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España, Portugal y Suiza avanzan en el Mundial 2026: el reloj que se detuvo para Modrić y arranca para Yamal

Jack T. Taylor

Un Mundial es un reloj. No perdona, no negocia, y el 2 de julio los tres partidos de octavos lo dejaron a la vista: hay carreras a las que se les acaba la cuerda, otras a las que todavía les queda margen, y alguna que apenas empieza a girar. En Toronto, en Los Ángeles y en Vancouver, España, Portugal y Suiza sellaron su pase a los cuartos, pero la historia real estaba en los rostros de los que se quedan y de los que llegan.

Toronto: dos hombres de cuarenta y una despedida

Cristiano Ronaldo y Luka Modrić tienen los dos cuarenta años, y el destino los cruzó una última vez. Portugal ganó 2–1 a Croacia, y ese margen de un solo gol fue honesto: no hubo goleada porque Modrić no la permitió. En su quinto y último Mundial, todavía en el AC Milan, el croata marcó el tempo del partido como quien administra sus propias fuerzas, consciente de que ya no habrá otra. Pero Croacia se apoyó entera en él, y un equipo no puede colgarse de un solo hombre de cuarenta años durante noventa minutos.

La generación dorada croata se marcha así: la de la final de 2018, la de la semifinal de 2022, la que convirtió a un país pequeño en una potencia futbolística. Se va con su capitán, que fue lo último en apagarse. Ronaldo, en cambio, sigue en pie, y su Portugal avanza. Pero avanza con una pregunta incómoda pegada a la espalda: ¿hasta dónde se puede llegar apoyándose en los destellos de un talismán de cuarenta años, en lugar de en un plan?

Los Ángeles: la correa que España por fin soltó

En el otro extremo del arco de una carrera está Lamine Yamal. Dieciocho años, una rotura de isquiotibiales en abril que lo tuvo racionado durante toda la fase de grupos, y una etiqueta de peligro que Ralf Rangnick se tomó tan en serio que diseñó su presión austríaca específicamente para frenarlo. No sirvió de nada. En el SoFi Stadium, España soltó por fin la correa y Yamal desarmó ese plan pieza a pieza, encarando, filtrando, apareciendo donde la presión no lo esperaba. El 3–0 lo redondeó Mikel Oyarzabal ya al final, con el partido resuelto.

El contraste con la España anterior es brutal. La misma selección que había tropezado en un 1–1 contra Cabo Verde parecía otra cosa por completo con Yamal a pleno rendimiento. Durante semanas, el cuerpo técnico lo dosificó como quien protege una inversión frágil; el 2 de julio comprobaron lo que tenían guardado. España, de golpe, parece haber resuelto su único problema, y eso la vuelve un adversario incómodo para cualquiera.

Vancouver: los suizos que nadie quiere en el cuadro

Suiza no genera titulares hasta que hay que jugar contra ella. En el BC Place ganó 2–0 a Argelia con Granit Xhaka —el más internacional, excapitán— manejando el tempo desde el centro con esa autoridad silenciosa de quien lleva media vida haciéndolo. Breel Embolo y Dan Ndoye pusieron los goles; el orden colectivo puso el resto.

Argelia, que volvía a un Mundial por primera vez desde 2014 tras colarse como mejor tercero gracias a la magia tardía de Riyad Mahrez en la fase de grupos, se topó con un equipo mejor organizado y sin fisuras. Los Zorros del Desierto se despiden con la sensación de haber llegado hasta donde su estructura les permitía, ni un metro más. Suiza, en cambio, llega infravalorada y difícil de batir, que es exactamente la posición desde la que sorprenden los que nunca aparecen en las quinielas.

Tres relojes, un mismo mecanismo

Al final del día quedan tres imágenes que cuentan lo mismo desde ángulos distintos. Modrić saliendo del césped por última vez en un Mundial, con la cuerda agotada. Ronaldo despedido hacia la siguiente ronda, con el reloj todavía girando lo justo. Y Yamal, de dieciocho años, cuyo cronómetro apenas ha empezado a correr y ya marca peligro. España parece haber encontrado la solución a lo que la frenaba. Portugal sigue viva entre el talento individual y la duda estructural. Y Suiza avanza como avanza siempre: sin ruido, difícil, esperando a que alguien la subestime. Un Mundial no espera a nadie. Solo decide para quién todavía queda tiempo.

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