Cine

California quiere recuperar los empleos de efectos visuales, pero el crédito de posproducción llega a Newsom sin dinero

AB 2319 superó el Senado estatal por 33-5 y crea un crédito del 35%–50% para montaje y efectos visuales, pero el presupuesto de California no reserva dinero para pagarlo.
Martha O'Hara

La crisis de la producción que se fuga de California se ha contado casi siempre como una historia de platós vacíos y rodajes que hacen las maletas rumbo a Georgia o a Europa. La hemorragia más silenciosa ha estado en las salas de acabado: los montadores, etalonadores, mezcladores de sonido y artistas de efectos visuales que convierten el metraje bruto en una película mucho después de que se desmonta el decorado. Durante más de una década, ese trabajo ha ido derivando hacia el norte, a Vancouver, y al otro lado del Atlántico, a Londres, y Sacramento trata ahora de convertirlo en su propio frente en la guerra de incentivos.

El Senado estatal aprobó la AB 2319, un crédito fiscal para la postproducción impulsado por el asambleísta de Glendale Nick Schultz, por 33 votos a favor y 5 en contra, y lo envió al despacho del gobernador Gavin Newsom. La medida reserva un crédito específico para el trabajo de acabado —montaje, efectos visuales, composición musical y mezclas—, separado del célebre Crédito Fiscal para Cine y Televisión de California, con una rebaja base del 35% que puede acercarse al 50% para empleos que regresen desde fuera del estado.

Según adelantó Deadline, la votación llegó con apenas unas horas de margen antes del cierre de la sesión legislativa. La campaña ha sido impulsada por el Motion Picture Editors Guild, la IATSE Local 700 y la California Post Alliance, que enmarcan el éxodo en cifras contundentes: un estudio de CVL Economics encargado por la alianza concluye que el estado ha perdido unas 4.400 empleos de postproducción desde 2011, unos 500 millones de dólares en salarios y 1.600 millones en actividad económica dejada de generar. Industrial Light & Magic, la casa de efectos que George Lucas construyó al norte de San Francisco, ha reducido su nómina en California mientras se expande en Canadá, Reino Unido y Australia.

El problema es el dinero. El crédito se concibió en un principio en 100 millones de dólares al año; la cifra que ahora se baraja para su primer ejercicio ronda los 35 millones —y ni siquiera esa cantidad está escrita en el presupuesto de California, de unos 352.000 millones de dólares, sujeto a estrictas reglas contra el déficit. Newsom ha respaldado públicamente el incentivo, pero su firma crearía el mecanismo, no la financiación que hay detrás. Esa brecha es lo que separa una declaración de intenciones de un cheque que un artista pueda cobrar de verdad.

La medida aterriza además junto a una maniobra paralela en Sacramento, donde los legisladores se movieron esta semana para blindar los estudios frente a nuevos límites del recién ampliado programa de créditos cinematográficos del estado —la asamblea parcheando la misma arquitectura de incentivos que pasó el último año reconstruyendo.

Para el etalonador que sopesa una hipoteca en Burbank frente a un contrato estable en Vancouver, el mensaje que llega de Sacramento es a la vez alentador e inacabado: California por fin ha dicho el problema en voz alta, y ha dejado la factura para otro día.

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