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Unfrosted: sátira descafeinada sin chispa auténtica

Sin edulcorar es una película dirigida por Jerry Seinfeld y protagonizada por Jerry Seinfeld, Melissa McCarthy y James Marsden.
Martin Cid
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El niño corre por la carretera polvorienta, su mochila rebotando contra su espalda mientras se aleja de casa. Al doblar la esquina, un letrero de neón parpadea: «Cafetería del Camino». Dentro, el olor a café quemado y grasa rancia llena el aire. El niño se sienta en una cabina raída, deslizando un menú plastificado hacia él. Su dedo pequeño recorre la lista hasta que se detiene en dos palabras familiares: Pop-Tarts. El camarero, con los ojos inyectados en sangre y una servilleta sucia colgando del bolsillo, lo mira con escepticismo. «No servimos eso aquí», gruñe. Pero antes de que pueda decir otra palabra, la puerta se abre con un tintineo. Un hombre bien vestido entra, su sonrisa segura iluminando el lugar sombrío. Es Bob Cabana (Jerry Seinfeld), y tiene una historia que contar.

Unfrosted es la primera incursión cinematográfica de Jerry Seinfeld como director, un viaje alucinante a través del mundo corporativo de los años 60, donde las batallas por el desayuno americano son tan intensas como cualquier guerra fría. Basada en la historia real detrás de Pop-Tarts, la película es una mezcla peculiar de comedia absurda y sátira histórica. Con un elenco estelar que incluye a Melissa McCarthy, Jim Gaffigan, Hugh Grant y Amy Schumer, Unfrosted promete ser una experiencia única.

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Pero, ¿cumple con esa promesa? La respuesta es compleja. Unfrosted tiene momentos brillantes, escenas donde el humor seco de Seinfeld chisporrotea como una tostadora sobrecalentada. Por ejemplo, la negociación de Bob Cabana con El Sucre, un mafioso puertorriqueño que controla el 99% del azúcar mundial, es pura comedia negra. La manera en que Seinfeld equilibra lo ridículo con lo sorprendentemente informado—como cuando El Sucre exige «un poco de respeto» antes de cerrar el trato—es un testimonio de su habilidad para escribir diálogos memorables.

Sin embargo, estos momentos son demasiado escasos. La película se pierde en su propia ambición, intentando ser una sátira corporativa, una comedia absurda y un tributo a la cultura pop simultáneamente. El resultado es una narrativa desconcertante que salta de una subtrama a otra sin coherencia. Por ejemplo, la incursión de Marjorie Post (Amy Schumer) en la URSS para asegurar derechos sobre el azúcar cubano parece más una broma tardía que un elemento narrativo bien integrado.

La dirección de Seinfeld es otro punto de conflicto. Si bien muestra una comprensión sólida de cómo aprovechar al máximo a sus actores, su enfoque visual es convencional. Los planos son funcionales pero carecen del estilo distintivo que elevaría el material. Comparado con directores como Wes Anderson, cuyo uso meticuloso de la simetría y los colores pastel crea un mundo único, Seinfeld opta por un realismo plano que no añade nada al tono absurdo de la película.

El elenco, sin embargo, es una de las mayores fortalezas de Unfrosted. Melissa McCarthy brilla como Donna «Stan» Stankowski, aportando una mezcla perfecta de ingenio y vulnerabilidad. Su química con Jim Gaffigan, quien interpreta a Edsel Kellogg III, es palpable, especialmente en las escenas donde discuten estrategias corporativas con un humor seco y sagaz. Hugh Grant, aunque en un papel menor como Thurl Ravenscroft, aporta un toque de elegancia británica que contrasta cómicamente con el mundo corporativo americano.

Amy Schumer, por otro lado, roba cada escena en la que aparece. Su interpretación de Marjorie Post es una villana carismática y despiadada, recordando a personajes como Miranda Priestly de El diablo viste de Prada. La manera en que Schumer equilibra el encanto con la crueldad es impresionante, convirtiendo a Marjorie Post en un adversario memorable.

Pero incluso los mejores actores no pueden salvar una narrativa desconcertante. La película intenta abarcar demasiado, desde chistes absurdos hasta sátira política y tributos a la cultura pop. Esta ambición excesiva resulta en una experiencia fragmentada que nunca logra encontrar su ritmo. Por ejemplo, la trama secundaria que involucra a JFK parece forzada y fuera de lugar, añadiendo capas de surrealismo que no se integran bien con el resto de la película.

La banda sonora de Christophe Beck intenta emular el tono entre nostálgico y satírico, pero termina siendo olvidable. Aunque hay algunos temas memorables, como el tema principal, la mayoría de las piezas musicales se mezclan en el fondo sin dejar una impresión duradera. Esto es un contraste notable con las bandas sonoras de películas como The Grand Budapest Hotel, donde cada nota contribuye a la atmósfera general.

El diseño de producción y el vestuario, por otro lado, son excepcionales. Los trajes impecables de los años 60, los escritorios de madera pulida y los letreros neón capturan perfectamente la estética corporativa de la época. Sin embargo, estos elementos visuales no son suficientes para compensar las deficiencias del guion.

Unfrosted parece dirigida a una audiencia específica: los fans de Seinfeld y los amantes del humor absurdo. Aquellos que disfrutan de las comedias irreverentes y llenas de chistes rápidos encontrarán mucho que apreciar en esta película. Sin embargo, aquellos que buscan una narrativa coherente o una sátira política más profunda pueden sentirse decepcionados.

En última instancia, Unfrosted es un esfuerzo admirable pero desigual. Tiene momentos de genio cómico y un elenco talentoso, pero su narrativa desconcertante y dirección funcional la impiden alcanzar su pleno potencial.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

  • Kue Lawrence — Bobby Cabana

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