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My Salinger Year»: un homenaje sincero pero incompleto

Martin Cid Magazine
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La escena del tipo de la máquina de escribir es donde «My Salinger Year» (2020) muestra sus cartas más honestas. Joanna Rakoff, interpretada por Margaret Qualley, se sienta frente a un monstruo mecánico de los años 90, tecleando cartas para la agente literaria Margaret (Sigourney Weaver). La cámara de Philippe Falardeau se demora en los dedos de Joanna, en el sonido seco del papel siendo golpeado por las teclas, en el esfuerzo físico que requiere cada palabra. Es una metáfora visual brillante: el arte como trabajo manual, la escritura como laboriosa artesanía. Esta imagen encapsula el corazón del filme, pero también sus contradicciones.

Basada en la novela autobiográfica de Rakoff y dirigida por Falardeau, esta película tiene momentos donde brilla con luz propia. El diseño de producción captura maravillosamente el Nueva York literario de los 90: oficinas llenas de humo, cafés mugrientos pero encantadores, y esa sensación de que la cultura estaba en todas partes menos en las pantallas. La relación epistolar entre Joanna y un adolescente de Winston-Salem (Théodore Pellerin) es particularmente bien ejecutada, con diálogos que recuerdan a la mejor tradición de Salinger. Hay una escena donde Joanna responde a una carta del joven fan que es especialmente conmovedora, mostrando su evolución como escritora y persona.

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Sin embargo, el problema central de «My Salinger Year» es su falta de enfoque. Falardeau no puede decidir si quiere hacer una película sobre el despertar literario de una joven o un drama romántico convencional. La trama se desvía constantemente hacia las relaciones fallidas de Joanna – primero con su novio californiano (no aparece en pantalla pero es omnipresente), luego con su novio neoyorquino Don (Douglas Booth, quien parece estar actuando en una película diferente). Estos subtramas diluyen el núcleo narrativo y hacen que la película pierda fuerza.

El reparto está bien, aunque Qualley a veces parece perdida entre los personajes más carismáticos de Weaver y Booth. Hay un momento particularmente incómodo cuando Joanna tiene una discusión con Don en medio de Central Park: la actuación es forzada, el diálogo artificial, y el plano demasiado largo para su propio bien. Sigourney Weaver, por otro lado, roba cada escena en que aparece, trayendo una mezcla de dureza y vulnerabilidad a su personaje que hace creíble su transformación emocional al final.

La película también sufre de una identidad dividida. En un momento quiere ser un homenaje a Salinger, luego un retrato generacional, después un drama romántico, y finalmente un estudio sobre la salud mental (cuando se revela que el compañero de Margaret tiene problemas graves). Esta falta de coherencia temática es evidente en los cambios tonales abruptos, que van desde lo íntimo y reflexivo hasta lo melodramático sin transición.

El guión, adaptado por Falardeau del libro de Rakoff, a veces cae en clichés sobre la vida bohemia de Nueva York. Hay escenas donde Joanna y sus amigos discuten sobre literatura o arte que podrían haber sido sacadas directamente de una película de Woody Allen de los 90, pero sin el mismo nivel de sofisticación o profundidad. La banda sonora también es un punto débil, con canciones que intentan evocar la época pero que suenan más como un collage genérico de éxitos alternativos de los 90.

A pesar de estos problemas, «My Salinger Year» tiene sus momentos de brillantez. La relación entre Joanna y Margaret evoluciona de manera orgánica, especialmente en las escenas donde Margaret comienza a confiar más en Joanna después del suicidio de su compañero. Weaver y Qualley comparten una química creíble que hace creíbles tanto los conflictos como los momentos de conexión entre sus personajes.

La dirección de Falardeau es competente pero no innovadora. Hay algunas tomas interesantes, como cuando la cámara sigue a Joanna mientras camina por las calles de Nueva York, mostrando su aislamiento y soledad en medio del bullicio urbano. Sin embargo, estos momentos son demasiado escasos y no compensan la falta de originalidad visual en el resto de la película.

En cuanto a su audiencia, «My Salinger Year» apela principalmente a los amantes de la literatura y los dramas introspectivos. No es una película para todos los públicos, ya que requiere paciencia para apreciar sus sutilezas y su ritmo pausado. Los fans de Salinger o aquellos interesados en el proceso creativo de la escritura encontrarán mucho que disfrutar, pero quienes buscan acción o un ritmo más dinámico pueden sentirse decepcionados.

Comparada con otras películas sobre escritores y el mundo literario, «My Salinger Year» no alcanza la profundidad de obras como «Misery» (1990) o la intensidad de «The Shining» (1980), pero tampoco pretende hacerlo. Su ambición es más modesta: retratar un momento crucial en la vida de una joven escritora y explorar las complejidades de sus relaciones personales y profesionales.

En términos de crítica, la película ha recibido reseñas mixtas. Una reseña en RogerEbert.com destacó que «a veces arrastra y falla con cambios tonales cuestionables», pero también reconoció el valor de presenciar la evolución de Joanna. Film Focus Magazine fue más duro, calificándola como «el tipo de pretencioso basura que te hace detestar cada frame». Metacritic, sin embargo, señaló que «la historia sincera es ingeniosa, encantadora e perspicaz y apelará especialmente a aquellos buscando lanzar sus propias carreras en la escritura».

En conclusión, «My Salinger Year» es una película con momentos memorables pero plagada de inconsistencias. Su mayor logro es retratar el Nueva York literario de los 90 de manera auténtica y evocar el espíritu de J.D. Salinger sin caer en el pastiche. Sin embargo, su falta de enfoque narrativo y sus cambios tonales abruptos la convierten en una experiencia desigual.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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