Cine

La vida de Pi convierte un tigre digital en la mejor pregunta sobre la fe del cine reciente

Ang Lee adapta en 2012 la novela de Yann Martel con una paciencia visual poco común.
Martha O'Hara
Añádenos en Google

Un chico en un extremo de un bote salvavidas, un tigre de Bengala en el otro y el Pacífico en todas direcciones. Es la estampa del cartel y la razón por la que mucha gente compra la entrada de La vida de Pi, de Ang Lee. Con una premisa tan buena habría sido fácil correr hacia el agua, pero Lee la retiene tras un primer acto largo. Al final la película ha preguntado qué significa creer en una historia y responde con una apuesta que pocas adaptaciones de una novela querida se atreverían a hacer.

El origen es la novela de Yann Martel, publicada en 2001, que ganó el Premio Booker al año siguiente y ha vendido más de diez millones de ejemplares, pese a que al menos cinco editoriales londinenses la rechazaron antes. El guion es de David Magee. Piscine Molitor Patel, Pi, crece en Pondicherry, hijo del director de un zoo, en el enclave francés que no pasó a la India hasta 1954, como recuerda The Guardian. La estructura anida un narrador dentro de otro. Un escritor canadiense sin nombre, interpretado por Rafe Spall y que cabe suponer que es el propio Martel, oye que en Montreal vive un hombre cuyo relato le hará creer en Dios. Ese hombre es el Pi adulto, Irrfan Khan, profesor de filosofía, que empieza por el principio.

YouTube video

El principio es un chiste sobre nombres. A Pi lo bautizaron con el de la Piscine Molitor, una piscina de París que adoraba un tío suyo, y cuando los compañeros de clase empezaron a hacer chistes sobre orinar, él se rebautizó con la letra griega. Tres actores lo llevan por la vida: Gautam Belur con cinco años, Ayush Tandon con doce y Suraj Sharma con dieciséis. En la novela, el tigre también tiene un nombre cómico, Richard Parker, resultado de un error administrativo que intercambió el nombre del animal con el del cazador que lo capturó. La película funciona mejor cuando juega con estos pequeños absurdos. Avisan pronto de que su solemnidad viene acompañada de sentido del humor y de que el director no va a pedirnos que nos traguemos cada gran idea sin más.

Luego está el aspecto visual. The Guardian elogia el aire misterioso y mágico de la película, desde los planos iniciales de animales que se pavonean y se arreglan en un zoo bañado de sol hasta los créditos finales con peces y objetos náuticos brillando bajo el mar, y atribuye al 3D alucinatorio el refuerzo de ese efecto. Film Comment, una voz bastante más reticente, describe el arranque como un despliegue de libro troquelado con jirafas, monos, flamencos rosas y un perezoso colgado de un árbol. Aun así admite que es la película visualmente más espléndida de la carrera de Lee. Yo me pongo del lado de los entusiastas. La secuencia del zoo es descaradamente bonita, pero además planta la idea de que cada criatura de esta historia se va a mirar dos veces, como animal y como símbolo. El crítico de The Movie Elite recela del lado más artístico de Lee y cita The Ice Storm como una de las películas más aburridas que ha visto. Con todo, califica de increíble el hundimiento del barco y afirma que no distinguía al tigre de uno real, pese a que buscaba cualquier señal de truco. Es la prueba justa para una película que depende de un felino digital para sostener media función.

La educación espiritual de Pi da sentido al primer acto. Se cría hindú y vegetariano, y a los catorce años investiga el cristianismo y el islam y decide pertenecer a las tres religiones, para disgusto de sus padres y de sus guías religiosos, porque solo quiere amar a Dios. Su padre, Santosh Patel, al que da vida Adil Hussain, es el racionalista que no quiere saber nada de eso. The Guardian señala que la película trata este viaje espiritual con un ingenio respetuoso mientras el chico rechaza el racionalismo paterno, y ese tono es su mejor cualidad. No se burla de la fe del muchacho ni deja que se endurezca hasta volverse sermón. Tabu interpreta a su madre, Gita, y el hermano Ravi lo encarnan a tres edades Ayaan Khan, Mohd Abbas Khaleeli y Vibish Sivakumar. Entre todos esbozan una familia en pocos trazos, y el esbozo basta para que la pérdida posterior pese.

