Cine

El diablo viste de Prada se sostiene en Streep, pero la sátira se rinde a la moda

La comedia de moda de David Frankel (2006): una actuación gélida y un guion que pierde el valor.
Martha O'Hara
Añádenos en Google

Miranda Priestly nunca levanta la voz, y eso es precisamente lo que la hace temible. En la entrevista de Andy Sachs, Meryl Streep le pregunta, con una voz ligera que sube al final de la frase, si de verdad quiere un trabajo en Runway pese a no tener sentido personal de la moda ni del estilo. Andy empieza a responder: «Bueno, creo que es una cuestión de…». Streep la corta: «No es una pregunta». The Guardian cita ese intercambio, y lo merece. La frase no cuesta nada de decir y da la conversación por zanjada. La adaptación que David Frankel estrenó en 2006 de la novela de Lauren Weisberger dedica el resto del metraje a igualar esa economía. No siempre lo consigue.

Andy, interpretada por Anne Hathaway, viene de Ohio, uno de esos «estados de sobrevuelo» con los que el mundo de la moda despacha el interior del país. Tiene buenas notas y mala ropa, y solicita el empleo como solución provisional antes de convertirse en escritora de verdad. Miranda la contrata de todos modos, lo que The Guardian atribuye a un capricho cruel e insondable. El planteamiento es sencillo, y Moviemetropolis acierta al elogiar que Frankel lo mantenga así: nada estorba a los personajes. Hathaway aporta el corazón blando de la película, como dice la BBC, el de una joven que intenta conciliar su ambición con una decencia elemental. Moviemetropolis encuentra irresistibles su torpeza encantadora y su determinación callada. Yo añadiría que el papel le exige ser torpe y simpática durante tramos largos, y que en ninguna de las dos cosas cansa.

YouTube video

Streep es la razón para verla. La descripción de la BBC es la más exacta que he leído: Miranda impone tanto que no necesita gritar, y sus juicios sobre el peso y la ropa de Andy son suaves, lánguidos y amargamente graciosos. Una compañera advierte a la recién llegada de que los «labios apretados» significan «catástrofe», y la película convierte ese detalle en un pequeño pavor propio. The Guardian señala que Miranda está claramente inspirada en Anna Wintour, aunque ella solo lleva las gafas de sol al aire libre, y que dirige su oficina como una relación de sadomasoquismo emocional en la que el personal sufre humillaciones y, aun así, la adora. Moviemetropolis habla de una interpretación de gran precisión, con cada línea cargada de autoridad helada. Sin embargo, Streep hace algo que la sátira no necesita. Bajo la armadura de diseñador, apunta la BBC, lleva un discreto velo de tragedia y se gana la simpatía incluso cuando mira por encima del hombro a todos los demás.

Cuando ella no está en pantalla, la película se resiente. The Guardian lo dice sin rodeos: el interés se desploma. Estoy de acuerdo, aunque el fallo no está tanto en los secundarios como en el guion que heredan. Stanley Tucci interpreta a Nigel, el director de arte que ayuda a Andy a encontrar ropa con la que sobrevivir dentro del edificio. The Guardian lo despacha como el confidente obligatorio, ese personaje que en Sexo en Nueva York encarnó Willie Garson, y reconoce que hace lo que puede. Moviemetropolis, más generosa, elogia la calidez que aporta pese a su poco tiempo en pantalla. Las dos tienen razón. Tucci mejora cada escena que le dan, y la película le da muy pocas.

Emily Blunt divide a la crítica. Como Emily, la ayudante sénior que choca con Andy desde el principio, recibe la nota más dura de The Guardian: es la única actriz del reparto que parece capaz de trabajar de verdad en la moda, pero resulta forzada y torpe, sin la altivez que mostró en My Summer of Love. Moviemetropolis ve justo lo contrario, un trabajo tan equilibrado que el personaje provoca admiración y rechazo a partes iguales. Me inclino por The Guardian. Emily debe ser la rival hambrienta, y demasiadas escenas la tratan como un obstáculo y no como alguien con algo que perder.

El problema mayor es el tono. The Guardian acuñó la frase más cruel para describirlo: la película quiere quedarse con su tarta vegana sin grasa y, además, comérsela. Toma prestadas la velocidad y el glamour del perverso negocio de la moda y, en el último momento, madura y decide que todo aquello era superficial. Andy acaba asustada de lo mal que se está portando, aunque nunca hace nada realmente malo. Incluso el episodio que daña su posición en Runway, su fracaso al intentar traer a Miranda de vuelta de Miami por culpa de un huracán, queda como una mancha en su expediente y no como una verdadera prueba moral. La sátira muerde en el primer acto y después pierde el nervio.

La BBC señala la otra debilidad: una trama romántica sosa. Sea lo que sea lo que se les pida a Simon Baker y Adrian Grenier, trabajan contra una subtrama que la película no necesita, porque su mejor relación es la de Andy y Miranda. La BBC reconoce a Frankel el mérito de evitar toda cursilería en ese vínculo sadomasoquista de mentora y pupila, y de dejar que el respeto mutuo crezca de forma convincente, hasta conmovedora, dentro de él. Luego llega el final, donde, en palabras de la BBC, ata la historia con lacitos y la deja con menos mordiente del que podía haber tenido.

En lo artesanal, Moviemetropolis solo tiene elogios. La banda sonora es excepcional y suena desde los primeros momentos hasta los créditos, y el trabajo de cámara tiene un nivel alto. Esa misma crítica recuerda que Frankel era entonces más conocido por la televisión y que convirtió un libro que califica de flojo en una película de primera. La BBC, por su parte, llama mordaz a la misma novela. Puestas una junto a otra, la conclusión es clara: la película es más amable que su origen y más divertida que su trama.

La historia no se ha quedado quieta. Existe un musical teatral estrenado en 2022, una novela secuela de Weisberger titulada Revenge Wears Prada: The Devil Returns y una secuela cinematográfica de 2026. Una crítica que volvió a la original tras ver la continuación en el cine la encontró extraña de revisitar: había trabajado como periodista y había compartido el sueño de Andy. Ahí está lo que mantiene viva a la película: recuerda lo que es desear un primer empleo con tanta fuerza como para aguantar a una jefa así.

El diablo viste de Prada se disfraza de sátira, pero acaba siendo un cuento sobre cómo se le pasa la ambición a una joven. Entretiene, está muy bien interpretada en lo alto del reparto y es más endeble por abajo, y la salva sobre todo Streep, cuya Miranda hace más fáciles de perdonar el resto de sus defectos.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

Etiquetas: , , , , ,

Añádenos en Google

Debate

Hay 0 comentarios.