Cine

Disco Inferno: promesa visual sin sustento narrativo

Susan Hill
Añádenos en Google

La pantalla parpadeante de una vela CGI, temblorosa e irreal, es el primer indicio de que algo anda mal en Disco Inferno (2023), la corta pero agobiante incursión de Matthew Castellanos en el horror. La premisa —una pareja joven invocando una presencia oscura mientras se preparan para bailar en el club más caliente de Los Ángeles— tiene un potencial que nunca se materializa.

La película, disponible en Netflix, comienza con una promesa: una iglesia convertida en disco, un escenario que grita conflicto entre lo sagrado y lo profano. La dirección de Castellanos juega con esta dualidad visualmente, usando luces estroboscópicas para crear sombras danzantes que parecen tener vida propia. Hay un momento, breve pero efectivo, cuando Mel (Soni Bringas) y Brandon (Stephen Ruffin) bailan, donde la cámara captura su reflejo en un espejo roto, sugiriendo una dualidad entre lo sagrado y lo profano. Es una imagen poderosa, aunque efímera.

El problema de Disco Inferno es que nunca logra sostener esta tensión inicial. La película se siente como un sizzle reel o un teaser para algo más grande, tal como señala Decider en su reseña. Los personajes están en transición, pero la narrativa no los acompaña. Mel y Brandon son arquetipos: la futura madre ansiosa y el novio que no parece entender la gravedad de la situación. Helene Udy y Vera Myers, cuyo papel no queda claro, parecen estar allí solo para llenar espacio.

La actuación de Bringas tiene momentos de intensidad, especialmente cuando su personaje comienza a experimentar visiones perturbadoras. Sin embargo, Ruffin parece perdido, como si no supiera qué hacer con el material que se le ha dado. Su interpretación carece de la profundidad necesaria para hacer creíble la dinámica entre los dos personajes principales.

El mayor pecado de Disco Inferno es su estructura. Con un tiempo de ejecución de poco más de 20 minutos, la película nunca encuentra su ritmo. Los primeros diez minutos son una introducción lenta y tediosa, llena de diálogos banales y escenas que no llevan a ningún lado. Cuando finalmente llega el terror, es demasiado tarde para importar. La resolución, con esa vela CGI ridícula, es un final decepcionante para una película que podría haber sido memorable.

La dirección de Castellanos es competente, pero no innovadora. No hay planos audaces o secuencias visualmente deslumbrantes que marquen la diferencia. El sonido, aunque adecuado, no logra crear una atmósfera inmersiva. La música, aunque adecuada para el escenario de un club nocturno, no logra elevar la atmósfera de terror.

La película también sufre de un problema de identidad. ¿Es una historia de terror sobrenatural? ¿Una exploración psicológica de la culpa y el miedo? ¿O simplemente un intento fallido de capitalizar la moda del horror retro? Disco Inferno no logra decidirse, y eso se refleja en su narrativa fragmentada y su falta de coherencia temática.

A quien va dirigida Disco Inferno es a los fans del género que buscan algo rápido y entretenido. Pero incluso para ese público, la película deja mucho que desear. No hay sustos genuinos, ni momentos de tensión bien construidos. La crítica ha sido mixta. Algunos elogian la premisa y el escenario, mientras que otros critican la falta de originalidad y el final decepcionante.

Según algunas reseñas, se describe como «probablemente el cortometraje con mayor presupuesto y menos memorable». Y no están equivocados. La CGI de la vela es un ejemplo claro de esto: un elemento que podría haber sido impactante si se hubiera ejecutado bien, pero que en cambio resulta ridículo.

Disco Inferno tiene momentos de brillantez, pero se pierde en su propia ambición. Es una película que podría haber sido algo más, pero que finalmente se queda corta. Para los fans del horror, hay opciones mucho mejores disponibles.

