: A Tale of Twins es un torbellino de ruedas y adrenalina pura: Romina Páez, interpretada por Juanita Molina, esquiva el tráfico de Bogotá en su motocicleta, su rostro oculto tras un casco, pero su determinación palpable incluso antes de quitárselo. Esta telerrealidad colombiana, estrenada en 2023, es un culebrón moderno con pretensiones de thriller, y ese contraste entre lo pulcro y lo sensacionalista define su identidad desde el primer fotograma.

La premisa —una ciclista competitiva que asume la identidad de su gemela desaparecida para vengar su muerte— es un gancho atractivo, pero el desarrollo se ahoga en convenciones del género. Molina brilla en los momentos más físicos, especialmente en las secuencias de acción donde su Romina/Lara (el nombre de su hermana) muestra una energía cruda que falta en los diálogos melodramáticos. David Palacio, como el antagonista Cristobal «Calidoso», roba escenas con un carisma oscuro, pero el resto del reparto oscila entre lo funcional y lo olvidable.

La serie peca por su estructura fragmentada: los flashbacks sobre la infancia de las gemelas interrumpen el ritmo sin aportar profundidad real. La dirección prioriza el espectáculo visual —los planos aéreos de Bogotá son impresionantes— pero descuida la coherencia emocional. Hay momentos memorables, como la revelación del pasado traumático de las hermanas, pero se diluyen en un mar de clichés: los malos demasiado malvados, los giros predecibles.

Donde Miss Adrenaline falla es en su ambición por ser algo más que un simple culebrón. El tono vacila entre el drama familiar y el thriller de venganza sin encontrar equilibrio. La banda sonora, aunque pegajosa, recurre demasiado a los tópicos del género: música dramática para subrayar cada conflicto.

En resumen, Miss Adrenaline: A Tale of Twins es un espectáculo visualmente atractivo pero narrativamente inconsistente. Molina destaca en su doble papel, y Palacio aporta una presencia memorable, pero la serie no logra elevarse por encima de las convenciones del género.

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La serie se estrenó en Caracol Televisión el 26 de julio de 2023 y luego llegó a Netflix el 30 de agosto del mismo año, lo que refleja su doble vida como producción local con aspiraciones internacionales. Este contexto es crucial para entender sus aciertos y fallos. Por un lado, la serie aprovecha el formato televisivo tradicional colombiano —dramas familiares extensos— pero intenta infundirle un ritmo más ágil y visualmente dinámico, algo que no siempre funciona.

La dualidad de Molina como Romina y Lara es el corazón de la serie, pero también su talón de Aquiles. En las escenas de acción, Molina demuestra una presencia física convincente, especialmente en las secuencias de motociclismo donde su habilidad para transmitir peligro y control simultáneamente es admirable. Sin embargo, cuando la trama se desplaza hacia el drama familiar o los diálogos emocionales, su actuación pierde fuerza, como si el guion no le diera espacio para explorar matices más sutiles.

David Palacio, por otro lado, encarna a Cristobal «Calidoso» con una mezcla de amenaza y carisma que lo hace memorable. Su interpretación es uno de los pocos momentos en los que la serie logra equilibrar el melodrama con un toque de sofisticación. El resto del reparto, aunque competente, no logra destacar tanto. Zharick León como Virginia Galindo de Vélez y María Luisa Flores como Yesenia Páez cumplen sus roles, pero sus personajes carecen de profundidad.

La dirección es desigual. Los planos aéreos de Bogotá son visualmente impresionantes y aportan un sentido de escala y ambiente que enriquece la narrativa. Sin embargo, la edición fragmentada y el uso excesivo de flashbacks diluyen el impacto emocional. La serie intenta abarcar demasiado: venganza, drama familiar, misterio, pero al hacerlo, pierde foco.

El tema central de la identidad gemelar es interesante, pero se explora superficialmente. Las escenas que muestran el pasado traumático de las hermanas tienen potencial para generar empatía y tensión, pero se presentan de manera demasiado convencional, sin aportar nada nuevo al género. La serie también intenta abordar temas como la corrupción y la justicia, pero estos elementos se sienten añadidos más por obligación que por convicción.

La banda sonora es otro punto conflictivo. Aunque las canciones seleccionadas son pegajosas y adecuadas para el tono general de la serie, su uso a veces resulta excesivo. La música subraya cada conflicto emocional o giro argumental, lo que puede hacer que los momentos más dramáticos se sientan manipuladores en lugar de genuinos.

En comparación con otras producciones similares, Miss Adrenaline: A Tale of Twins no logra destacar. Series como La Reina del Sur o El Señor de los Cielos han establecido un estándar para los dramas colombianos que combinan acción y melodrama, y esta serie no alcanza ese nivel. Aunque tiene momentos brillantes, especialmente en las secuencias de acción y la interpretación de Palacio, en general se siente como una oportunidad perdida.

La audiencia objetivo de Miss Adrenaline: A Tale of Twins parece ser los fanáticos del género telenovela que buscan un poco más de emoción y acción. Sin embargo, incluso para este público, la serie puede resultar decepcionante debido a su estructura fragmentada y su falta de originalidad. Los espectadores que buscan algo más sofisticado o innovador probablemente encontrarán la serie demasiado convencional.

En última instancia, Miss Adrenaline: A Tale of Twins es un esfuerzo valiente pero desigual. Tiene elementos que funcionan bien —la actuación de Molina en las escenas de acción, el carisma de Palacio, los planos visuales impresionantes— pero estos aciertos no son suficientes para compensar sus fallos.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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