Cine

Fabricante de lágrimas acierta con el dolor compartido y se hunde en su propio exceso

La adaptación de Alessandro Genovesi (2024) de la novela de Erin Doom, con Caterina Ferioli y Simone Baldasseroni.
Martha O'Hara
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La rosa negra es la mejor idea de Fabricante de lágrimas. En el Día del Jardín, los alumnos se regalan rosas de forma anónima y Nica (Caterina Ferioli) recibe una negra, la flor del amor atormentado y obsesivo. Rigel (Simone Baldasseroni) niega haberla enviado. Ese pequeño misterio sostiene la adaptación que Alessandro Genovesi ha hecho de la novela de Erin Doom, estrenada en Netflix el 4 de abril de 2024. Dos huérfanos son adoptados juntos por Anna y Norman Milligan y descubren que algo los empuja el uno hacia el otro, contra su voluntad. La película amontona sobre esa premisa maltrato, ataques epilépticos, un baile escolar y un juicio, sin el menor pudor. Aun así, parte de todo eso funciona.

Los flashbacks del orfanato Sunnycreek son lo mejor. La directora, Margaret (Sabrina Paravicini), maltrata a todos los niños salvo a Rigel, y la película deja sentir lo extraña que resulta esa excepción. La escena más acertada es también la más sencilla: cuando Nica está a punto de ser castigada, Rigel se corta la mano para desviar la atención de Margaret. Ese gesto explica por qué es tan hostil con ella en casa de los Milligan y por qué ella no consigue despreciarlo. También evita que el romance parezca arbitrario. Dos personas con esa infancia compartida tienen motivos para aferrarse una a la otra.

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Los dos protagonistas rinden más cuando el guion les da algo físico que interpretar. La pelea de Rigel con Lionel (Alessandro Bedetti) muestra lo poco que hace falta para encenderlo. La crisis que sufre después, cuando Nica le reprocha su conducta, es más sobria y mejor: ella debe cuidar a quien acaba de reñir, y de ahí sale la primera ternura real entre ambos. El beso que casi se dan en casa lo interrumpe Lionel llamando a la puerta, con una puntualidad demasiado cómoda. La frase de Rigel, que está «demasiado roto» para ella y que merece un novio normal, podría haber sido puro folletín. Baldasseroni la dice con cansancio y no con dramatismo, y eso ayuda. Lo más sólido de Ferioli llega en el juicio, cuando Nica por fin accede a declarar contra Margaret y, acorralada, acaba confesando que quiere a Rigel. Su ataque de pánico ahí resulta creíble.

El último tramo es donde la película pierde el pie. En el baile, Lionel intenta agredir sexualmente a Nica en un aula y Rigel lo impide. Poco después, Lionel intenta atropellarlos con su coche en un puente, y ellos se salvan saltando al río. En cuestión de minutos, un compañero celoso se convierte en un posible asesino. Nica despierta en el hospital y se entera de que el cuerpo de Rigel amortiguó su caída y de que él está en coma, un cuadro agravado por los neuromas cerebrales que padece. Sumar una enfermedad grave a todo lo anterior es excesivo. Los personajes ya han sufrido bastante y la historia no necesita una crisis médica para demostrar que su amor importa.

El desenlace es rápido. Nica le cuenta a Rigel, inconsciente, que han ganado el juicio y que Margaret ya no podrá hacerles daño. Él despierta. Y después saltamos al futuro, donde los dos están casados y tienen una hija. Tras dos horas de sufrimiento, esa rapidez resulta más cómoda que emotiva, y la película nunca cuenta cómo pasan de la cama del hospital a ese porvenir.

Paravicini aporta a Margaret una amenaza real, pero el guion la deja en una autoridad cruel sin mucho más que decir. Los Milligan son amables y casi invisibles. Adeline, la amiga del orfanato, aparece para pedirle a Nica que testifique, lo cual hace avanzar la trama sin dar peso a esa amistad.

La música de Andrea Farri es lo más firme de la película. Cada protagonista tiene su tema, y la partitura acompaña bien los momentos emotivos. Nica’s Theme es el más memorable de los dos; el de Rigel queda por detrás. Aun así, la música suele ser más delicada que lo que ocurre en pantalla.

Fabricante de lágrimas es un romance adolescente que quiere que se lo tome en serio y a veces lo consigue. Las escenas de la infancia y los dos protagonistas le dan un centro, y la trama le exige demasiado a ese centro. Merece la pena por su primera mitad y por Ferioli, cuya Nica es fácil de creer.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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