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Terry Bradshaw: cuatro anillos y un personaje de tonto hecho a medida

Penelope H. Fritz
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Terry Bradshaw
Terry Bradshaw
Photo: Damon J. Morit (U.S. Navy) / Public domain, via Wikimedia Commons
Nacimiento2 de septiembre de 1948
Shreveport
OcupaciónExquarterback de fútbol americano y comentarista deportivo
PalmarésSuper Bowl ×4 · Premio al Jugador Más Valioso de la NFL 1978
Premios individualesSalón de la Fama del Fútbol Americano Profesional

Cada domingo de temporada de la NFL, el hombre de más edad del plató de Fox hace una imitación de sí mismo. Terry Bradshaw se ríe antes de llegar al remate, bromea sobre sus tres divorcios y se revuelve cuando sus compañeros más jóvenes le corrigen en antena; la imitación se ha vuelto tan completa que toda una generación de espectadores solo lo conoce como el simpático paleto del programa previo a los partidos. Jimmy Johnson, compañero suyo desde hace muchos años, ha calificado de teatrillo esa pose de paleto. La pregunta a la que Bradshaw nunca ha respondido del todo, y que aborda en sus nuevas memorias bajo el título Looking for Terry, es qué pretendía ocultar con aquella rutina.

El verdadero Bradshaw empezó en Shreveport, Luisiana, hijo de Bill Bradshaw, veterano de la Armada, y de su esposa Novis. En el instituto Woodlawn lanzó la jabalina más lejos que cualquier otro estudiante de secundaria del país. Louisiana Tech le ofreció una beca y, al principio, un puesto por detrás de Phil Robertson, el quarterback que más tarde se convertiría en el patriarca de Duck Dynasty. En su tercer año, Bradshaw lideraba la NCAA en yardas totales de ataque.

Antes del draft de 1970, los Pittsburgh Steelers y los Chicago Bears, ambos con un balance de 1–13, lanzaron una moneda para decidir quién elegía primero. Ganó Pittsburgh, que se llevó al joven de Ruston de brazo largo. Los primeros años fueron duros, y el entrenador jefe tampoco se lo puso fácil. Chuck Noll sometía a su quarterback a una lluvia de críticas, y Bradshaw lleva décadas diciendo que Noll nunca pareció tenerle aprecio; Noll describía la relación como estrictamente profesional y decía que funcionaba tanto si a Bradshaw le gustaba como si no. En un partido de playoff de 1972 contra Oakland, un pase de Bradshaw rebotó tras un choque y acabó en las manos de Franco Harris. La Immaculate Reception dio su primera victoria en un partido de playoff a una franquicia que nunca había ganado ninguno.

Lo que vino después es la racha que todavía lo define. Pittsburgh derrotó a Minnesota por 16–6 en la Super Bowl IX y a Dallas por 21–17 en la Super Bowl X, donde Bradshaw lanzó un pase de touchdown de 64 yardas a Lynn Swann una fracción de segundo antes de que lo arrollaran. Antes de la Super Bowl XIII, el linebacker de Dallas Thomas «Hollywood» Henderson dijo que Bradshaw no sabría deletrear «cat» ni aunque le soplaran la c y la a. Bradshaw respondió con 318 yardas de pase, un récord en aquel momento, y cuatro touchdowns en una victoria por 35–31; además, fue nombrado MVP del partido. Un año después volvió a llevarse el galardón, tras vencer a Los Angeles Rams por 31–19 con un pase de 73 yardas a John Stallworth en el último cuarto. Cuatro Super Bowls en seis temporadas, ninguna derrota y, entre medias, el premio al MVP de la liga de 1978.

