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Patrick Stewart, según Ian McKellen: su compañero de X-Men pone Yorkshire antes que Picard

Martha Lucas
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Todos los obituarios de Patrick Stewart empiezan en el puente de mando de la Enterprise o junto a la silla de ruedas de Charles Xavier. El homenaje de Ian McKellen, su amigo, que lo conoció antes de que existiera cualquiera de esos personajes, arranca en otro lugar. «Antes que nada», escribió McKellen, «Patrick era un hombre de Yorkshire, nacido y criado allí, en ese orgulloso condado del norte de Inglaterra que amó hasta el final».

Es la primera frase de una elegía escrita por un hombre que se ha pasado la vida poniendo voz a las palabras de otros, y el orden de las ideas ya es toda una declaración. Primero, el acento y la franqueza. Hollywood viene después, y la franquicia que compartieron los dos aparece entre paréntesis.

Una elegía que empieza por la voz

McKellen publicó el mensaje en Instagram y X el jueves, unas horas después de que se anunciara la muerte de Stewart. El actor falleció el miércoles en su casa de Los Ángeles, a los 86 años, tras lo que el comunicado publicado en sus cuentas describió como «un breve y emotivo recorrido junto a la enfermedad de Alzheimer y la demencia con cuerpos de Lewy», acompañado por su esposa, Sunny Ozell. McKellen empezó por aquello que se podía oír en él: «Se notaba en su voz con acento y en la honestidad tajante con la que te decía lo que pensaba y sentía. Los hombres de Yorkshire no aceptan medias verdades ni esquivan los asuntos importantes».

Después llegó la frase que desde entonces todos los medios han llevado a sus titulares: «Llevaba el corazón en la mano, lo que lo convertía en alguien en quien confiar, a quien admirar y, en mi caso, amar». La frase avanza como lo hacen los grandes discursos clásicos, y el último giro pasa de lo público a lo íntimo en cuatro palabras. Los dos construyeron sus carreras con frases como esa.

La advertencia en una calle de Londres

El pasaje central del homenaje es una escena en la que McKellen se presenta como la voz equivocada. Se conocieron cuando ambos eran jóvenes actores ambiciosos en la Royal Shakespeare Company, aunque nunca trabajaron en las mismas producciones. Unos años más tarde, escribió, se encontró con Stewart en el centro de Londres y se enteró de que le habían ofrecido hacerse cargo de un papel protagonista en Star Trek. «Pero, Patrick, piensa en tu carrera teatral en el Reino Unido. ¿De verdad quieres arriesgarte a… perderte en Hollywood durante años y años?».

«Bueno, se arriesgó y, gracias a Dios, lo hizo», continuó McKellen. Atribuyó aquella apuesta a «sus entregados Trekkies» y al público teatral que vio a Stewart aprovechar su fama internacional para interpretar a Shakespeare, Ibsen, Arthur Miller, Peter Shaffer, Pinter y Beckett en Stratford-upon-Avon, el West End y Broadway. La carrera cinematográfica apenas merece un inciso: «(“X-Men”, por supuesto)». El hombre que interpretó a Magneto frente al profesor X de Stewart incluye la franquicia que compartieron como el elemento menos sorprendente de la lista.

Su mayor orgullo no fue un papel

La frase más reveladora habla del orgullo. Estados Unidos era su «hogar adoptivo», escribió McKellen, el lugar donde conoció a «su adorada Sunny, que lo cuidó en la salud y en la enfermedad, en las duras y en las maduras». Y añadió: «Pero nunca renunció a sus orígenes: el mayor orgullo del actor más respetado y querido de su generación a ambos lados del Atlántico fue su nombramiento como rector de la Universidad de Huddersfield, en Yorkshire».

No Picard, ni un estreno en Broadway. Un cargo universitario en el condado donde empezó el homenaje. La elegía cierra el círculo que abrió, como hacen los discursos bien construidos, y cuenta a quienes solo conocían al capitán que el propio Stewart tenía otra jerarquía de prioridades.

La amistad que los fans hicieron suya

Para el público, los dos llevaban mucho tiempo formando un dúo. Variety recuerda que estrecharon su amistad durante la primera película de X-Men, en caravanas contiguas, «bebiendo té —y quizá, por la tarde, algo un poco más fuerte—», como contó Stewart a Wired en una entrevista posterior. McKellen ofició la boda de Stewart con Ozell, y ambos protagonizaron titulares por besarse en las alfombras rojas. «Seré sincero contigo: estoy enamorado de [él]», bromeó Stewart. «Pero mi mujer también está enamorada de él, así que no pasa nada». En el teatro representaron Esperando a Godot en el West End y, más tarde, Esperando a Godot y Tierra de nadie en Broadway.

El resto de las muestras de duelo habla el mismo lenguaje familiar. El comunicado publicado en las cuentas de Stewart decía que había estado «arropado por el cálido abrazo de familiares y amigos, rodeado de música en directo, oraciones, lágrimas y risas». Wil Wheaton compartió una foto antigua suya con Stewart, un emoji de corazón roto y las palabras «Buen viaje, capitán». Jonathan Frakes escribió: «Descansa en paz, amigo mío». Kevin Feige dijo que su legado perdura «en las muchas, muchas personas a las que guio», y Joe y Anthony Russo le dieron las gracias «por enseñarnos humanidad, dentro y fuera de la pantalla».

Una despedida que ninguno de los dos ha visto

McKellen cerró con una frase: «Aún está por verse su actuación de despedida en “Avengers: Doomsday”». Los dos actores vuelven en la película, Stewart como el profesor X y McKellen como Magneto, y Marvel la estrenará en los cines el 18 de diciembre.

Esa frase convierte una fecha de estreno en un velatorio. En diciembre, el amigo que una vez advirtió a Patrick Stewart del peligro de perderse en Hollywood aparecerá en pantalla junto a él en su última película de Hollywood, y ya ha escrito su epílogo.

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