Cine

Juego limpio retrata con crudeza cómo el éxito de ella destruye una pareja

El debut de Chloe Domont (2023) convierte un fondo de inversión en un campo de batalla íntimo.
Martha O'Hara
Añádenos en Google

Juego limpio empieza y termina con sangre. Chloe Domont, que debuta aquí en el largometraje, no pierde el tiempo en presentaciones. Emily Meyers (Phoebe Dynevor) y Luke Edmunds (Alden Ehrenreich) son analistas en One Crest Capital, un fondo de inversión de Manhattan, y mantienen una relación en secreto que contraviene las normas de la empresa. Él le pide matrimonio en la boda de su hermano. Poco después despiden a un gestor de cartera y el puesto es para ella, no para él.

Esa decisión es el motor de toda la película, y Domont lo maneja con mano firme. Rian Johnson figura como productor ejecutivo, aunque nada en el resultado parece prestado. Se estrenó en Sundance el 20 de enero de 2023, llegó a salas seleccionadas el 29 de septiembre y a Netflix el 6 de octubre. Una de las reseñas británicas la describió como una guerra psicológica entre lo elegante y lo chabacano, y no me parece una mala descripción. Roger Ebert la encontró intensa hasta el exceso, pero nunca inverosímil. Coincido en lo segundo: lo que se ve en pantalla incomoda precisamente porque podría pasar en cualquier oficina.

YouTube video

Dynevor sostiene la película. Emily empieza como una analista que duda un instante antes de aceptar el anillo y acaba teniendo que decidir cuánto está dispuesta a pagar por su propio éxito. Sus escenas con Campbell, el consejero delegado que interpreta Eddie Marsan, son las más afiladas. Cuando intenta defender a Luke en la oficina, el tiro le sale por la culata: él toma una mala decisión de inversión que cuesta quince millones a la empresa y Campbell la insulta a ella. La humillación se queda en el plano, sin subrayados, y resulta más creíble que cualquier discurso.

Ehrenreich tiene el papel más ingrato. El resentimiento de Luke crece poco a poco: el curso de autoayuda de 3.000 dólares sobre cómo imponerse en el trabajo, el comentario de que Emily también debería ser más asertiva, la cama a la que se retira tras rechazar sus insinuaciones. Cada paso es verosímil. Todos juntos, sin embargo, empujan al personaje hacia la caricatura, y la película parece querer que lo detestemos antes de lo necesario. Cuando le pasa a Emily información privilegiada, el filme convierte un problema de pareja en un problema moral, y ahí está en su mejor momento. Ella, preocupada por la ilegalidad, recomienda a Campbell vender en corto otra empresa, y la jugada sale bien. Él no le perdona haber acertado.

La película pisa peor cuando deja de hablar bajito. Que Luke irrumpa borracho en la sala de reuniones, donde Emily, Campbell y Paul presentan una propuesta a inversores extranjeros, está pensado como una ruptura: insulta a Campbell y revela la relación delante de todos. Sobre el papel tiene sentido; en pantalla suena a escena montada porque el guion la necesita, y recurre al escándalo allí donde antes bastaba la crueldad discreta. La política de género, además, a veces se subraya demasiado. Rotten Tomatoes lo resume bien: el control de la historia es brillante, aunque el argumento se empuje con demasiada fuerza en ocasiones.

La música de Brian McOmber sostiene la tensión por debajo. La banda sonora abre con Love to Love You Baby, de Donna Summer, en versión extendida, una elección que anuncia el thriller erótico que la película quiere ser en parte. Nunca llega a entregarse del todo a eso, y creo que gana por ello.

Juego limpio es irregular y a veces brusca, pero Domont entiende bien cómo el trabajo se cuela en la cama y en la cocina. Mantiene la atención desde la primera gota de sangre hasta la última, y al salir uno sigue pensando en el dinero, el orgullo y quién cede primero.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

Etiquetas: , , , , ,

Añádenos en Google

Debate

Hay 0 comentarios.