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Odell Beckham Jr., el receptor que sigue persiguiendo la atrapada que hizo con tres dedos

Penelope H. Fritz
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Odell Beckham Jr.
Odell Beckham Jr.
Photo: Erik Drost / CC BY 2.0, via Wikimedia Commons
Nacimiento5 de noviembre de 1992
Baton Rouge
Ocupaciónreceptor abierto de fútbol americano
Premios individualesCampeón del Super Bowl LVI · Novato ofensivo de la NFL · 3× Pro Bowl · 2× Segundo equipo All-Pro · Premio Paul Hornung

Odell Beckham Jr. ha pasado buena parte de su vida adulta escuchando que es el jugador de aquella noche de domingo. Cayendo hacia atrás, rumbo a la esquina de la zona de anotación, con un esquinero de Dallas encima, estiró la mano derecha y atrapó el balón con tres dedos. La repetición lo hizo famoso antes de que buena parte de la liga hubiese aprendido a pronunciar su nombre, y fijó un listón que ninguna carrera podría superar dos veces. Lo que hace que hoy merezca la pena seguir su historia no es aquella recepción, sino la tozudez que vino después. El receptor que batía récords de novato semana tras semana ha vuelto al equipo que lo eligió, con el mismo número que lucía entonces, peleando por unos pocos minutos en cada partido y esperando todavía que el balón llegue hasta él.

Su herencia atlética quedó clara desde el principio. Beckham nació en Baton Rouge, Luisiana, hijo de dos deportistas de LSU. Su padre, Odell Beckham Sr., fue corredor de los Tigers y, cuando jugaba en el instituto en Marshall, Texas, llegó a aparecer en las páginas de Friday Night Lights, de Buzz Bissinger. Su madre, Heather Van Norman, formó parte de los equipos de relevos de LSU que ganaron tres campeonatos nacionales en 1993 y más tarde entrenó atletismo en Nicholls State. Su hijo creció practicando de todo. En el Isidore Newman School de Nueva Orleans destacó en fútbol americano, baloncesto y atletismo; saltó más de 6,8 metros en longitud, corrió los 200 metros en 22,31 segundos y, en su último curso, atrapó 50 pases para 1.010 yardas y 19 touchdowns.

Pero el fútbol americano no fue su primer amor. Lo fue el fútbol, y su ídolo de infancia era David Beckham, un hombre con quien comparte apellido y nada más. Los entrenadores de clubes que lo vieron jugar de niño le propusieron hacer una prueba para una selección nacional juvenil, pero rechazó la oferta. El cariño por ese deporte nunca desapareció. En la primavera de 2026, semanas antes de que lo llamaran los Giants, entrenaba al Showtime FC en la Baller League USA, una competición de fútbol sala con equipos de seis jugadores que se disputa en Miami y en la que compartía el puesto de mánager con Ronaldinho y Usain Bolt.

Eligió LSU por delante de Ole Miss y Nebraska, y en sus tres temporadas en Baton Rouge se convirtió en el jugador más polivalente del fútbol universitario. En 2013, su tercer año, formó con Jarvis Landry una de las parejas de receptores más peligrosas de la SEC: atrapó 57 pases para 1.117 yardas, lideró la conferencia en retornos de patada de salida y devolvió 109 yardas un intento de gol de campo fallido para anotar un touchdown contra UAB. Ganó el Paul Hornung Award al jugador más polivalente del país, fue incluido en el primer equipo All-American y decidió dar el salto un año antes de lo previsto. Los New York Giants lo eligieron en el puesto 12 del draft de 2014, como tercer receptor seleccionado.

Una lesión en los isquiotibiales lo dejó fuera de los cuatro primeros partidos de su temporada de novato, y más tarde reconoció que aquel año nunca llegó a jugar completamente recuperado. Apenas se notó. Desde su debut en octubre contra Atlanta, atrapó 91 pases para 1.305 yardas y 12 touchdowns en 12 partidos, y sigue siendo el único jugador en la historia de la NFL que ha superado las 1.300 yardas de recepción en 12 encuentros o menos. Encadenó nueve partidos consecutivos con 90 yardas o más, igualando un récord de Michael Irvin, y el 23 de noviembre de 2014, en Sunday Night Football contra los Cowboys, hizo la recepción. Los Giants perdieron aquella noche por 31-28. En menos de dos semanas, su camiseta ya se exponía en el Pro Football Hall of Fame. La liga nombró la jugada Momento del Año y la Associated Press lo eligió Novato Ofensivo del Año.

