Cine

El color del dinero no iguala a El buscavidas, pero Newman le da una razón de ser

Martin Scorsese firmó en 1986 la secuela de la película de Robert Rossen, con Paul Newman y Tom Cruise.
Martha O'Hara
Añádenos en Google

Veinticinco años después de El buscavidas, Eddie Felson vuelve, y al principio ni siquiera juega. El color del dinero, que Martin Scorsese estrenó en octubre de 1986, encuentra a Eddie, el personaje de Paul Newman, vendiendo licores en Chicago, cómodo y con la mirada un poco apagada. Entonces ve a un joven llamado Vincent Lauria (Tom Cruise) ganarle al nueve a Julian y la vieja comezón regresa. Igual que la película de 1961, esta parte de una novela de Walter Tevis. Es una secuela, no un remake, y eso es lo mejor que tiene.

Eddie no vuelve a la mesa. Vuelve a través de otro. Les propone una sociedad a Vincent y a su novia Carmen (Mary Elizabeth Mastrantonio): seis semanas de carretera, una fila de salas de billar y, al final, un torneo de nueve bolas en Atlantic City. Eddie se queda con la mayor parte de las ganancias y absorbe las pérdidas. A cambio pide obediencia. También quiere que Vincent aprenda la primera lección del estafador, que es jugar por debajo de su nivel para que la víctima siga apostando. Vincent lo detesta. Tiene talento, es un novato y le gusta tener público, y no entiende por qué habría de esconder lo que sabe hacer.

YouTube video

Ese roce sostiene la película. Newman interpreta a un hombre que se ha pasado años diciéndose que el juego ya no iba con él, y que se ilumina cuando ve a un chico al que puede moldear. Por este papel ganó el Óscar al mejor actor. Lo que más admiro es lo poco que hay de nostalgia en él. Eddie no es un santo ni un viejo maestro sabio. Manipula las inseguridades de Vincent con respecto a Carmen, le regala un valioso taco como cebo y tuerce el trato a su favor sin hacer ruido. Cuando se harta de las poses de Vincent en la sala de su viejo conocido Orvis, se marcha sin más. El mentor es tan vanidoso como el alumno, solo que mejor disimulando.

Cruise es el contrapunto perfecto. Su Vincent es puro vértigo y descaro, un fanfarrón incapaz de renunciar a un floreo aunque espante a un rival con más dinero. Resulta fácil que caiga mal, y la película quiere que caiga mal, pero hay oficio en cómo Cruise deja que el encanto del chico se cuele igualmente. La Carmen de Mastrantonio es más lista de lo que ninguno de los dos hombres le reconoce. Sabe cuánto vale en el negocio, le recuerda a Eddie que son socios con un interés común en Vincent y no se presta a ser adorno de nadie.

Los papeles menores quedan más flojos. La Janelle de Helen Shaver, molesta por la marcha repentina de Eddie, se queda casi siempre en el margen de la historia. El Julian de John Turturro tiene un par de momentos afilados antes de que la trama siga sin él. Forest Whitaker aparece como Amos, el estafador que derrota y humilla a Eddie, y esa derrota importa porque lo aparta de la ruta y lo empuja hacia el torneo.

El tramo central se arrastra un poco. Sala tras sala, timo tras timo: el patrón se entiende pronto y parte de la repetición no justifica su duración. Pero el ritmo se recupera cuando los dos hombres dejan de fingir que son un equipo. El exhibicionismo de Vincent casi arruina una partida que debía perder contra Grady Seasons, y ver ese casi fracaso es lo que empuja a Eddie a coger otra vez el taco.

El final es más interesante que un simple duelo. En Atlantic City Eddie vence a Vincent y luego descubre que este entregó la partida a propósito, después de usar el juego contra Grady para subir sus propias cuotas. Vincent y Carmen le dan 8.000 dólares como su parte. Pretende ser un regalo y suena a insulto. En su semifinal, Eddie abandona y devuelve el dinero. Quiere ganar de forma limpia, a su manera. El último enfrentamiento es una partida privada contra Vincent, y Eddie proclama: «¡He vuelto!».

No voy a fingir que esté a la altura de El buscavidas, y varios críticos de la época ya lo dijeron. Es más suelta y menos sombría. Pero tiene lo que necesita una buena secuela, una razón para existir: un hombre que una vez lo perdió todo y ahora debe decidir cuánto vale ganar.

Etiquetas: , , , , ,

Añádenos en Google

Debate

Hay 0 comentarios.