En comparación con otras películas del mismo año, Disco Inferno palidece. Películas como The Killer de Fincher, con su narrativa pulida y actuación impecable, superan a Disco Inferno en todos los aspectos.

La crítica ha sido mixta. Algunos elogian la premisa y el escenario, mientras que otros critican la falta de originalidad y el final decepcionante. Según algunas reseñas, se describe como «probablemente el cortometraje con mayor presupuesto y menos memorable». Y no están equivocados. La CGI de la vela es un ejemplo claro de esto: un elemento que podría haber sido impactante si se hubiera ejecutado bien, pero que en cambio resulta ridículo.

El título Disco Inferno evoca inmediatamente la canción del mismo nombre de The Trammps, un himno disco que ha sido versionado por artistas como Tina Turner. La película intenta capitalizar esta asociación, usando el escenario de un club nocturno para crear una atmósfera de decadencia y peligro. Sin embargo, nunca logra capturar la esencia de la canción o el espíritu del género disco.

La música en Disco Inferno es funcional pero no memorable. Las pistas de la banda sonora, como «On The Dance Floor», son adecuadas para el escenario pero carecen de la energía y el ritmo que se esperan de una película sobre un club nocturno. La falta de una banda sonora impactante es un error grave, especialmente en un género donde la música suele ser un elemento clave.

La dirección de arte y el diseño de producción son puntos fuertes de la película. La iglesia convertida en disco es un escenario visualmente impresionante, con sus luces estroboscópicas y espejos rotos. Sin embargo, estos elementos nunca se integran completamente en la narrativa. En lugar de reforzar la historia, a menudo parecen ser meros adornos.

La fotografía es otro aspecto donde Disco Inferno podría haber brillado pero no lo hace. Las luces y sombras creadas por las luces estroboscópicas son visualmente interesantes, pero la cámara nunca explora estas posibilidades de manera innovadora. Los planos son funcionales, pero carecen de la creatividad necesaria para elevar el material.

El guión es otro punto débil. La historia se siente incompleta, como si faltaran escenas o diálogos que pudieran haber dado más profundidad a los personajes y la trama. La resolución, con esa vela CGI ridícula, es un final decepcionante para una película que podría haber sido memorable.

La interpretación de Soni Bringas como Mel es el punto más fuerte de la película. Su actuación tiene momentos de intensidad y vulnerabilidad que hacen creíble su personaje. Sin embargo, incluso ella no puede salvar a la película de sus defectos fundamentales.

Stephen Ruffin, por otro lado, parece perdido en su papel de Brandon. Su interpretación carece de la profundidad necesaria para hacer creíble la dinámica entre los dos personajes principales. Helene Udy y Vera Myers, cuyos papeles no quedan claros, parecen estar allí solo para llenar espacio.

La crítica ha sido mixta. Algunos elogian la premisa y el escenario, mientras que otros critican la falta de originalidad y el final decepcionante. Según algunas reseñas, se describe como «probablemente el cortometraje con mayor presupuesto y menos memorable». Y no están equivocados. La CGI de la vela es un ejemplo claro de esto: un elemento que podría haber sido impactante si se hubiera ejecutado bien, pero que en cambio resulta ridículo.

Disco Inferno tiene momentos de brillantez, pero se pierde en su propia ambición. Es una película que podría haber sido algo más, pero que finalmente se queda corta. Para los fans del horror, hay opciones mucho mejores disponibles.

En comparación con otras películas del mismo año, Disco Inferno palidece. Películas como The Killer de Fincher, con su narrativa pulida y actuación impecable, superan a Disco Inferno en todos los aspectos.

La crítica ha sido mixta. Algunos elogian la premisa y el escenario, mientras que otros critican la falta de originalidad y el final decepcionante. Según algunas reseñas, se describe como «probablemente el cortometraje con mayor presupuesto y menos memorable». Y no están equivocados.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

Etiquetas: , , , , ,

Añádenos en Google

Debate

Hay 1 comentario.