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Secretos del deporte (Reino Unido): Vinnie Jones llega a Netflix y reabre el caso que la FA cerró en 1992

Jack T. Taylor

El 30 de septiembre de 1992, tres meses después de que la Premier League se separara de la Football League y vendiera sus derechos en directo a Sky, la Federación inglesa imputó a Vinnie Jones por «llevar el juego al descrédito». La imputación no se refería a ninguna entrada que el jugador hubiera hecho. Se refería a un vídeo de sesenta minutos en el que Jones explicaba, con voz pausada y mirada a cámara, cómo se hacían las entradas. La multa fue de 20.000 libras, una cifra récord para un futbolista inglés. La sanción adicional de seis meses quedó suspendida y nunca llegó a ejecutarse.

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Secretos del deporte (Reino Unido): Vinnie Jones, el tercer y último episodio de la miniserie británica del sello Untold de Netflix, está construido alrededor de ese expediente. Lo dirigen Ben Nicholas y David Tryhorn para Pitch Productions, la productora que ya firmó la entrega sobre el Liverpool de 2005 en este mismo estreno escalonado. La gramática es la del Untold reconocible: entrevista larga frente a archivo de época, sin voz en off explicativa, sin montaje vertiginoso. Lo que cambia respecto a las entregas estadounidenses del sello es la temperatura. Aquí no hay reverencia hacia el sujeto.

El argumento de fondo no es la redención. Es la distancia entre lo que la FA decidió castigar en una cinta de VHS y lo que la nueva Premier League iba a seguir vendiendo en el césped. Soccer’s Hard Men, el vídeo distribuido por Video Vision en noviembre de 1992, recopilaba imágenes de Graeme Souness, Bryan Robson, Nobby Stiles, Norman Hunter, Jack Charlton, Steve McMahon, Tommy Smith, Peter Storey, Ron Harris y Billy Bremner. Jones se limitaba a presentar el material y a comentar las técnicas. Fue el segundo videocasete deportivo más vendido en la campaña navideña de aquel año. Sam Hammam, presidente del Wimbledon, llamó «cerebro de mosquito» a Jones y prohibió la venta de la cinta en la tienda del club. Ninguno de los jugadores cuyas entradas describía Jones fue imputado. Solo lo fue quien las describía en voz alta.

El documental construye su caso a través de Jones, John Fashanu, Dave Bassett, Bobby Gould, Sam Hammam y Piers Morgan. Cada uno ocupa una posición distinta en el tribunal original. Fashanu y Bassett vivieron por dentro el vestuario de la Crazy Gang que ganó la FA Cup de 1988 contra el Liverpool —el «la Banda Loca derrotó al Culture Club» que el folclore del fútbol inglés ya había monetizado cuatro años antes del vídeo—. Gould dirigía aquel equipo desde el banquillo. Hammam era el dueño de esa marca y luego la repudió ante la prensa. Morgan, entonces jefe de la sección deportiva de The Sun, redactó tanto los titulares que alimentaron la indignación como los que sacaron rendimiento de ella. La nómina no se reúne para equilibrar versiones. Se reúne para reconstruir un procedimiento incompleto.

Nicholas y Tryhorn renuncian a la estructura que sugiere el tráiler. La película no es la cadena tópica entre las obras de Wealdstone y las colinas de West Hollywood pasando por Wembley. Es Wembley, tribunal de la FA, sanción que se diluye, y a partir de ahí el resto de la carrera —los años de Hollywood, el cáncer, la viudez tras la muerte de su esposa Tanya— colocada como prueba de lo que le ocurre a un jugador cuando la institución que lo disciplinó sigue adelante y el personaje por el que se le disciplinó es el único activo profesional que le queda. La medalla de la FA Cup, la carta del tribunal y el cartel de Lock, Stock and Two Smoking Barrels comparten encuadre.

La cadencia del montaje sostiene el argumento. Una respuesta de cuarenta segundos del entrevistado se acompaña con cuarenta segundos de imágenes de archivo, no con cinco. Los partidos de la Crazy Gang, las ruedas de prensa de Hammam, los anuncios del vídeo en horario nocturno y las filtraciones del comparecimiento de Jones ante la federación se dejan respirar lo suficiente para que el espectador registre textura, no iconografía. La película argumenta por duración. No le dice al espectador qué concluir; le obliga a permanecer dentro del periodo el tiempo necesario para entender por qué la sanción cayó donde cayó.

El gesto cultural es más interesante que la nostalgia. La Inglaterra que se sacudió en 1992 ante Soccer’s Hard Men llevaba dos décadas viendo a sus futbolistas patearse en el campo. El vídeo no inventaba comportamientos: los inventariaba. Lo que la nueva liga comercial necesitaba, en el momento en que Sky empezaba a venderla al mundo, era una versión del fútbol inglés sin esa herencia visible. La descripción se penalizó. Las entradas siguieron. La Premier League no negoció con su propia tradición de intimidación; la rebautizó.

La selección de los tres episodios de la miniserie funciona como argumento institucional. Jamie Vardy: el de fuera que entra. El Liverpool de 2005: el milagro que se relata como mito fundacional. Vinnie Jones: la incomodidad que la liga prefirió archivar. Programar a Jones como cierre de la miniserie no es casualidad. Es la entrega que la Premier League no puede usar en sus propias campañas conmemorativas, porque implica a su primera década comercial en una pregunta sobre disciplina selectiva. Que sea Netflix —y no ITV, ni la BBC, ni Sky— el que la haya hecho dice algo sobre quién puede examinar al fútbol inglés sin perder dinero en el proceso.

Lo que la película no resuelve es la pregunta que la FA cerró. Si la intimidación en el campo no era el delito —y la sanción de seis meses que jamás se aplicó así lo indica, sobre la propia prueba de la federación—, entonces las 20.000 libras se le cobraron por hablar. El vídeo no inventó las entradas. Las describió. Y describirlas era la parte que el mercado exterior podía ver. Netflix ha vuelto a abrir el caso. Que la institución que lo abrió en su día responda no es trabajo del documental.

Secretos del deporte (Reino Unido): Vinnie Jones dura 77 minutos. Llega a Netflix el 26 de mayo de 2026, como tercera y última pieza de la miniserie Untold UK después de las entregas dedicadas a Jamie Vardy y al Liverpool de la Champions League de 2005.

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