Cine

Hustle: Un drama deportivo que no acierta con su identidad

Martin Cid Magazine
Añádenos en Google

Imagina a Adam Sandler sudando bajo el sol español, persiguiendo a un joven con una pelota de baloncesto entre las manos. No es una persecución física, sino profesional: Stanley Sugerman, un ojeador deportivo en crisis, ve su última oportunidad en Bo Cruz (Juancho Hernangómez), un talento crudo con un pasado turbulento. Esta escena inicial de Hustle (2022), dirigida por Jeremiah Zagar, resume el corazón del filme: un drama deportivo que intenta escapar de los clichés del género, pero que se queda atascado en su propio deseo de ser algo más.

El problema central de Hustle es su identidad dividida. Por un lado, quiere ser un relato íntimo sobre la redención y las segundas oportunidades; por otro, aspira a ser una épica deportiva con momentos de alta tensión. Esta dualidad se refleja en cada decisión narrativa. El guion, escrito por Taylor Materne y Will Fetters, intenta abarcar demasiado: explora temas como la inmigración, el sueño americano y las dinámicas familiares, pero nunca profundiza lo suficiente. Los diálogos son predecibles, los arcos emocionales están forzados, y la estructura narrativa es confusa, con saltos temporales que no añaden claridad sino caos.

YouTube video

Sin embargo, donde Hustle logra destacar es en su dirección técnica. Jeremiah Zagar, conocido por su trabajo en We the Animals, muestra un ojo visual agudo. Las secuencias de baloncesto están bien coreografiadas, especialmente las jugadas de Bo Cruz, que transmiten la energía y el caos controlado del deporte. La cinematografía captura la luz dorada de España y los rincones grises de Filadelfia con un contraste visual efectivo. Hay momentos en los que la cámara parece respirar con los personajes, como en una escena en la que Stanley observa a Bo desde las gradas de un campo de baloncesto, el sol filtrándose entre las sombras.

El reparto es otro punto fuerte del filme. Adam Sandler entrega una actuación contenida, alejándose de su comedia habitual para mostrar un lado más humano y frágil. Su interpretación de Stanley Sugerman es matizada: transmite la desesperación de un hombre en crisis profesional, pero también la esperanza de quien cree que aún puede cambiar el curso de su vida. Queen Latifah, como Teresa Sugerman, aporta calidez y profundidad emocional en sus escasas apariciones, aunque su papel parece subutilizado.

Ben Foster, como Vince Merrick, roba escenas con su presencia intimidante. Su personaje es un rival profesional, pero también un espejo oscuro de Stanley: ambos son ojeadores, pero mientras uno se aferra a la ética y el respeto por el deporte, el otro representa la cara más oscura del negocio. Foster logra transmitir esa dualidad con una mirada o un gesto, convirtiendo a Merrick en uno de los personajes más interesantes del filme.

Sin embargo, Juancho Hernangómez como Bo Cruz no logra convencer del todo. Su interpretación oscila entre lo genio torturado y lo adolescente rebelde sin encontrar un equilibrio. Hay momentos en los que transmite la pasión y el talento de su personaje, pero otros en los que parece perdido, como si no supiera cómo llenar el espacio emocional que le exige el guion.

Uno de los aspectos más interesantes de Hustle es su intento de explorar temas sociales relevantes. La película aborda la inmigración a través del personaje de Bo Cruz, un joven español con raíces africanas que lucha por encontrar su lugar en el mundo del baloncesto estadounidense. Sin embargo, estos temas se tratan de manera superficial, como si el guion solo rozara la superficie sin adentrarse en las complejidades reales.

El filme también intenta criticar la industria del deporte y sus excesos, pero lo hace desde una perspectiva convencional. No hay una crítica profunda ni mordaz; más bien, una serie de momentos que refuerzan estereotipos ya conocidos: el ojeador desilusionado, el jugador problemático, el sistema corrupto.

Hustle está dirigida a un público específico: los fans del baloncesto y los amantes de los dramas deportivos. Para ellos, la película ofrecerá momentos emocionantes y una historia familiar. Sin embargo, para quienes buscan algo más profundo o innovador, Hustle resultará decepcionante.

La banda sonora, por otro lado, es un punto a favor. La música no solo acompaña las escenas, sino que las eleva, creando momentos de tensión y emoción que el guion no siempre logra transmitir por sí mismo. Hay una escena en particular, en la que Stanley y Bo discuten en un bar español, donde la música de fondo añade capas de significado a la conversación, convirtiendo lo ordinario en algo extraordinario.

En cuanto a las actuaciones secundarias, Kenny Smith como Leon y Anthony Edwards como Kermit Wilts aportan profundidad al mundo del baloncesto profesional. Sus personajes son estereotipos, pero bien ejecutados: el veterano sabio y el ejecutivo frío y calculador. Robert Duvall como Rex Merrick también merece mención, aunque su papel es breve, logra transmitir la autoridad y el poder de un hombre acostumbrado a salirse con la suya.

La película intenta innovar al explorar temas como la inmigración, el sueño americano y las segundas oportunidades, pero se queda en la superficie. Las decisiones estructurales, como la inclusión de flashbacks y saltos temporales, son confusas y restan coherencia a la trama. El ritmo es irregular: hay momentos de tensión genuina seguidos de secuencias lentas que no avanzan la historia.

Hustle tiene corazón, pero le falta pulso. Es un drama deportivo con ambición artística, pero se ahoga en su propio deseo de ser algo más que el típico film de deportes.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

Etiquetas: , , , , ,

Añádenos en Google

Debate

Hay 0 comentarios.