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Wild Is the Wind: violencia racial sin profundidad

Martin Cid
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La sangre seca sobre los labios de la joven Afrikaner es lo primero que vemos en Wild Is the Wind (2022), un detalle tan perturbador como intencional. La cámara de Fabian Medea se detiene en el rostro sin vida, luego retrocede para revelar el cuerpo entre los arbustos, como si la tierra misma se negara a devorar ese crimen. Es una apertura audaz, pero también un recordatorio inmediato: esta no es la primera película que explora la violencia racial en Sudáfrica, ni será la última.

Dirigida por Fabian Medea y ambientada en un pueblo pequeño y segregado, Wild Is the Wind sigue a dos policías corruptos —Vusi Matsoso (Mothusi Magano), un oficial negro ambicioso, y John Smit (Frank Rautenbach), su contraparte blanca cínica— mientras investigan el brutal asesinato de una joven. La premisa promete tensión racial y moral, pero donde la película realmente encuentra su pulso es en las escenas de conflicto étnico. Medea dirige estas secuencias con un enfoque casi documental, capturando la opresión sistémica a través de planos cerrados y diálogos cargados.

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El reparto, aunque competente, no logra elevar el material por encima del género policial convencional. Magano y Rautenbach tienen química suficiente para vender su antagonismo profesional, pero sus personajes carecen de matices. El guión los reduce a arquetipos: el policía negro que quiere ascender y el blanco racista que se aferra al poder. Incluso en sus momentos más intensos, como una discusión explosiva sobre el legado del apartheid, las líneas de diálogo suenan más a clichés que a revelaciones.

Donde Wild Is the Wind realmente tropieza es en su estructura narrativa. A pesar de su premisa prometedora, la película cae en convencionalismos del thriller policial. La investigación del asesinato avanza con un ritmo irregular, alternando entre escenas tediosas y momentos de acción apresurados. Las subtramas —como la relación entre los dos oficiales o sus conflictos personales— carecen de desarrollo suficiente, dejando a los personajes planos cuando podrían haber sido complejos.

La cinematografía, aunque funcional, no aporta nada innovador al género. Los planos son fríos y despiadados, pero también predecibles, como si Medea se aferrara demasiado a las convenciones visuales del cine de crímenes. Incluso en sus momentos más intensos, la película no logra elevarse por encima de lo ordinario gracias a estas elecciones.

El guión, escrito por el propio Medea, no ayuda. Las líneas de diálogo son rígidas y a menudo artificiales, como si los personajes fueran marionetas recitando un guion en lugar de individuos con emociones genuinas. Incluso las escenas más emotivas carecen del peso emocional necesario para resonar.

Wild Is the Wind también sufre por su falta de originalidad temática. A pesar de su ambientación en Sudáfrica, la película no ofrece una perspectiva fresca sobre el racismo o la corrupción policial. En cambio, repite fórmulas desgastadas del cine de crímenes, como el policía que cruza la línea moral para atrapar a un criminal. Incluso las referencias literarias y musicales mencionadas en el dossier —como la canción «Wild Is the Wind» de Nina Simone— se sienten forzadas e irrelevantes para la trama.

La película está claramente dirigida a un público familiarizado con el cine de crímenes y dramas sociales, pero incluso ese segmento puede encontrar Wild Is the Wind decepcionante. Para los espectadores casuales, las dos horas de duración pueden sentirse como una tarea más que un placer. La violencia gráfica añade otro obstáculo para aquellos que buscan entretenimiento ligero.

En comparación con otras películas del mismo género, Wild Is the Wind palidece. Películas como Parasite (2019) o Past Lives (2023) logran explorar temas similares con mayor profundidad y originalidad. Incluso dentro de su propia categoría, la película se queda atrás frente a producciones más audaces y bien ejecutadas.

A pesar de sus deficiencias, Wild Is the Wind no es una pérdida total de tiempo. Tiene momentos de tensión bien construidos y un reparto que, aunque limitado por el guión, logra transmitir cierta autenticidad. La dirección de Medea es segura, especialmente en las escenas de conflicto racial, donde el guión explora dinámicas de poder con un enfoque casi documental.

En última instancia, Wild Is the Wind es una película olvidable, destinada a perderse entre la multitud de thrillers policiales convencionales. No ofrece nada nuevo al género ni eleva sus temas más allá de lo predecible.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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