La fama llegó a una velocidad difícil de gestionar para cualquier novato. Los aficionados lo votaron para la portada de Madden NFL 16, lo que lo convirtió en el deportista más joven en protagonizarla en la historia del videojuego. Durante la semana de la Super Bowl, atrapó en directo y en un minuto 33 pases con una sola mano lanzados por Drew Brees. En 2017, Nike firmó con él lo que, según se informó, era el mayor contrato de patrocinio concedido hasta entonces a un jugador de la NFL: 25 millones de dólares en cinco años. Se interpretó a sí mismo en la serie de HBO Ballers, apareció en videoclips de Drake y Nicki Minaj, y su amistad con LeBron James y Drake pasó a formar parte de la historia que se contaba sobre él.

En el campo, las cifras seguían acumulándose. Sumó 1.450 yardas y 13 touchdowns en 2015; después, en 2016, atrapó 101 pases para 1.367 yardas, la única temporada de su primera etapa en la que los Giants llegaron a los playoffs. Alcanzó las 200 recepciones en su carrera más rápido que nadie y fue el más rápido, junto con Lance Alworth, en llegar a las 4.000 yardas de recepción. Por el camino, encadenó tres Pro Bowls y fue elegido dos veces para el segundo equipo All-Pro. En agosto de 2018, los Giants lo convirtieron en uno de los receptores mejor pagados del fútbol americano con una ampliación de contrato de cinco años y 95 millones de dólares.

La otra cuenta también se llenó enseguida, y es la parte de su historia que los vídeos de mejores jugadas suelen dejar fuera. Un partido de diciembre de 2015 contra Carolina desembocó en un enfrentamiento constante con el esquinero Josh Norman: Beckham recibió tres faltas personales y una suspensión de un partido que se mantuvo tras la apelación. Después de la derrota en la ronda de comodines de 2016 en Green Bay, abrió un agujero de un puñetazo en la pared del vestuario visitante y los Giants pagaron la reparación. Su cuerpo también empezó a pasarle factura: una fractura en el tobillo izquierdo contra los Chargers puso fin a su temporada de 2017 tras cuatro partidos, y una lesión en el cuádriceps lo dejó fuera el último mes de 2018. Cuando Nueva York lo traspasó a Cleveland en marzo de 2019, menos de siete meses después de la ampliación de contrato, la conversación sobre él había pasado del talento al temperamento, y no siempre hizo mucho por defenderse. También es justo señalar que los incidentes que más se citan se concentraron en unas pocas semanas malas de una carrera que, cuando estaba sano, produjo más que la de cualquier otro jugador de su posición a esa edad. El traspaso dio a los Giants a Jabrill Peppers, Kevin Zeitler y elecciones de primera y tercera ronda; no les dio un receptor de su categoría.

Cleveland volvió a reunirlo con Landry y esperaba fuegos artificiales. Hubo una gran tarde, con 161 yardas en su regreso al MetLife Stadium contra los Jets, y una temporada de 1.035 yardas jugada con una hernia deportiva que requirió cirugía en enero de 2020. Después, en octubre de 2020, se rompió el ligamento cruzado anterior de la rodilla al intentar placar tras una intercepción contra Cincinnati. En noviembre de 2021, después de que su padre expresara públicamente en las redes sociales su frustración por el uso que los Browns hacían de su hijo, Cleveland lo dejó libre.

Los Los Angeles Rams lo ficharon unos días después, y la resurrección fue inmediata: cinco touchdowns en ocho partidos de temporada regular, su primer touchdown de playoffs contra Arizona y nueve recepciones para 113 yardas en el partido por el título de la NFC contra San Francisco. En la Super Bowl LVI, el 13 de febrero de 2022, en el SoFi Stadium, atrapó un pase de 17 yardas que fue el primer touchdown del partido. En el segundo cuarto, la rodilla le falló y no volvió al campo. Era su segunda rotura del ligamento cruzado anterior en menos de 16 meses y, como en la primera ocasión, el rival era Cincinnati. Los Rams ganaron por 23-20. Cuatro días después, su pareja, Lauren Wood, dio a luz a su hijo.

