Cine

El menú sirve una sátira de clases afilada, aunque se queda corta de sustancia

Mark Mylod mezcla comedia y terror en una cena de lujo con Ralph Fiennes, 2022.
Martha O'Hara
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Imagina la escena: comensales adinerados ante una mesa impecable, y un chef, Julian Slowik, que presenta cada plato con una sonrisa cortés. Así arranca El menú, la película de Mark Mylod que mezcla comedia negra, terror y sátira social. Ralph Fiennes da vida a Slowik, un tirano de la alta cocina cuyo menú de la noche tiene menos que ver con la gastronomía que con ajustar cuentas. El planteamiento es sencillo: gente rica, una isla remota, un restaurante exclusivo. Seth Reiss y Will Tracy, autores del guion, le sacan mucho partido.

La película sigue a Tyler (Nicholas Hoult), un entusiasta de la gastronomía, y a Margot (Anya Taylor-Joy), que viaja con él hasta la isla y que, como se deja claro pronto, no era su acompañante original. Lo que empieza como una velada de lujo se vuelve cada vez más inquietante a medida que Slowik avanza por su lista de platos.

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El mayor acierto está en el reparto, y Fiennes es el motivo principal para verla. Pasa de lo cortés a lo amenazante y de ahí a lo casi ridículo sin levantar apenas la voz, y lo mejor es que los tres registros pertenecen al mismo hombre. La secuencia que más se recordará es la del tercer plato, en la que verdades incómodas sobre cada invitado aparecen grabadas con láser en unas tortillas. Hace reír. También es cruel, y en menos de un minuto fija el tono de todo lo demás. Taylor-Joy aporta a Margot una mirada despierta y desconfiada, justo lo que necesita una función donde casi todos los demás están ensimismados. Hoult interpreta a Tyler con un entusiasmo que se agría poco a poco, aunque el personaje queda menos desarrollado que los de su alrededor. Janet McTeer, Paul Adelstein, Rob Yang, Aimee Carrero y John Leguizamo, en el papel de una estrella de cine, llenan el comedor de gente a la que da gusto ver incomodarse, aunque pocos tienen más de un par de notas que tocar.

El problema es que la ambición va por delante del oficio. La sátira muerde más cuando se centra en el absurdo del dinero y el privilegio. En el tramo central, en cambio, la película intenta cargar a la vez con el capitalismo, el trabajo creativo y la cultura del consumo, y el ritmo se resiente. Algunas muertes son ingeniosas pero pesan menos que los mejores momentos, como cuando el personal le corta un dedo a Richard por intentar marcharse, o cuando Ted, el último invitado en ser atrapado, recibe un plato de huevo Passard como si fuera un premio. Esas escenas funcionan porque son rápidas y disparatadas. Cuando Slowik acaba por explicarse y dice que los invitados están allí por haberle robado la pasión por su oficio o por explotar a artesanos como él, la película pasa al discurso y la mala leche se afloja. El final cumple. Resulta, eso sí, algo más ordenado que la angustia que lo precedía.

Se estrenó mundialmente en la 47.ª edición del Festival Internacional de Cine de Toronto el 10 de septiembre de 2022, y Searchlight Pictures la lanzó en Estados Unidos el 18 de noviembre. Recaudó 79,6 millones de dólares en todo el mundo y recibió críticas mayoritariamente positivas. En la 80.ª edición de los Globos de Oro, Fiennes y Taylor-Joy fueron nominados a mejor actor y mejor actriz, ambos en la categoría de comedia o musical, y obtuvo cinco nominaciones a los premios Saturn, entre ellas la de mejor película de thriller. Algunos críticos la consideraron menos lista de lo que cree ser. Tengo cierta simpatía por ese reproche, pero el placer que ofrece es real.

Lo que mantiene viva la película es que sus blancos son concretos. Habla de quienes comen, reseñan y financian el trabajo ajeno, y de lo que ese trabajo cuesta a quien lo hace. La crítica gastronómica Lillian Bloom y su editor se sientan a la misma mesa que los inversores y la estrella en declive, y ninguno puede quedarse de simple espectador. Aficionados a la comida, clientes habituales que usan un menú degustación como signo de estatus y empleados exprimidos comparten una sola sala, y la película tiene el buen criterio de dejar que sea esa sala la que discuta.

El menú es una cena afilada, divertida y desigual. Pierde el paso en el centro y habla demasiado hacia el final, pero Fiennes está espléndido, la escena de las tortillas es de lo mejor del año y uno sale con ganas de una comida mejor.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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