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Let Them All Talk: un final forzado arruina su elegancia

Veronica Loop
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La escena del funeral improvisado bajo la lluvia en Let Them All Talk —Roberta (Candice Bergen), Susan (Dianne Wiest) y Tyler (Lucas Hedges) reunidos alrededor de una tumba anónima— es un momento de crudeza emocional que Steven Soderbergh logra sin necesidad de palabras. La cámara se aleja lentamente, capturando el vacío que deja Alice Hughes (Meryl Streep), tanto en la vida de sus seres queridos como en su propia obra literaria. Es una imagen poderosa, pero también contradictoria: después de dos horas de conversación sofisticada y tensión contenida a bordo del Queen Mary 2, el filme llega a un final abrupto que siente más forzado que orgánico.

El problema no es la idea central —una autora en crisis creativa rodeada de viejas heridas—, sino cómo Soderbergh la ejecuta. Let Them All Talk (2020) es una película sobre el peso del pasado, pero también un ejercicio técnico: filmado con luz natural y diálogos improvisados, el filme se siente como un documental elegante, más preocupado por capturar la atmósfera que por construir una narrativa sólida. La dirección de Soderbergh —maestro del cine digital— brilla en los planos abiertos del barco, donde los personajes parecen perdidos no solo geográficamente, sino emocionalmente. Sin embargo, esa misma libertad visual deja espacios vacíos en la trama.

El guion de Deborah Eisenberg es inteligente pero inconsistente. La dinámica entre las tres mujeres —Alice, Roberta y Susan— explora temas fascinantes: el robo literario, los errores del pasado y cómo el éxito puede alienar a quienes más te conocen. Pero donde el filme tropieza es en su estructura. El subplot romántico entre Tyler y Karen (Gemma Chan), aunque bien actuado, nunca alcanza la profundidad de las discusiones filosóficas entre Alice y Susan. La película salta de un tema a otro sin una transición clara: un momento están debatiendo sobre la ética de escribir sobre vidas ajenas, y al siguiente Tyler está coqueteando con Karen en el comedor del barco.

Donde Let Them All Talk funciona mejor es en las actuaciones. Streep, como siempre, es impecable: equilibra la arrogancia de Alice con su vulnerabilidad oculta, especialmente en escenas como cuando confiesa a Tyler que su nueva novela es «una segunda oportunidad para atrapar un rayo». Wiest y Bergen, dos actrices infravaloradas, roban cada escena en la que aparecen. La confrontación entre Susan y Roberta —donde Susan acusa a ambas de ser egoístas— es uno de los momentos más honestos del filme.

Pero el mayor error de Soderbergh es su manejo del final. La revelación sobre la muerte de Alice, aunque visualmente impactante (un plano fijo de Tyler hablando con el médico frente a una puerta cerrada), parece más un truco narrativo que una conclusión orgánica. El filme había construido su tensión alrededor de las relaciones entre los personajes, no de un giro dramático. Roger Ebert lo resumió bien: Let Them All Talk es «más efectivo como una colección de escenas que como una pieza completa».

Comparada con otras películas de Soderbergh —como Ocean’s Eleven, donde el ritmo y la estructura son impecables—, esta se siente desequilibrada. Pero incluso entre sus trabajos más experimentales, como Unsane (2018), hay una coherencia temática que aquí falta. Let Them All Talk parece querer ser un retrato de la vejez, del arte y de las relaciones rotas, pero termina siendo demasiado dispersa para lograrlo.

El filme también sufre por su audiencia objetivo. No es un drama convencional ni una comedia romántica, sino algo intermedio que podría alienar a ambos públicos. Los fans de Streep apreciarán sus momentos de brillantez, pero aquellos que buscan una narrativa clara podrían frustrarse con la falta de resolución emocional.

Donde el filme sí acierta es en su exploración del proceso creativo. Alice Hughes, como muchos artistas, está obsesionada con replicar su éxito pasado, y ese miedo a no estar a la altura se convierte en el motor de la trama. Las escenas donde discute su nuevo libro —o su falta de uno— con Tyler son algunas de las más auténticas del filme.

Sin embargo, incluso esos momentos tienen sus fallos. La idea de que Alice borre su manuscrito —un gesto simbólico de liberación— parece más un cliché que una conclusión satisfactoria. Y el final, donde Roberta se queda con los papeles de Alice, siente como un epílogo innecesario.

En resumen, Let Them All Talk es una película con fragmentos memorables pero sin una identidad clara. Soderbergh demuestra su habilidad técnica y el reparto brilla en momentos clave, pero la falta de una estructura narrativa sólida y un final coherente la dejan corta.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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