Se perdió toda la temporada de 2022 para recuperarse y volvió al SoFi únicamente para ver cómo los Rams izaban su bandera de campeones. En noviembre acaparó titulares por otro motivo: un vuelo de American Airlines de Miami a Los Ángeles regresó a la puerta de embarque después de que miembros de la tripulación afirmaran que se había negado a abrocharse el cinturón, y la policía del condado de Miami-Dade lo escoltó fuera del avión. Los Baltimore Ravens le ofrecieron un contrato de un año para 2023 y, bajo las órdenes del entrenador jefe John Harbaugh, atrapó 35 pases para 565 yardas y tres touchdowns, con una media de 16,1 yardas por recepción y un partido de 116 yardas contra los Bengals. Después llegó Miami, en 2024, y las cosas salieron mal. Empezó la temporada en la lista de jugadores físicamente no aptos para jugar tras pasar por el quirófano, atrapó nueve pases para 55 yardas en nueve partidos y fue despedido de mutuo acuerdo en diciembre.

El peor momento llegó en público. En octubre de 2025, en el pódcast The Pivot, Beckham contó que la NFL lo había suspendido seis partidos después de que un control realizado durante su etapa en Miami detectara niveles elevados de testosterona. Aceptó la sanción y dijo que nunca había tomado conscientemente una sustancia para mejorar el rendimiento. En aquel momento no tenía equipo y no jugó ni una sola jugada en 2025: era la segunda temporada completa que se perdía en cuatro años.

Harbaugh, ya como entrenador jefe de los Giants, le ofreció una vía para regresar. Nueva York lo convocó para una prueba el 20 de abril de 2026 y lo contrató el 1 de junio con un acuerdo de un año por unos 1,3 millones de dólares, una fracción de lo que el club le había pagado en su día. No le prometieron nada, y dijo que era la primera vez en su carrera que no daba por hecho que fuera a entrar en el equipo. «Ha jugado bien. Ha ido mejorando a medida que avanzaba el campamento», dijo Harbaugh a finales de agosto. El 1 de septiembre entró en la plantilla de 53 jugadores y recuperó el número 13 que lucía como novato. «Se me saltaron las lágrimas cuando volví al hotel, después de enterarme de que iba a estar aquí», dijo. «Tengo la oportunidad de reescribir un poco el tramo final del capítulo».

El guion todavía no está a la altura de ese sentimiento. En el partido inaugural de la temporada, en casa contra Dallas —el rival de aquella recepción—, jugó 11 acciones en una victoria por 28-20. En la segunda semana saltó al campo en tres jugadas de una derrota por 28-6 contra los Rams, la franquicia que le dio su anillo. Contra Tennessee, el 27 de septiembre, disputó seis acciones y recibió su primer objetivo de la temporada, pero el pase quedó incompleto. El coordinador ofensivo Matt Nagy ha dicho que el cuerpo técnico intenta «ir incorporándolo poco a poco en algunas cosas», y Harbaugh ha afirmado que quiere darle más protagonismo. Beckham no atrapa un pase en un partido de la NFL desde el 8 de diciembre de 2024, cuando recibió para una yarda con Miami contra los Jets. En un grupo de receptores construido en torno a Malik Nabers, con el joven Jaxson Dart como quarterback, sus críticos no han tardado en señalar que un receptor de 33 años que no juega en equipos especiales tiene que justificar su lugar los domingos, no en el vestuario.

Lejos del campo, la fe ha sido el hilo más constante. Beckham es cristiano y se bautizó en el río Jordán en el verano de 2018. Su hermano menor, Kordell, ganó la sexta temporada de Love Island USA en 2024. Entre sus iniciativas benéficas figuran los 500.000 dólares recaudados con la venta de camisetas para ayudar a los afectados por las inundaciones de Luisiana de 2016 y los 100.000 dólares destinados al año siguiente a las labores de ayuda tras el huracán Harvey. También ha aparecido en pantalla interpretándose a sí mismo, más recientemente en la película de 2023 House Party.

Su próxima cita es contra Arizona, en el MetLife Stadium, el 4 de octubre. Beckham suma 575 recepciones en temporada regular, 7.987 yardas de recepción y 59 touchdowns: le faltan 13 yardas para llegar a las 8.000, una cifra redonda que podría alcanzar en cualquier tarde corriente. Que llegue o no esa tarde decidirá cómo se lee este último capítulo: como una despedida que los Giants le concedieron por nostalgia o como la prueba de que las manos responsables de una recepción imposible todavía tienen sitio en la liga. Ya reescribió un final una vez, sobre el escenario de la Super Bowl. La diferencia ahora es que tiene que ganarse la oportunidad de intentarlo.

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