Las estadísticas que cimentaron su reputación también alimentan los argumentos en su contra. Bradshaw terminó su carrera con 212 pases de touchdown y 210 intercepciones, un 51,9 % de pases completados y una valoración de pasador de 70,9: cifras que parecen modestas al compararlas con las de los quarterbacks que llegaron después. Sus críticos llevan mucho tiempo recurriendo a ellas para sostener que lo llevaron en volandas la defensa Steel Curtain y dos receptores del Salón de la Fama. La réplica está en los partidos que más importaban: 932 yardas, nueve touchdowns y cuatro intercepciones en cuatro Super Bowls, todas ellas ganadas. El Pro Football Hall of Fame lo incorporó en 1989, en su primer año de elegibilidad. Su carrera terminó con un solo pase. Tras operarse del codo en la primavera de 1983, volvió para un partido de diciembre contra los New York Jets, encontró a Calvin Sweeney para un touchdown, notó que el codo se le desencajaba y no volvió a jugar. Ese mismo año, los Steelers habían dejado pasar la oportunidad de elegir a un quarterback de una universidad local llamado Dan Marino.

Durante mucho tiempo, el coste de aquella personalidad quedó en privado. Bradshaw sufrió ataques de ansiedad después de los partidos durante toda su carrera, y el temor a las apariciones públicas fue abriendo una distancia con el club para el que lo había ganado todo. Nunca volvió al Three Rivers Stadium para un partido de temporada regular; cuando se plantó en la banda de los Steelers en octubre de 2002, hacía veinte años que no lo hacía. La relación con Noll siguió siendo tensa hasta que ambos hicieron las paces antes de que el entrenador muriera en 2014. A finales de los años noventa, tras su tercer divorcio, a Bradshaw le diagnosticaron depresión clínica. Desde entonces ha hablado abiertamente de la enfermedad y de la medicación diaria que la mantiene a raya.

La televisión, en cambio, lo acogió enseguida. CBS lo contrató como analista de partidos en 1984 y en 1990 lo incorporó al plató de The NFL Today junto a Greg Gumbel. Cuando Fox adquirió los derechos de la NFL en 1994, Bradshaw se pasó a la cadena para el estreno de Fox NFL Sunday, donde sigue trabajando y ha ganado tres premios Emmy deportivos. Hollywood se había fijado en él antes, gracias a Burt Reynolds, y le dio papeles en Hooper, Smokey and the Bandit II y The Cannonball Run. En 2001 se convirtió en el primer jugador de la NFL con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y, en Failure to Launch, él y Kathy Bates interpretaron a los padres de Matthew McConaughey. Su versión de 1976 de la canción de Hank Williams I’m So Lonesome I Could Cry llegó al número 17 de las listas de música country.

Los últimos cinco años han puesto a prueba el personaje más que cualquier defensa rival. A Bradshaw le diagnosticaron cáncer de vejiga en noviembre de 2021 y fue operado en Yale; en marzo de 2022, un dolor en el cuello llevó a los médicos a descubrirle un tumor de células de Merkel, un cáncer de piel poco frecuente, que le extirparon. Esperó hasta octubre de 2022 para contárselo a los espectadores de Fox NFL Sunday porque, según explicó después, no quería dar pena. Les dijo que quizá no tuviera el aspecto de siempre, pero que se sentía como siempre y que estaba libre de cáncer. Cumplió 78 años el 2 de septiembre y en 2026 ha vuelto para su 33.ª temporada en Fox. Las primeras semanas han traído una oleada de espectadores que piden su retirada después de algunos titubeos en antena. Él no ha dado señales de querer marcharse.

Bradshaw se ha casado cuatro veces: con Melissa Babish, antigua Miss Teenage America; con la patinadora artística JoJo Starbuck; con la abogada Charla Hopkins, madre de sus hijas Rachel y Erin; y, desde 2014, con Tammy Bradshaw. En 2020 puso su nombre a un bourbon puro de Kentucky embotellado con un 51,9 % de alcohol, el porcentaje de pases completados de su carrera. Puede que sea la broma más Bradshaw de todas: la cifra que sus críticos esgrimían contra él, ahora se la vende a ellos por copas.

Looking for Terry, publicado por Harper Select el 13 de octubre, es su primer libro de memorias en más de veinte años. La promoción ya lo ha llevado a Real Time with Bill Maher, y tiene prevista una conversación en Red Bank, Nueva Jersey, para el 14 de octubre. El libro repasa la depresión y el cáncer, y la fe en la que se apoyó para superar ambos. Que los lectores encuentren al hombre que da título al libro dependerá de cuánto esté dispuesto, por fin, a dejar atrás el personaje.

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