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Diego Maradona, el hombre que hizo de sus contradicciones la única religión que Argentina aceptó sin reservas

Penelope H. Fritz
Diego Maradona
Diego Maradona
Photo: Alexandr Mysyakin / soccer.ru (CC BY-SA 3.0)
Nacimiento30 de octubre de 1960
Lanús
Fallecimiento25 de noviembre de 2020 (60)
OcupaciónFutbolista, Entrenador de fútbol
PremiosBalu00f3n de Oro Copa del Mundo u00b7 L’u00c9quipe Campeu00f3n de Campeones u00b7 Futbolista del Siglo FIFA

El cuarto de final contra Inglaterra produjo, en cuatro minutos, el gol más descarado de la historia de los Mundiales y el más extraordinario. Maradona metió el balón con la mano, le dijo al árbitro que había sido Dios y mantuvo la compostura el tiempo suficiente para que el tanto subiera al marcador. Después recogió el balón en su propio campo, se regateó a cinco jugadores ingleses en una carrera de sesenta metros tan precisa y despiadada que cuando el balón cruzó la línea el estadio se había quedado sin aire. Nadie que presenció aquella tarde salió dispuesto a discutir de moral. El partido fue donde Maradona terminó de convertirse en mito. El resto de su vida fue la pregunta de qué quedaba del hombre debajo de él.

Nació en 1960 en Villa Fiorito, un barrio pobre al sur de Buenos Aires, quinto de ocho hermanos en una familia que había emigrado desde Corrientes. Su padre trabajaba en una fábrica. El balón llegó antes que el televisor: a los tres años ya lo dominaba y a los diez era el mascota de Los Cebollitas, el equipo juvenil de Argentinos Juniors, que con él como referente encadenó 136 partidos sin perder. La historia se ha contado tantas veces que ya tiene la textura de la leyenda, pero empezó como un hecho puro y verificable: el chico era simplemente diferente.

Se hizo profesional a los quince años. Cuando tenía diecisiete ya era tan conocido en Argentina que no convocarlo al Mundial de 1978 requirió una explicación del cuerpo técnico nacional. Dejó Boca Juniors para ir al FC Barcelona en 1982 por lo que entonces era la transferencia más cara de la historia, pero los años en Cataluña fueron difíciles. Una hepatitis lo mantuvo meses parado, y una entrada brutal de Andoni Goikoetxea le rompió el tobillo y le privó de casi otra temporada. En ese período empezó a consumir cocaína, un detalle que acabaría dando forma a las tres décadas siguientes de su vida con la misma intensidad que cualquier gol.

El traslado al Napoli en 1984 lo cambió todo. Llegó como el fichaje más caro de la historia del club y la ciudad lo recibió no como un futbolista sino como una promesa. Nápoles había sido históricamente despreciada por el norte de Italia, y la llegada de Maradona se entendió no solo como una apuesta deportiva sino como algo próximo a un acontecimiento político. Ganó al Napoli sus dos únicas ligas italianas de Serie A (1986-87 y 1989-90), una Coppa Italia en 1987 y la UEFA Cup en 1989. El Estadio San Paolo, rebautizado como Estadio Diego Armando Maradona en diciembre de 2020, conserva murales suyos que llevan cuarenta años sin perder color.

Diego Maradona levantando la Copa del Mundo de 1986
Diego Maradona con el trofeo del Mundial 1986 — la imagen que definió el fútbol argentino

El Mundial de México de 1986 sigue siendo el ejemplo más claro en la historia del fútbol de un solo jugador decidiendo un torneo por sí mismo. Argentina no tenía un equipo particularmente poderoso; lo que tenía era a Maradona, que en seis partidos ofreció actuaciones que terminan con los debates sobre la grandeza. El gol contra Inglaterra ha sido elegido en múltiples votaciones el mejor de la historia de los Mundiales. El Balón de Oro que obtuvo en ese torneo acompaña su condición de Mejor Jugador del Siglo XX de la FIFA, reconocimiento compartido con Pelé que no satisfizo a los seguidores de ninguno de los dos pero que describió con exactitud el territorio en disputa.

Pero la cocaína, que en Nápoles fue un secreto a voces durante años, acabó siendo la noticia. En marzo de 1991 dio positivo y recibió una suspensión de quince meses que puso fin a su etapa en el Napoli. Ese mismo año fue detenido en Buenos Aires por posesión y tráfico. Participó en el Mundial de 1994 en Estados Unidos y fue enviado a casa tras el segundo partido al dar positivo por efedrina. Ahí terminó su carrera internacional, sin la dignidad que merecían sus actuaciones.

Los años posteriores al fútbol dejaron su propio registro complicado. Dirigió a la selección argentina entre 2008 y 2010, sorteando una campaña de clasificación desastrosa que exigió una victoria por 6-1 sobre Perú en el último partido —que obtuvo— y llegando a los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica antes de perder con contundencia frente a Alemania. Su comportamiento en el banquillo fue teatral, su capacidad táctica fue debatida, su carisma se mantuvo intacto. Siempre fue la persona más interesante en cualquier sala, tanto si esa sala era una rueda de prensa como si era una sala de urgencias.

Diego Maradona en el Estadio Azteca, México 1986
Maradona en el Estadio Azteca, México 1986 — el torneo que lo hizo inalcanzable

En noviembre de 2020 murió de un paro cardíaco en su casa de Tigre, ocho días después de que le dieran el alta de la clínica donde había sido operado de un coágulo de sangre en el cerebro. Siete miembros de su equipo médico están acusados de homicidio culposo. El juicio comenzó en Argentina en marzo de 2025, fue declarado nulo en mayo de 2025 por un escándalo judicial, y un nuevo proceso arrancó en abril de 2026. Los tribunales todavía debaten quién fue responsable de las condiciones de su muerte, una pregunta que implica no solo a un grupo de médicos sino al sistema completo de complicidades que lo rodeó en sus últimas dos décadas.

Argentina declaró tres días de luto nacional cuando murió. Nápoles se detuvo. La Iglesia Maradoniana, un movimiento fundado en su honor en 1998 con sus propios mandamientos y su propio calendario, cuenta hoy con unos 200.000 miembros registrados en 130 países. Su familia ha propuesto construir un mausoleo público. El juicio sigue abierto. La canonización lleva décadas consumada.

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