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Glorious: una rareza que no logra redimirse

Martin Cid
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La imagen inicial de Glorious es difícil de olvidar: Ryan Kwanten, con los ojos inyectados en sangre y el pelo revuelto, camina tambaleándose hacia un baño público en una estación de servicio abandonada. La cámara se cierne sobre él como un buitre, capturando cada paso vacilante mientras la puerta del baño se cierra tras él con un chirrido metálico. Es una secuencia que establece el tono perfectamente: claustrofóbico, desesperado y ligeramente ridículo. Dirigida por Rebekah McKendry, esta película de 79 minutos es una rareza: una comedia de horror existencial que encuentra lo divino en lo más bajo del ser humano.

La premisa es tan simple como intrigante. Wes (Kwanten), un hombre recién salido de una ruptura dolorosa, se ve atrapado en el baño con una entidad misteriosa llamada Ghat (voz de J.K. Simmons) que emerge desde el retrete. Lo que sigue es una exploración surrealista del duelo, la culpa y la redención, todo envuelto en un paquete que mezcla lo grotesco con lo metafísico. McKendry no teme mezclar géneros, pero es esta audacia la que tanto salva como condena a Glorious.

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Donde la película brilla es en su capacidad para mantener al espectador atrapado en su pequeña caja de horrores. Kwanten, conocido por su papel en True Blood, entrega una actuación vulnerable y matizada. Sus ojos transmiten desesperación, rabia y, finalmente, una especie de paz resignada. La química entre él y la voz omnipresente de Simmons es inesperadamente convincente. Simmons, con su tono grave y resonante, imprime a Ghat un aire de autoridad divina que oscila entre lo cómico y lo aterrador. Hay un momento en el que Ghat le dice a Wes: «Eres más de lo que eres», y la línea, aunque pretenciosa, funciona gracias a la entrega de Simmons.

El diseño de sonido merece una mención especial. Los susurros guturales de Ghat, mezclados con los crujidos del baño y el goteo constante del agua, crean una atmósfera opresiva que se pega al espectador mucho después de que la película haya terminado. La banda sonora, aunque minimalista, refuerza la sensación de aislamiento y desesperación.

Sin embargo, Glorious tropieza con sus propias ambiciones. La narrativa salta entre el horror lovecraftiano y la comedia surrealista sin una transición fluida, lo que resulta en un tono desequilibrado. Hay momentos en los que la película parece indecisa sobre si debe ser un thriller de encierro claustrofóbico o una parodia cósmica, y esta vacilación debilita su impacto general. La estructura fragmentada de la película es otro punto débil. Glorious tarda demasiado en establecer su premisa y, cuando finalmente lo hace, parece apresurarse hacia un clímax que no se siente completamente ganado.

El mayor problema de Glorious es su falta de coherencia temática. La película intenta abarcar demasiados temas—el duelo, el egoísmo humano, la mitología griega—sin desarrollar plenamente ninguno de ellos. Hay un momento en el que Wes se enfrenta a una serie de figuras grotescas, incluyendo una osa (Katie Bacque), que, aunque visualmente impactantes, carecen de una conexión orgánica con la trama. Estas escenas, aunque intrigantes, parecen más como interludios surrealistas que como partes integrales de la narrativa.

Glorious también sufre de un problema de identidad genérica. No está claro si es una comedia negra, un thriller de horror o una exploración filosófica. Esta indecisión genera confusión en el espectador, que nunca sabe exactamente qué esperar a continuación. A pesar de estos defectos, Glorious es una experiencia memorable. La dirección de McKendry demuestra valentía al abordar temas pesados ​​con un toque de absurdismo, y el desempeño de Kwanten añade capas de humanidad a lo que podría haber sido fácilmente una premisa ridícula.

La película también plantea preguntas interesantes sobre la naturaleza del sufrimiento humano. ¿Es el dolor una prueba divina o simplemente una parte inevitable de la existencia? Glorious sugiere que ambas cosas son ciertas, y esta ambigüedad es uno de sus puntos fuertes. La película no ofrece respuestas fáciles, lo que la hace más auténtica en muchos sentidos.

En términos de recepción crítica, Glorious ha recibido opiniones mixtas. Algunos críticos han alabado su originalidad y audacia, mientras que otros han criticado su falta de enfoque. Christy Lemire de Roger Ebert describe la película como «simultáneamente pretenciosa y descarnada», una observación que captura perfectamente el tono dual de Glorious. Un usuario de Reddit comenta que la película es «loca» pero recomendable, lo que refleja su atractivo para los amantes del horror surrealista.

Glorious no es una película para todos. Está dirigida a un público específico: aquellos que disfrutan del horror cósmico, el absurdo existencial y las historias que desafían las convenciones genéricas. Si te gustan películas como The Void o Tucker & Dale vs. Evil, hay muchas posibilidades de que encuentres algo que disfrutar en Glorious. Sin embargo, si prefieres tus historias de horror más tradicionales, esta película puede resultar desconcertante.

En última instancia, Glorious es una experiencia polarizante. Su mezcla única de horror, comedia y filosofía la hace memorable, pero su falta de coherencia temática y estructural la aleja de ser una obra maestra.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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