Cine

William Tell no basta para salvar la fría narrativa de Schrader

Martin Cid

La escena inicial de William Tell, interpretado por Oscar Isaac, quitando la decoración de una habitación de motel y cubriendo los muebles con sábanas blancas, es un golpe visual que define el núcleo del filme: un hombre obsesionado con el control en un mundo caótico. Paul Schrader dirige este drama criminal con su intensidad característica, pero The Card Counter (2021) termina siendo una apuesta arriesgada que no siempre paga.

Schrader construye un ambiente claustrofóbico y sombrío, donde cada plano parece respirar culpa y redención. La cinematografía de Alexander B. Klotz y la banda sonora minimalista de Robert Levon Been refuerzan esta atmósfera, especialmente en las escenas de los casinos, donde el sonido del crupier y el roce de las fichas se convierten en un latido constante. Oscar Isaac ofrece una actuación contenida pero poderosa como William Tell, un exinterrogador militar convertido en jugador profesional que arrastra los fantasmas de Abu Ghraib. Su interpretación es la columna vertebral del filme, especialmente en los momentos más íntimos y vulnerables, como cuando confronta a Cirk (Tye Sheridan) con su pasado violento.

Sin embargo, el mayor problema de The Card Counter radica en su guion. Los diálogos son rígidos y artificiales, como si los personajes estuvieran leyendo líneas en lugar de hablar entre ellos. Esta elección, que algunos podrían argumentar es intencional para reflejar la frialdad emocional de Tell, termina por distanciar al espectador en lugar de sumergirlo en la narrativa. La estructura también cojea: el filme se extiende más de lo necesario, especialmente en las escenas de los torneos de póquer, que carecen de tensión y ritmo.

Tye Sheridan como Cirk y Tiffany Haddish como La Linda ofrecen actuaciones sólidas pero subutilizadas. Willem Dafoe, aunque breve, deja una impresión duradera como el antagonista Gordo, con su presencia imponente y su voz grave. Sin embargo, estos personajes no logran escapar del peso de un guion que los limita.

El filme explora temas profundos como la culpa, la redención y la justicia, pero lo hace de manera demasiado literal y predecible. Schrader intenta crear una parábola moderna sobre el trauma y sus consecuencias, pero se pierde en su propio simbolismo. La resolución del conflicto entre Tell y Cirk es satisfactoria, pero carece del impacto emocional que promete.

The Card Counter tiene momentos de brillantez visual y actuaciones memorables, pero se ahoga en su propia solemnidad. Es un filme que demanda atención y reflexión, pero no siempre recompensa al espectador con una narrativa coherente o emocionante.

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