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Tetracampeones: Brasil volvió a creer, el documental de Netflix sobre el tetra que el país ganó sin enamorarse

Jack T. Taylor

La imagen tiene el grano lechoso de una videocámara sostenida por alguien que no es camarógrafo. Un pasillo de hotel en Estados Unidos, una fila de puertas iguales, jugadores que cruzan en chanclas mientras una voz fuera de cuadro los provoca en portugués. Los colores tienen ese calor algo desteñido que la cinta de los noventa le daba a todo. Así se ve por dentro el cuarto Mundial de Brasil cuando la cámara pertenece al equipo y no a la televisión.

Sobre cintas como esa está construido el documental que estrena Netflix. El arquero Gilmar Rinaldi y el lateral Jorginho cargaron sus videocámaras durante todo el torneo y filmaron lo que ninguna transmisión podía alcanzar: el vestuario, el micro, el tedio largo de los días entre partido y partido. El plantel que grabaron acababa de cerrar una espera de veinticuatro años, la sequía más larga de Brasil desde que el trofeo empezó a definir cómo se mira el país. Y era, a la vez, el equipo más discutido que la Seleção había mandado a ninguna parte.

Esa es la fricción a la que la película vuelve una y otra vez. El Brasil de Carlos Alberto Parreira ganó por organización, no por hechizo. Se defendió con muchos hombres, se apoyó en el pragmatismo áspero del capitán Dunga y le pidió a Romario que convirtiera las pocas chances que el sistema fabricaba. En casa eso no se recibió como motivo de fiesta sino casi como una traición. Las tribunas brasileñas se habían criado en el jogo bonito, la certeza de que su selección existe para jugar bien, y vieron a un equipo que jugaba para ganar. Le pusieron un nombre, futebol de resultados, y lo usaron como insulto.

El fantasma de toda discusión futbolera brasileña es siempre 1970, el equipo de Pele, la versión de la Seleção con la que se mide a todas las demás y a la que ninguna alcanza. El contraejemplo romantico es 1982, el equipo bellisimo de Tele Santana que jugo lo mejor de su generacion y volvio sin nada. La clase de 1994 quedo del lado incomodo de esa pelea: tenia la medalla y no el cariño.

Lo que rescatan las cintas es justo la parte que el veredicto publico tapo. No la tactica, sino la textura. Bebeto haciendo morisquetas para la camara de Rinaldi, Branco y Rai tirados en el fondo del micro, Romario cargando a todo el que tuviera cerca. El video casero no sostiene que el equipo fuera hermoso en la cancha. Sostiene algo mas estrecho y mas dificil de rebatir: que ese equipo estaba vivo, era gracioso, estaba asustado y era unido, dijeran lo que dijeran las tribunas sobre su estilo.

El torneo aporta los momentos que ninguna cinta casera podia montar. Romario cargo con el ataque bajo un verano norteamericano brutal. Bebeto contesto el nacimiento de su hijo meciendo un bebe imaginario, un gesto tan calido que choca con la fama fria del equipo que lo produjo. Y la final contra Italia termino donde ningun brasileño quiere que termine un Mundial, en los penales, con Roberto Baggio mandando la suya por encima del travesaño. Hasta el triunfo llego sin gracia: la cuarta estrella se gano en una tanda.

Esa es la pregunta que el documental deja abierta y que es lo bastante sensato como para no cerrar. Un Brasil que gana sin jugar bonito conserva la estrella en la camiseta, pero conserva tambien aquello que la estrella debia significar. El equipo de 1994 respondio la unica pregunta que un Mundial hace oficialmente. Nunca resolvio la que al pais de verdad le importaba.

Tetracampeones: Brasil volvió a creer fue dirigido, escrito y producido por Luis Ara para el estudio brasileño Trailer Films, y llega a Netflix dentro de su franja de documentales rumbo al proximo Mundial. Junto a las cintas de Rinaldi y Jorginho reune entrevistas actuales con Romario, Bebeto, Dunga, Branco, Rai, Zinho, Marcio Santos y Viola, y esta hablado en portugues, el idioma en el que los jugadores se cargan en esos pasillos, tres decadas antes de que alguien fuera del micro pudiera mirar.

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