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The Devil Comes at Night: terror predecible con atmósfera lograda

Susan Hill
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Imagina la escena: un boxeador en decadencia, Mason (Jason Martorino), con los nudillos ensangrentados y la mirada perdida, se encuentra frente a una granja abandonada que fue el hogar de su padre fallecido. El viento silba entre las tablas podridas mientras figuras encapuchadas se mueven como sombras bajo la luna. Este es el punto de partida de The Devil Comes at Night (2023), dirigida por Scott Leaver, un filme que intenta fusionar el horror rural con elementos de supervivencia y terror sobrenatural.

Leaver, conocido por su trabajo en cortometrajes de terror, asume aquí su primer largometraje. La película se beneficia de una dirección visual competente, aunque a veces predecible. La granja del padre de Mason no es solo un escenario; es un personaje más, con sus pasillos estrechos y habitaciones oscuras que amplifican cada crujido del piso o susurro inesperado. La fotografía captura la decadencia del lugar con un estilo visual que recuerda a clásicos como The Texas Chain Saw Massacre (1974), aunque sin alcanzar su crudeza o impacto.

El sonido diseño es uno de los aspectos más fuertes de la película. Los silencios prolongados antes de saltar a un susto funcionan bien, pero después de la tercera vez, la técnica se vuelve predecible. Hay momentos en los que el uso del sonido es innovador, como cuando los gritos de Mason resuenan en las paredes vacías de la granja, creando una atmósfera claustrofóbica y opresiva.

Jason Martorino, como Mason, lleva el peso emocional de la película. Su interpretación es intensa y a veces brutal, especialmente en las escenas donde su desesperación y rabia son palpables. Sin embargo, hay momentos en los que su actuación cae en lo unidimensional, especialmente cuando se enfrenta a situaciones de alto estrés donde la sutileza se pierde en favor de gritos y movimientos bruscos.

Elias Zarou, como Jack, es otro punto fuerte del reparto. Su personaje es ambiguo, y su lealtad hacia Mason nunca queda del todo clara. Esta ambigüedad añade una capa de tensión adicional a la película, aunque el desarrollo de su arco narrativo se siente incompleto. Jeremiah Sparks, como el Reverendo Peter, aporta un aire de misterio que podría haber sido explorado con más profundidad. Su papel queda reducido a un par de escenas clave que nunca se desarrollan lo suficiente.

Julie Cohn y Adrienne Kress, en los roles de Ethel y Amy respectivamente, tienen momentos interesantes pero quedan subutilizados. Sus personajes podrían haber añadido capas adicionales a la trama, especialmente en cuanto a la historia del culto y su conexión con la granja. Sin embargo, sus arcos narrativos se sienten truncados y poco desarrollados.

La estructura narrativa es otro punto débil de la película. Comienza con fuerza, presentando a Mason como un antihéroe complejo, pero rápidamente se desvía hacia clichés del género: el grupo de cultistas sin matices, la revelación del pasado traumático de Mason que parece sacada de un manual de terror básico. Hay intentos de profundizar en temas como la redención y la familia, pero estos se sienten forzados y poco integrados.

El guion intenta explorar temas como la herencia familiar y el peso del pasado, pero estas ideas nunca se desarrollan completamente. La película se enfoca demasiado en el terror inmediato y la supervivencia, dejando de lado las oportunidades para un análisis más profundo de sus personajes y sus motivaciones.

Donde The Devil Comes at Night sí acierta es en su atmósfera. La fotografía de Leaver captura la decadencia de la granja con un estilo visual que recuerda a clásicos del terror rural. Los planos largos y los encuadres cerrados crean una sensación de claustrofobia que mantiene al espectador en vilo.

Sin embargo, el mayor problema de la película es su falta de originalidad. Aunque algunos giros argumentales logran sorprender, en general se siente como una combinación de ideas ya vistas. El final, en particular, intenta ser impactante pero cae en lo predecible, dejando un sabor amargo después de una hora y media de tensión bien construida.

The Devil Comes at Night tiene momentos brillantes, pero no logra elevarse por encima del montón de películas de terror que intentan reinventar la rueda sin aportar nada nuevo. Es una película dirigida a los fans del género que buscan una experiencia intensa pero no demasiado exigente en términos narrativos o temáticos.

La película se dirige claramente a un público familiarizado con el horror rural y las historias de supervivencia. No es una película para principiantes en el género, ya que su estructura narrativa y sus clichés pueden resultar frustrantes para aquellos que buscan algo más innovador. Sin embargo, los fans del terror clásico encontrarán elementos reconocibles y satisfactorios.

En términos de temática, la película toca brevemente temas como la redención y la familia, pero estos nunca se exploran a fondo. La historia del culto y su conexión con la granja podría haber sido un punto de partida interesante para una exploración más profunda de la moralidad y la corrupción, pero el guion nunca se adentra en estos territorios.

Comparada con otras películas de terror recientes como The Killer (2023) de David Fincher, que logró encontrar equilibrio entre estilo visual y narrativa, The Devil Comes at Night se queda corta. Mientras que The Killer logró mantener un tono coherente y una narrativa sólida, esta película cae en la trampa de depender demasiado de los clichés del género.

En resumen, The Devil Comes at Night es una película de terror competente pero poco original. Tiene momentos brillantes en términos de atmósfera y actuación, pero su falta de profundidad temática y narrativa la deja atrás en comparación con otras películas del género.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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