El precio de tanta paciencia es el ritmo. El crítico de The Movie Elite cuenta que durante los primeros cuarenta minutos sus dudas se confirmaron casi del todo: le pareció entretenido y bien actuado, pero no lo llevaba a ninguna parte. Se pregunta por qué se tarda tanto en presentar a un personaje antes de dejarlo varado. La queja es justa, y quien llegue con prisa la notará. Mi respuesta es que ese arranque no se desperdicia. Cuando el barco se hunde y Pi se queda con una hiena, una cebra, un orangután y el tigre, la fe que se estableció en el primer acto es lo único a lo que puede agarrarse. El mismo crítico admite que, una vez varado Pi, la película arranca y no se detiene, y que las escenas entre Pi y Richard Parker, sin nada alrededor salvo agua, merecían la espera.

El bote es donde Lee se gana la fama. Simbasible destaca la relación entre Pi y el tigre, que le parece fascinante, y alaba que la película muestre a los animales como animales, sin humanizarlos en exceso. Coincido, y es la decisión que mantiene la tensión en el tramo central. Richard Parker no es una mascota ni un compañero de dibujos animados, y la supervivencia del chico depende de respetarlo. Ese mismo crítico está menos convencido del protagonista. Considera que Sharma está bien, pero no deslumbra, y esperaba más profundidad del personaje. Creo que la objeción tiene parte de razón. El guion le da a Pi mucho que soportar y comparativamente poco que decir en voz alta sobre ello. Khan, en las escenas del marco narrativo, aporta parte de la reflexión que el chico todavía no sabe expresar, y ese reparto de tareas es la manera que tiene la película de tapar el hueco.

Llega entonces el giro para el que se ha preparado toda la estructura. La película ofrece dos versiones de la historia, una con animales y otra sin ellos, y pregunta al público cuál prefiere. Simbasible encontró profundo ese doble final, estimulante y muy gratificante en lo emocional. En esa misma reseña reconoce que la película corre el riesgo de ponerse demasiado empalagosa por momentos antes de que Lee halle el equilibrio entre corazón y realismo. Film Comment es más duro. Acusa a Lee de ansiar el Óscar sin disimulo y de una corrección constante ante el material literario de prestigio, y sostiene que la película es tan inocua que cuesta explicar por qué deja mal sabor de boca. Entiendo lo de la corrección. Una película tan deseosa de agradar mantiene fuera de alcance sus aristas más afiladas, y una más valiente habría dejado que la pregunta doliera más. Pero el final funciona, porque hace cómplice al espectador de la elección. Queremos al tigre, y la película lo sabe.

Las cifras respaldan a los críticos que la defendieron. Roger Ebert la calificó de logro milagroso de narración y hito de maestría visual. Rotten Tomatoes la sitúa en un 86 % en el Tomatómetro, con una duración de dos horas y cinco minutos. Simbasible recuerda que recaudó más de 600 millones y obtuvo once nominaciones al Óscar, un balance que valió a Lee su segundo premio como director, tras Brokeback Mountain. Pocos cineastas podrían saltar de un western gay en Wyoming a una fábula de náufrago en el Pacífico sin perder pie. The Guardian subraya que Lee ha pasado de la Inglaterra de Jane Austen a la América de Nixon y a la China medieval cambiando de estilo, no repitiéndose.

Los defectos están a la vista. El primer acto se arrastra, el protagonista tiene menos capas que su calvario y la corrección puede leerse como cautela. Lo que la película hace bien es más difícil de encontrar. Se compromete con una idea espinosa, que la historia que elegimos contar sobre el sufrimiento es en sí misma un acto de fe. La pone en escena con un chico, un tigre y un océano, y no deja que el espectáculo ahogue el argumento. The Guardian compara el tono con un Robinson Crusoe reescrito por Laurence Sterne, lo cual es generoso pero se acerca. La pregunta final, en qué versión de la verdad se prefiere vivir, es de las que uno se lleva puestas al salir de la sala.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

Etiquetas: , , , , ,

Añádenos en Google

Debate

Hay 0 comentarios.